Isabel

El secreto de María

La quinta es llevar una cadenilla bendita al cuello, al brazo o al pie o a través del cuerpo. Esta práctica puede en absoluto omitirse, sin perjuicio de lo esencial de esta devoción; sin embargo, sería pernicioso despreciarla y condenarla y no sin daño descuidarla. He aquí las razones de llevar esta señal exterior. Para librarse de las funestas cadenas del pecado original y actual, que nos han tenido atados. Para honrar las sogas y ataduras amorosas con que nuestro Señor tuvo a bien ser atado para tornarnos verdaderamente libres. Ya que estas ataduras son de caridad traham eos in vinculis caritatis, para hacernos recordar que debemos obrar movidos por esta virtud. (San Luis Mª Grignion de Montfort)

La mujer

Edith Stein

Para la  mujer puede significar, por ejemplo, mostrarse en el lugar donde trabaja llena de comprensión y dispuesta a ayudar a los compañeros de trabajo; para el hombre, por ejemplo, manifestarse creativo en la organización del trabajo. Esto exige evidentemente un cierto grado de madurez personal y una incondicional buena voluntad para encontrar el propio camino en toda situación para dar lo mejor de sí; una disposición que difícilmente se alcanza si no se conciben las relaciones personales como don de Dios y el trabajo como servicio divino, en el que se pueda desarrollar los talentos que el Señor nos ha dado para su gloria.

Clase política corrompida

Problemas políticos existirán siempre a causa de la libertad, que, decía Berdiaev, “no es un derecho, sino un deber” En este momento, son especialmente graves en Europa, donde están precisamente en juego las libertades, debido, entre otras causas, a la hiperregulación de cualquier tipo de actividad, incluida la de pensar, perseguida por la political correctness importada de Norteamérica, una modalidad del leninista “¿libertad, para qué?”. Monopolizado el poder político desde hace tiempo por una antipolítica clase política corrompida moral y materialmente, que se atribuye saber mejor que nadie lo que les interesa o conviene a los demás, impone sus caprichos y los de sus clientelas. Hay leyes hasta ¡contra el odio! (Dalmacio Negro – VERBO)

Santidad y pecado

Vale la pena recordar el ejemplo del ermitaño Jacobo. Después de haber servido a Dios más de cuarenta años con gran rigor y penitencia, a sus sesenta años, ilustre en milagros y en echar demonios le presentan una doncella para que saque de ella el demonio que la poseía. Después de echado los que la trajeron no osan llevarla consigo por temor al demonio. Jacobo permite que la joven se quede con él. Se fio y presumió de sí. Dios permitió que cayese. Y una vez cometido el pecado, por temor a ser descubierto y perder su fama de santidad, el ermitaño mató la joven y la echó en un río. Desesperado de la misericordia de Dios volvió a la ciudad para entregarse a los vicios y pecados. Todo fue permisión de Dios, porque más tarde volvió sobre sí: Hizo muy rigurosa penitencia durante diez años; recobró la santidad primera y fue santo canonizado. (Jaime Solá Grané – La castidad, ayer y hoy)

Precariado

Entre los principales valedores y difusores de este neologismo tenemos representantes del mundo académico, como el propio Robert Castel, y activistas, como el italiano Alex Foti, uno de los promotores de las “celebraciones” de San Precario en Europa. Para Foti, el “precariado” de nuestra sociedad posindustrial vendría a ser lo que fue el proletariado de la sociedad industrial. Para aproximarnos a una definición del término podríamos proponer, como punto de partida: “clase de desempleados y trabajadores que se encuentran en situación de precariedad prolongada por su bajo nivel de ingresos y por la incertidumbre sobre su futuro laboral”. (Fernando José Vaquero Oroquieta – RAZÓN ESPAÑOLA)

Homosexualidad y esperanza

Cappon, informó que pacientes con problemas de bisexualidad, se curaron en un 90 % (i.e., sin volver a conducta homosexual, y sin deseos o fantasías conscientes de tipo homosexual) en hombres que terminaron el tratamiento de acuerdo con el médico. De los pacientes homosexuales hombres: 80 % mostraron mejoría importante (i.e., recaídas ocasionales, episodios de agresión, progresivamente heterosexualidad dominante)… el 50 % cambiaron”. De las pacientes mujeres, el 30 % cambiaron. (Asociación Médica Católica – AMCA)

San Pío X y la democracia

Más extrañas todavía, espantosas y aflictivas a la vez, son la audacia y levedad de hombres que, llamándose católicos, imaginan refundir a la sociedad en las condiciones dichas y establecer sobre la tierra, cima de la Iglesia católica, el reinado de la justicia y del amor, con obreros venidos de todas partes, de todas las religiones o faltos de religión, con creencias o sin ellas, a condición de que olviden lo que los divide, es a saber, sus convicciones religiosas y filosóficas, y de que pongan en común lo que los une. (Mn. José Ricart Torrens – Catecismo Social)