+ Juan José Omella Omella
Arzobispo de Barcelona

Este es el lema que la Conferencia Episcopal Española nos ha propuesto para vivir con plena intensidad y sentido la jornada en favor de las vocaciones sacerdotales, que celebramos el 19 de marzo, Día del Seminario.

La cercanía entre dos personas siempre significa entrega, generosidad y donación de vida. Jesús nos ha enseñado a entregarnos como Él se entrega a nosotros: «Me amó y se entregó a la muerte por mí» (Gál 2, 20), «Esto es mi cuerpo entregado por vosotros» (Lc 22, 19b). Jesús nunca les dijo a los apóstoles «conócete a ti mismo», sino «conoce mi amor».

La felicidad del hombre no se puede plantear con los criterios del mundo sino con los criterios de Dios. No se puede enfocar con el egoísmo, sino con una sincera y auténtica relación de amor hacia los hermanos. ¿Cuántas veces miramos a Dios y a los hermanos encerrados en nosotros mismos? No hemos de tener miedo de abrirnos a la presencia de Dios y a la entrega a los hermanos.

El encuentro de corazón a corazón ilumina la vida con el amor de Dios: hay un encuentro personal y hay una luz que ilumina y arrebata, solamente entonces uno acepta con fe lo que el Señor le manifiesta. Esto es lo que marca una vida. Hay que aprender a mirar a cada hombre desde el corazón de Dios con esa actitud y con esa mirada, correspondiente al amor de Dios.

La conversión del hombre pecador se da al experimentar este Amor contemplando a Cristo y abriéndose a su Corazón manso y humilde. En el Corazón de Cristo se nos revela el corazón del hombre. La madurez de la vida cristiana consiste en aprender a mirar a cada persona desde el Corazón de Dios con una permanente simpatía a todo lo creado.

Pidamos al Señor que no falten jóvenes que respondan a su llamada para ser sacerdotes, servidores de la comunidad, instrumentos del amor de Dios hacia todas las personas. Y acompañemos a nuestros seminaristas, para que sigan avanzando con generosidad en la senda emprendida. Que no tengan miedo, ya que ser sacerdote es una vocación y un servicio precioso.

Estoy muy contento de ver que los jóvenes siguen respondiendo a la llamada del Señor. Nuestro Seminario funciona. Hay un buen grupo de jóvenes alegres, sencillos, entregados al estudio y al servicio en las diversas parroquias de la diócesis los fines de semana. Les he visitado, he hablado con cada uno de ellos, he compartido con ellos la oración y la comida. Puedo decir que son jóvenes enraizados en la sociedad de hoy, con el corazón seducido por el Señor y deseosos de servir a las personas.

Hoy, festividad de Sant José, los seminaristas Josep Roca, Pere Alavedra, Alberto Moreno-Palancas e Iñaki Marro, serán ordenados diáconos en la basílica de la Sagrada Familia. Roguemos por ellos y por sus familias.

Mis queridos diocesanos, os animo a pedir al Dueño de la mies operarios para su mies. Y pedid por nosotros, los sacerdotes, que seamos uno entre nosotros, que seamos uno con el pueblo, ese Pueblo de Dios, que a menudo camina como las ovejas que no tienen pastor. El Señor no se dejará ganar en generosidad.