+ Juan José Omella Omella
Arzobispo de Barcelona

Hoy celebramos la fiesta de Sant Jordi, y el próximo jueves, la de la Virgen de Montserrat, los dos patronos de Catalunya. Sant Jordi, un mártir muy venerado en la antigüedad. La tradición nos habla de un soldado romano de Oriente, que se hizo cristiano y murió como mártir de Cristo en las persecuciones del siglo III. Desde el Oriente la devoción a este gran mártir -fue llamado el megalomártir o el mártir por excelencia- se extendió hacia Occidente, donde hoy sigue siendo el patrón de muchos países, entre ellos Catalunya.

La leyenda de Sant Jordi es de una gran belleza: Sant Jordi es el caballero que vence al dragón y salva a la princesa de sus garras. Es una tradición muy emblemática, que no significa que tengamos que ir con la lanza atacando a los demás sino que nos indica la imperiosa necesidad de luchar contra el dragón que no es otro que el diablo. Y ya sabéis que al diablo en la Biblia se le denomina «diábolos», que significa «padre de la división».

Pero también la imagen de Sant Jordi que se nos muestra en la basílica de la Sagrada Familia con su escudo para defenderse y protegerse de los ataques a sus valores, para abrir espacio a la verdad y responder protegiendo las virtudes que provienen de su corazón grande y generoso.

Le pido a este gran santo que nos proteja, que proteja Barcelona y Catalunya de todas las insidias del mal. Todo lo que sea olvidarse de los pobres y pequeños, todo lo que no sea construir puentes para la comunicación y la comunión entre todos, todo lo que sea faltar al respeto a personas e instituciones, es no seguir el ejemplo de nuestro patrón, es no vencer al dragón del mal que nos acecha continuamente.

En Catalunya, su fiesta es también la fiesta de las rosas y los libros, expresión de la estima que se tiene a las personas a las que obsequiamos con un rosa. Y estimación también de la cultura que se manifiesta en el regalo de un libro.

Pocos días después de la fiesta de Sant Jordi celebramos la de la Virgen de Montserrat. Esta tradición dice que se trata de una imagen que, por motivo de una invasión de la península, fue escondida en una cueva de la montaña, en el lugar de la actual Santa Cueva, y que después fue encontrada por un pastor. Y la tradición nos continúa explicando que, cuando la querían trasladar hacia Manresa, la imagen se hizo tan pesada, que fue imposible moverla del lugar donde ahora está el santuario y el monasterio benedictino, y que allí se quedó hasta hoy.

Nuestros santos patronos nos tienen que ayudar para que las raíces cristianas de Catalunya den mucho fruto. Sobre todo, como primero, el fruto de la fe. La primera de las invocaciones de la Visita espiritual a la Virgen de Montserrat, escrita por el obispo Torras i Bages, pide el don de la fe, rogando: “Virgen prodigiosa, trono purísimo donde reposó la eterna Sabiduría cuando vino al mundo a enseñar el camino de salvación, conseguid para vuestros catalanes aquella fe que hunde montañas, llena valles y hace llano el camino de la vida”. Hoy os animo a que nos hagamos nuestra esta oración.