Monseñor José Guerra Campos
Separata del “Boletín oficial del Obispado de Cuenca”
Núm. 5, mayo 1986

guerra-campos.jpgEl criterio fijado por la Jerarquía a los sacerdotes que actuaban en organizaciones civiles era que iban «no como miembros de un partido ni como funcionarios del Estado, sino como sacerdotes enviados para predicar la doctrina de la Iglesia y la práctica de la Religión» (6).

Un Consejo Superior de Misiones (1940) protegía con la Cédula Misional a todos los Religiosos que en virtud de obediencia actuaban en el exterior. En 1953, a un Obispo con dificultades para albergar a tantas vocaciones sacerdotales, que excedían de las necesidades diocesanas, Franco le dijo: «Si no las necesita usted, las necesita la Iglesia y, concretamente, América y las Misiones» (7).

En el campo de la acción estatal para salvaguardia de la moralidad pública se regula la participación asesora de la Iglesia y aún en algunos casos su derecho a vetar determinadas publicaciones (8).

La ayuda económica del Estado a la Iglesia se dio en tres planos. El primero, las exenciones tributarias que favorecen el servicio público del culto y el apostolado (9). El segundo, la reconstrucción inicial de edificios dentro del plan de Regiones Devastadas por la guerra, y las subvenciones para construcción de templos y, sobre todo, de los grandes centros necesarios para acoger la riada de vocaciones (Seminarios diocesanos, Colegio Español de Roma, Casas Religiosas de Formación). Esto se llevó inversiones copiosas, si bien hay que advertir que se unían a colectas y donativos y que esta clase de obras, por su austeridad y modo de administración, cuestan varias veces menos que las análogas civiles. En tercer lugar, la dotación de las personas (10). Esta fue siempre modestísima, por debajo del salario mínimo. Hubo un momento en que su elevación quedó congelada, con asentimiento de los Obispos, por no estorbar la subida de los maestros de Enseñanza Primaria. En una primera fase (años cincuenta), las dotaciones mensuales de las piezas eclesiásticas (canónigos, párrocos, capellanes, profesores de Seminario…) se cifraban entre 1.000 y 1.500 pesetas. En una segunda fase (hasta el año setenta) se añadió una gratificación de dos mil (total, menos de 3.500). Desde 1970, 5.000 pesetas. Los Obispos —incluyendo complementos trimestrales por visita, representación, etc.— recibieron en las tres fases, respectivamente, 5.600, 7.600 y unas 10.000 pesetas. Por otra parte, a los Religiosos con voto de pobreza se concedía en su§ viajes por ferrocarril una bonificación del 50 por 100 (11).

Como no había progresado la prevista constitución de un Patrimonio, que de algún modo sustituyese al confiscado por la Desamortización, en 1966 el Gobierno propuso estudiar un sistema de dotación que fuese un porcentaje fijo de los Presupuestos del Estado y que se entregaría globalmente al Episcopado para su distribución. Los Obispos no llegaron a dar curso eficaz a la propuesta. (De haberse aplicado el sistema, la dotación de 1968 se hubiera multiplicado por 3,5; la de 1985 se hubiera multiplicado por 20.) En proporción al total de los Presupuestos del Estado, la dotación efectiva de los años sesenta giraba en torno al 0,6 por 100; la de los años ochenta, en torno al 0,1 por 100 (12).

Notas

  1. Declaraciones del Cardenal Primado, Pía y Deniel, en 1945, y del Obispo Asesor Nacional Eclesiástico de Sindicatos, a propósito de los asesores de esta Organización (cf. «Boletín de Cuenca», septiembre de 1974, págs. 1011).
  2. Testimonio del Obispo de Orense en la homilía de la Misa funeral por Franco («Boletín de Orense», diciembre 1975, páginas 229 y sigs.). Se refiere a una conversación en 1953, durante la inauguración del Seminario Mayor. También hacía falta un Seminario Menor más grande, si se quería acoger el aflujo de vocaciones, aunque no necesarias para la Diócesis. «No tiene derecho a despreciar las vocaciones sacerdotales que Dios le da…»
  3. Vocales en las Comisiones de censura de cine, etc.
  4. Concordato entre la Iglesia y el Estado Español, 1953, art. 20.
  5. y n Cf. «Diccionario de Historia Eclesiástica», del Instituto Enrique Flórez, voz Patrimonio Eclesiástico (transcribe íntegra la dotación del Ministerio de Justicia a la Iglesia en 1968). Cf. «Boletín de Cuenca» 1979, pág. 45.
  6. Los Presupuestos del Estado, entre 1968 y 1986, se han multiplicado por 42. La dotación de la Iglesia en el mismo período se ha multiplicado por 7.
  7. B.—El artículo 19 del Concordato de 1953 establecía: «La Iglesia y el Estado estudiarán de común acuerdo la creación de un adecuado patrimonio eclesiástico que asegure una congrua dotación del culto y del clero. Mientras tanto, el Estado, a título de indemnización por las pasadas desamortizaciones de bienes eclesiásticos y como contribución a la obra de la Iglesia en favor de la Nación, le asignará anualmente una adecuada dotación.»