Un sendero hacia la santidad

Cada santo o santa vive la comunión con la divinidad. En esto consiste la santidad: cuanto más elevada es tanto más plena es la comunión con Dios, a través de Cristo, Hijo de Dios hecho hombre para realizar la comunión del hombre con Dios. En Cristo la comunión ha sido plena en sentido absoluto: naturaleza humana y naturaleza divina se han encontrado juntas en la unidad de la misma persona, la de Cristo. Los santos la realizan, en cuanto es posible a la naturaleza humana, en su correspondencia al proyecto que Dios tiene para cada hombre o para cada mujer, a través de la mediación de Cristo.

En Francisco de Asís, el prototipo de la espiritualidad franciscana, la comunión interior se realizó hasta la expresión o manifestación exterior de las llagas de Cristo en los estigmas de su cuerpo. Santa Clara vivió la comunión con Cristo, renunciando a todo para tener a Cristo como único bien, en absoluta pobreza.

Para Madre Rafaela, el centro focal de su comunión con Dios es la Eucaristía actualizada a través de la entrega diaria en el servicio a los demás, en idéntica línea de amor a Dios, generosidad, entrega y servicio a los hermanos .

Perfil biográfico de Madre Rafaela

La historia humana de Madre Rafaela Mª de Jesús Hostia hunde sus raíces en Maracena, pueblecito blanco andaluz que dormita a la sombra de Granada y a los aires fríos y secos de Sierra Nevada. Allí nació el 31 de marzo de 1915, cuando apenas comenzaba a despuntar la primavera por la vega granadina y los árboles se cubrían de flores y ramas nuevas.

Fueron sus padres, D. Francisco Martínez-Cañavate Martínez y Dª. Rafaela Ballesteros López, cuya casa se inundó de alegría con el nacimiento de una niña, después de haber tenido ya dos hijos varones. La pequeña renació a las aguas bautismales el 18 de abril de 1915, recibiendo el nombre de Rafaela.

No faltaba en casa de los Martínez Ballesteros un clima de fuerte piedad y religiosidad cristiana ni tampoco cierto calor humano tan necesario para el espíritu y sano desarrollo de los hijos.

Así arraigaron pronto en la vida de Rafaelita las virtudes cristianas, a medida que crecía y cursaba los primeros estudios. Y, creciendo en la vida y práctica cristiana, pronto aparecieron los valores en los que creía la joven: la vida interior sobre todo y luego el servicio amoroso a los pobres.

A los nueve años hizo su Primera Comunión. Dios era ya para Rafaelita el amor inseparable de su vida. Su unión con Dios sería ya para siempre el eje de todo su ir y venir.

Buscó y buscó. Fue a Sevilla a hablar con el P. Torres, S.J., a Madrid a visitar a Madre Maravillas en su Carmelo del Cerro de los Ángeles hasta que, por indicación de ésta, llegó a las MM. Clarisas Capuchinas de Chauchina (Granada). “Cuando entré en la capilla -diría después- y vi el Santísimo expuesto en aquella custodia tan hermosa, dije para mí: Aquí es donde yo me vengo”.

Y así fue. Ingresó en el monasterio el 15 de mayo de 1941. Aquella joven de buenos modales, de rica vida interior, de infatigable entrega a Dios y de valiosa ayuda a sus hermanos, comenzó su vida de religiosa clarisa capuchina: toma de hábito, profesiones, trabajo diario, rezo coral… poco a poco se fue haciendo a la vida religiosa, a sus costumbres, austeridad, pobreza, oración, penitencia y fue creciendo en santidad.

En 1949 fue nombrada Maestra de Novicias. Tendría como tarea importante cuidar, formar y examinar la vocación de las candidatas.

El futuro de la comunidad dependería de la orientación que la Maestra diera a las novicias. Tras el buen trabajo realizado por Madre Rafaela en la formación, en 1960, quisieron las hermanas que estuviera al frente de la dirección de toda la comunidad. Sería abadesa durante 28 años, prácticamente hasta su muerte.

Como abadesa se comportó siempre con sabiduría y equilibrio. Cada decisión suya era guiada, no por la prudencia humana, sino por un fuerte espíritu sobrenatural. Estaba llena de un grave sentido de la responsabilidad ante Dios. Ella supo poner en práctica y con fidelidad el retrato de la “madre y sierva” trazado por Santa Clara en la Regla y en su Testamento: dedicada al servicio y al bien de todas las hermanas, siempre al alcance de todas, a todas horas, como fuera más cómodo no para ella sino para las demás.

Madre Rafaela tenía siempre como punto de vista la perfección, no se contentaba con medias tintas, no quería que las hermanas usaran medidas pequeñas con el Señor, pedía generosidad.

Al final de su vida, la enfermedad del cáncer le afectó. Madre Rafaela supo hacer de los últimos meses dolorosos de su vida un trampolín de lanzamiento para la eternidad. Había consumido su vida anclada en la Eucaristía y sirviendo a sus hermanos.

 

 

El 29 de mayo de 1991 Madre Rafaela se durmió en el Señor.

Quien asistió al tránsito asegura que “una secreta alegría y un gozo profundo” dominaba en el corazón de las presentes.

Aquel era el clima litúrgico descrito en el Apocalipsis: “Alegrémonos y saltemos de gozo y démosle a Él la gloria, porque han llegado las bodas del Cordero. La esposa se ha ataviado” (Apoc. 19, 7)

El 27 de Enero del 2002 se inició el Proceso Diocesano de Beatificación y Canonización de la Sierva de Dios.

Triduo Novena para pedir la glorificación de Madre Rafaela M’ de Jesús Hostia. (Para uso Privado)

Madre Rafaela María, ya es Benerable

Oración

Padre Santo, que concediste a tu fiel hija Rafaela María la gracia de consagrarse a tu amor en la Orden Capuchina, por el Papa, la Iglesia y la salvación de las almas, te rogamos humildemente que, por su piadosa intercesión, nos concedas la gracia que ahora te pedimos a fin de que ella sea elevada por la Iglesia al honor de los altares para gloria de tu nombre. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.

(Padre Nuestro, Ave María y Gloria).