Ildefonso Rodríguez Villar
Puntos breves de meditación
sobre la vida, virtudes y advocaciones litúrgica
de la Santísima Virgen María
26ª edición, Valladolid, 1965

Virgen María - Esperanza y alegríaLa voluntad de Dios. -Hemos llegado al término de estas meditaciones… y éste no puede ser otro que el de animarnos a trabajar por nuestra santificación…, el aumentar de día en día la santidad de nuestra alma… «Esta es la voluntad de Dios, dice San Pabló, que os santifiquéis.» -Esta fue su divina voluntad en la Santísima Virgen y lo es en todos nosotros… Nada pues, mejor podemos tratar como corona y resumen de todas estas meditaciones que el tema de -la santidad.

Todas las virtudes de la Virgen forman la corona gloriosa de su santidad. -La hemos visto como modelo acabadísimo…, como maestra incomparable en todas y cada una de las virtudes… Veámosla, para terminar, como modelo y maestra también de la santidad… ¡Qué tema más dulce y hermoso y a la vez qué difícil, el de la santidad de María!…

Para hablar de esto sería necesario conocer esa santidad…, abarcarla… y esto sólo Dios puede hacerlo. -No obstante, es necesario meditar mucho en .esta materia para conocer, algo siquiera, de lo que encierra el alma santísima de la Virgen… y para lanzarnos así a imitarla y seguirla muy de cerca… -Porque, repitamos y no olvidemos nunca, que ésta es la voluntad de Dios…, «que tenemos que santificarnos», que la santidad es un deber no un consejo, que tenemos que cumplir.

Todos queremos salvarnos…, pero ¿queremos santificarnos?… Y si bien se mira, ¿se pueden separar estas dos cosas?… -Sólo el que asegura la vida de la gracia en su alma, se salvará…, pero si eso es la santidad…, la gracia es la santidad…; naturalmente que tiene muchos grados, según sea mayor o menor esa gracia…, pero sin esta gracia no se entra en el Cielo…; sin la santidad, que podemos llamar elemental, nadie se salva…

Por consiguiente, repite y medita esto: «Sólo el que es santo, se salva»… -Luego, trabajar por asegurar tu salvación, es trabajar por tu santificación. -Insiste en este pensamiento, porque es conveniente en la vida espiritual distinguir entre salvarse y santificarse… y mientras hay muchos que aspiran a lo primero, creen que lo segundo es sólo para algunas almas predilectas y escogidas. -Error funesto, opuesto claramente a la voluntad de Dios que no distingue de personas, y a todas llama a santificarse…, a todos, impone esta obligación, al menos en su grado elemental de la gracia… y después también a todos invita a seguir subiendo a los grados más superiores de la perfección sin que en esta subida existan límites de ninguna especie.

La santidad supone la gracia de Dios…, es la obra maestra de Dios…, la más divina de sus obras, como ya hemos dicho con los Santos Padres de la Iglesia… Pero también es la obra maestra del hombre…; nada puede hacer éste más grande…, más digno…, más importante que trabajar en esta obra grandiosa de la santidad. -Si viéramos un alma en estado de gracia…, en estado de santidad…, veríamos en ella al mismo Dios…, pues su hermosura y encanto es la hermosura de Dios… y a mayor santidad en el alma…, mayor y más íntimo ha de ser ese contacto con Dios…, esa participación de las perfecciones de Dios.

La voluntad de Dios en María. -Esta fue la voluntad de Dios en la que había de ser su Madre,.., que fuera Ella resumen y a la vez modelo y fuente de toda santidad. -En el mismo instante de su concepción milagrosa, María quedó inundada de gracia santificante… y consciente de sus actos…, con pleno conocimiento y con plena posesión de Sí misma, se lanza ya entonces, con todo el ímpetu de su Corazón, a Dios.

Contempla este espectáculo maravilloso y divino…; nunca se había .dado…, nunca se volvería a dar nada semejante a esto… Dios, inundando el alma de María con el torrente de su amor y de su vida…, y María, sirviéndose de toda la gracia que recibe, sin despreciar lo más mínimo de ella, para encauzar y dirigir su amor, lleno de gracia y de gratitud, hacia Dios.

Esto es, en María la reacción fue igual a la acción… ¿Entiendes esto?… Mucho recibió…, pero otro tanto dio… La primera acción de Dios sobre el alma de María, fue poderosísimamente amorosa y por eso llenó toda la capacidad de su alma con la gracia santificante… y así, semejante a esta acción divina, infinitamente amorosa…, corresponde en el alma de María la reacción, si podemos hablar así, también infinitamente amorosa, para darse sin limitación alguna a Dios y amarle con todas las fuerzas de su ser…

Y esta gracia santificadora…, esta acción primera de Dios, sigue aumentando sin cesar y se desarrolla prodigiosamente, en forma siempre creciente, en el alma inmaculada de María… y esta alma sigue respondiendo en forma siempre adecuada…, sigue siempre aumentando en su reacción hacia a Dios…, creciendo de manera inexplicable en su amor a Él… y por lo mismo en los grados de su santidad… ¿A dónde, pues, llega esta santidad?…

Ya hemos dicho que sólo Dios puede conocer la respuesta a esta pregunta…, porque sólo Dios sabe a dónde llegó esta acción suya y esta reacción o correspondencia de la misma, del alma de la Virgen.

