En la villa de Berja (Almería) el 9 de julio de 1854 a las 3 de la mañana abre los ojos a la luz la niña Josefa Ruano García y dos días después recibe la vestidura de incorruptibilidad mediante el sacramento del bautismo.

Junto al calor de los suyos y al abrigo del celo de la Iglesia Local fue madurando en la fe y fue allí, bajo la mirada de la Stma. Virgen de Gádor patrona de la ciudad, donde asimiló la devoción maternal a la Señora.

A sus 23 años siguiendo la llamada a vivir exclusivamente para Dios y de Dios, entra en una naciente familia religiosa, la Congregación de Hermanitas de Ancianos Desamparados en donde, ese mismo día hace su profesión perpetua la Fundadora, Santa Teresa de Jesús Jornet. Era el 8 de diciembre de 1877. Inicia así un camino, una hermosa historia de fe y amor. Desde ahora se llamará Sor Josefa de San Juan de Dios. Hizo la profesión perpetua el 15 de octubre de 1885.

Le tocó ejercer el servicio de la autoridad en varias comunidades: Cascante (Navarra), Requena (Valencia),  Alcira (Valencia) y por segunda vez en Requena. Cargo que desempeñó con gran capacidad de gobierno y espíritu de servicio. Era querida de cuantos la trataron por su caridad, sencillez y humildad, según informan los testigos.

Y es en Berga (Barcelona) en donde nace Dolores Puig Bonany el 12 de junio de 1857 a las 11 de la mañana, siendo ese mismo día por la tarde, sepultada con Cristo por el bautismo para resucitar con Él a una vida nueva.

Fue la pequeña de 3 hermanas. Cursó sus estudios en la escuela de las Hnas. Carmelitas de su pueblo y posteriormente alternó las tareas domésticas con la labor de tejedora.

Durante su estancia en Berga residió en su ciudad natal calle los Mulos nº 4 (Actualmente calle de la Caridad).

A la edad de 29 años para vivir con más plenitud la vida nueva en Cristo iniciada en el bautismo y estimulada por el sacerdote con quien se aconsejaba, se decide consagrarse totalmente a Él, ingresando en la Congregación de Hermanitas de Ancianos Desamparados, en la que ya militaba su hermana Buenaventura, nombre que figura entre las fundadoras de la Casa-Asilo de su pueblo natal y entre las que ocuparon cargos de responsabilidad; fue superiora en varias comunidades.

Toma el nombre de Sor Dolores de Santa Eulalia. Hace su profesión perpetua el 9 de marzo de 1892.

Fueron 3 las comunidades en las que repartió sus días de entrega a Dios y dedicación abnegada en el cuidado de los ancianos desamparados: Villena, Yecla y Requena. Se distinguió por una gran sencillez evangélica y espíritu de servicio que en ocasiones llegó hasta el heroísmo.

Según fuentes directas, vivieron con gozo y gran fidelidad su Consagración Religiosa en las diversas comunidades en que la obediencia las fue colocando y ejercieron con esmero el carisma de su Congregación que en palabras de su fundador es “Dar hogar a los ancianos necesitados y prodigarles todo género de asistencia, solicita y afectuosa, inspirada en la caridad evangélica… Es el Espíritu de Cristo encarnado en la humanidad. Es la Iglesia Católica acomodando su maternal solicitud a las necesidades de la época presente” (SdD Saturnino López Novoa). Y con el talante de su fundadora “Cuidar los cuerpos para salvar sus almas”. (Sta. Teresa de Jesús Jornet)

Formaban la comunidad de Requena junto con 6 Hermanitas más, siendo Sor Josefa la superiora desde 1934. Eran tiempos difíciles los de aquel entonces y en la persecución religiosa de 1936 les obligaron a abandonar el Asilo; 5 de ellas lo hicieron el 25 de agosto refugiándose en casa de un familiar en Alcira. “Al despedirse se estimulaban a aceptar el martirio si llegaba, como un don de Dios”. Madre Josefa como celoso pastor se quedó la última y “todo su afán era salvar a las Hermanas, a ella no le importaba su vida; y se preocupaba de sostener la fe de todos en medio de la incertidumbre de la situación”.

También Sor Dolores quiso quedarse para el final, pues prefería se salvasen las más jóvenes. Repetía “Ofrezco mi vida al Señor”. Junto a ellas estaba Sor Gregaria de los Inocentes Pérez quien declara “La Madre decía que como superiora que era no quería dejarme sola porque era muy joven, que me acompañaría para protegerme si fuera preciso hasta la muerte”. Las tres fueron encarceladas en el Hospital de Requena, en donde recibieron insultos y malos tratos.

 

El 8 de septiembre sobre las 6 de la tarde entre empujones y risotadas burlonas, las meten en un coche, diciéndoles las llevaban a Alcira para unirse con las otras hermanas. Pasado el pueblo de Buñol, en la carretera, las hicieron bajar del coche, mandándoles ponerse juntas, e inmediatamente las fusilaron. Quedaron muertas en el acto a excepción de Sor Gregaria que una buena persona, al ver que tenía vida la llevó al Hospital de Valencia, llegando a recuperarse; le quedó como secuela la invalidez de un brazo. Vivió lo bastante para poder testificar en el proceso de beatificación de sus compañeras de martirio. Y cree recordar que las últimas palabras fueron “¡Viva Cristo Rey!, ¡Viva el Corazón de Jesús!” Rubricaron con su sangre aquello que habían prometido “configurarse más plenamente con Cristo”; así se unieron definitivamente a Él, a quien habían esperado día a día con la lámpara encendida.

El proceso de beatificación se abrió oficialmente el 28 de junio de 1995 en Valencia. La fase diocesana se clausuró en la misma ciudad el 15 de octubre de 1997. El 14 de mayo de 1999 se reunió el Congreso Peculiar de Consultores Teólogos para la discusión sobre el martirio de las Siervas de Dios que han coincidido en señalar que aparece bien probado el martirio material (el hecho de matarlas) y formal (es decir, que las mataron por odio a la fe, y ellas murieron aceptando la muerte por la fe, por el Señor) y la fama de martirio.

Sus restos fueron exhumados el 4 de mayo de 1999 en la ciudad de Requena y el “hogar” que las vio marchar para su Vía Crucis, acoge ahora sus restos mortales cediéndole el lugar más digno de él -la Capilla.

El 18 de diciembre de 2000 se promulgó el decreto de beatificación fijando la fecha de la misma para el 11 de marzo de 2001.

 

Oración

 

Dios y Señor nuestro, que amaste con predilección a las Beatas Josefa y Dolores, haciéndolas partícipes de tu cruz con el derramamiento de su sangre. Haz que por el triunfo de su martirio, consigamos llevar como ellas una vida santa, para servirte fielmente en la tierra y después alabarte por toda la eternidad, y por su intercesión concédenos la gracia que ahora te pedimos.

 

Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

(Con licencia eclesiástica)

 

Comuníquese las gracias obtenidas a:

Casa Generalicia

Hermanitas de los Ancianos Desamparados

C/. Madre Teresa Jornet, 1 • 46009 VALENCIA (España)

Teléfono 96 347 92 50