Rvdo. P. José María Alba Cereceda, S.I.
Meridiano Católico Nº 269, febrero de 2002

Sentmenat, a 9 de enero de 2002

p. albaNo os llamará la atención, queridos míos, mi silencio ante vuestras cartas, pero es que verdaderamente no las puedo responder y muchas veces, ni siquiera leer. Tal es mi estado de debilidad.

Se me ha diagnosticado un cáncer en el lado parietal derecho del cerebro que perturba todo mi psiquismo de atención voluntaria y constancia en el trabajo mental, Esto me duele muchísimo porque no puedo corresponder a vuestras cariñosísimas cartas y a vuestras oraciones.

Ahora bien. No creáis que mi silencio es un silencio de indiferencia, antes al contrario, es un silencio de Getsemaní y de Pasión. La visitación que me ha hecho el Buen Jesús con la enfermedad, estoy seguro que va a carde mucho provecho a la Unión Seglar y para todas nuestras obras Colegio, Residencia, vocaciones. Nuestros Cenáculos serán cada vez más fervorosos. Lo mismo digo de la Adoración Nocturna, de la Guardia de Honor, así como de las actividades apostólicas.

Muchos días me encuentro incapaz para todo y, al mismo tiempo, me siento fuerte por la fortaleza que me comunican vuestras oraciones, Ahora pueda deciros que en todos vosotros he contemplado el Rostro de Cristo. Dios quiere que le veamos cara a cara y seremos salvos.

Y ahora otra cosa. En mis horas de sufrimiento os tengo muy presentes a todos y a cada uno en mis oraciones y ofrezco este cáncer a Dios por la conversión de Rusia, la vuelta de Israel alas brazos del Papa y que España se vea libre de tanta impiedad para que vuelva a ser la Nación misionera, que es su vocación como Nación. ¡Señor, haz de España tu Nación misionera para que miles de españoles lleven tu Nombre hasta el con fin de la tierra!

Ahora estoy en la cama, que es, a veces, una modificación, porque es el organismo entero el que está enfermo.

Le estamos encomendando a diario la curación de este cáncer cerebral al Sr. Obispo Guerra Campos; él, que tanto tuvo que sufrir y que tanto amó nuestra Sociedad Misionera interceda desde el cielo para que mi curación, si me conviene, sea un paso adelante en el proceso de su beatificación.

Al despedirme de vosotros, con lágrimas, os bendigo de todo corazón (+) y pido al Señor que esta tribulación sirva para unimos más a la bendita Madre de los Dolores.

Esta carta no la he podido escribir de mi puño y letra, La he dictado con el ruego de que se transmitan a todos vosotros una a una estas mis palabras. Palabras de amor porque nuestra Sociedad Misionera, nuestra Unión Seglar y nuestro Colegio son comunidades de amor, donde quieren reinar los Corazones de Jesús y de María.

Os bendigo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.