Penetra aún más en este pensamiento y distingue dos clases de santidad…: la santidad real y la santidad moral… La primera, es la santidad de la” cosas que especialmente se dedican o consagrar a Dios…; la santidad de un Templo donde Dios habita…, la santidad de los vasos’ y cosas que se emplean directamente en su culto…, y en el hombre puede considerarse como santidad real la de un niño recién bautizado, en cuya alma vive por la gracia…, y la santidad moral, que es la santidad de los actos que corresponden a la gracia de Dios, por la que libre y voluntariamente un alma se entrega totalmente al amor divino.

María es santísima con santidad real y con santidad moral. -Por la santidad real, su alma es concebida con una unión estrechísima con la Santísima Trinidad. -Dice Santo Tomás, que está unión es la más estrecha y fuerte que puede darse entre la criatura y el Creador; por eso la santidad real de María es la más grande que puede existir. – A esta santidad real, inmensa, de María, ha de corresponder una santidad moral armónica, que consiste en aprovechar todas las gracias que del Señor recibe, sin disipar ni inutilizar ni una siquiera y así poder decir, con más razón que San Pablo, «que la gracia de Dios no fue vacía e ineficaz en Ella»…

En una palabra, por esta santidad moral, su correspondencia a los favores divinos fue cual debió ser…, cual Dios deseaba y esperaba…, perfectísima en todos los sentidos. -Aquí tienes la norma para juzgar de la santidad de la Santísima Virgen. -Comprende a la vez por qué se dice que la santidad es el amor…, porque el amor es la fusión de dos corazones…, es la transformación mutua del uno en el otro… y aquí tienes, en la santidad real, a Dios amando a la criatura, y por amor dándola a participar con la gracia, de su misma vida divina… y el alma entregándose a Dios…, amándole…, transformándose en Él por este amor… y así, correspondiendo como Dios quiere a sus gracias y divinos amores.

Luego, siempre en la santidad ha de haber este amor de los dos corazones…; necesariamente se han de dar estos dos elementos: el Corazón de Dios y el del hombre…; por eso, en fin, la santidad es santidad de Dios y santidad del hombre. -¿Cuál sería también bajo este aspecto la santidad de María?… ¿Cómo la amó Dios?… ¿Y Ella, cómo le amó a Él?… Toda su vida no fue sino amor…; el amor ordenó…, dirigió…, fue la causa única de todos sus actos…; la perfección de su amor, fue la perfección de su santidad.

Tu santidad. -Mira ahora muy en serio y muy despacio cuál es tu santidad…; quizá no has llegado a preocuparte de ella, como si esto no fuera la voluntad de Dios también para contigo. -Graba bien en tu corazón esta verdad… Dios lo quiere formalmente…, seriamente…, eficazmente…, que te santifiques… ¿Y tú, lo quieres?… Teóricamente, sí…; muchas veces lo has dicho…, ahora mismo lo estás repitiendo… ¿Cuándo llegará el momento en que lo digas de una manera eficaz?… -Dios lo quiere…, te lo demuestra bien claramente en los beneficios y gracias que para ello te concede…; te lo demuestra en esa santidad real que te ha concedido… Tu alma ya ha sido santa con esa santidad de Dios…; lo fue en el Bautismo…, lo es en la confesión, cuando debidamente recibes la absolución sacramental…; lo es, sobre todo, en la Comunión, donde Él se te da y se te entrega totalmente…. Y tú, repito, ¿quieres también santificarte?… ¿Lo demuestras así en la santidad moral de tu corazón…, de tus actos…, de tu correspondencia a su amor?… ¿Amas a Dios así de ese modo…, con ese amor verdaderamente transformador y santificador?…

Convéncete de que depende de ti… y únicamente de ti…; comienza a trabajar con interés…, continúa con gran entusiasmo esta obra grandiosa, que algún día verás, si perseveras en ese fervor, lo que te valió trabajar… y sacrificarte por tu santificación…

Has visto a la Virgen como modelo de todas las virtudes…, la has podido imitar en alguna de ellas para parecerte algo a tu Madre… Mírala hoy coronada de esa aureola divina de su santidad… Es también tu modelo…, no en cuanto a la gracia extraordinaria que Dios la dio, sino en cuanto a la santidad suya, la que Ella adquirió…, la que Ella mereció con su correspondencia a la gracia… Mírala como fuente u origen de santidad…; allí ha juntado Dios toda la que repartió entre los demás santos… Suplícala te dé participación también en esa santidad… Que con Ella y por Ella, si sabes mirarla…, estudiarla…, copiarla…, si sabes acudir a Ella…, si sabes amarla y ser fiel y constante en ese amor…, ciertamente te salvarás…, ciertamente te santificarás.