Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

La Leyenda Negra en nuestros días  (11)

Hispanoamérica - Fray_Juan_de_ZumárragaEn otras historias se exorbita, sí, el celo del misionero, pero no por admiración del misionero, sino para minimizar el papel importante que jugaron en la conquista espiritual de América las ansias apostólicas de toda una nación, desde el supremo monarca hasta el último colono.

En un manual moderno de historia de la Iglesia, por otra parte benemérito de la causa católica, se reduce únicamente a este somero y raquítico juicio, en parte torcido, toda la maravillosa obra de España católica en el Nuevo Mundo:

“Con los barcos de España y Portugal, la fe cristiana abordaba a aquellas nuevas regiones: benedictinos, dominicos y franciscanos se disputaron el honor de ir a llevar los beneficios de la civilización y de la fe a aquellos lejanos pueblos. El más ilustre entre los misioneros de América fue el dominico Las Casas: se constituyó en defensor de los indios contra la avaricia y la crueldad de los europeos invasores, y llegó a ser el primer Obispo de Méjico”.

¿Por qué olvidar, cuando se señalan los misioneros ilustres que evangelizaron el Nuevo Mundo, a otros apóstoles más convertidores y más santos que Las Casas, algunos canonizados por la Iglesia? (119).

(119) Puede verse una interminable lista de los santos Prelados que gobernaron las sedes americanas durante el solo primer siglo de la colonización en Historia eclesiástica de España, por Don Vicente de la Fuente, t. III, páginas 45-52.

¿Por qué desprestigiar al brazo secular, generalizando los abusos que no fueron generales, y olvidando el trabajo y las fatigas verdaderamente apostólicas de tantos y tantos conquistadores y colonos, como Lorenzo de Cepeda, el piadoso hermano de Santa Teresa, o el Beato Sebastián Aparicio, constructor infatigable de caminos para los indios de Méjico? No dudamos que esta laguna proviene de falta de información, de fiarse de historiadores hijos de la Leyenda Negra. Y de no compulsar personalmente los datos, ni siquiera bajo el punto de vista científico, llegando el lamentable descuido hasta poner como primer obispo de Méjico a Fray Bartolomé de las Casas, cuando toda persona medianamente enterada de la historia de Indias sabe que el primer prelado de Méjico fue el franciscano Fray Juan de Zumárraga, nombrado en 1528; y que ya años antes, en 1521, se había erigido en Nueva España el obispado de Tlaxcala, cuyo primer obispo fue el santo dominico Fray Julián -Garcés (+ 1542 ), y en 1535 se erigiría el de Oaxaca, gobernado por el también venerable don Juan López de Zárate; mientras Fray Bartolomé de las Casas, que no fue obispo de Méjico, sino de Chiapas (al sudeste de Nueva España), no recibió su nombramiento hasta 1544.

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He aquí los ecos cercanos de las erradas voces enemigas. Frente a su estrépito nocivo deseamos aportar una cooperación nueva, apoyada en la autoridad pontificia, a la obra emprendida por numerosos campeones de la verdad histórica de América.