Madre Rafaela. 4En otra ocasión en la casa de un labrador del cortijo, su mujer tenía puesto en el vasar de la chimenea un jarrita de cerámica que me gustaba mucho, me subí a una silla y me lo llevé. Pero no me dio tiempo de disfrutar del jarrito… me entró enseguida tanto remordimiento de conciencia que quería devolverlo enseguida. Lo escondí detrás de unas matas de dompedros, hasta que vi salir a la dueña de la casa y pude colocarlo en su sitio. ¡Cuánto sufrí! ¡Qué bueno es Dios que no me dejaba ser mala, ni caprichosa! Porque siempre antes de acostarme he repasado en la presencia de Dios cómo ha ido el día, con estas oraciones y preguntas:

Gracias, Señor, por el día, que hoy acabo de vivir.

Perdona, Padre, si en algo me he alejado de Ti.

¿He rezado? ¿He obedecido en casa? ¿He ayudado a los demás? ¿He aprovechado las clases y los deberes? ¿Qué he hecho mal? ¿Qué podría haber hecho mejor?