Monseñor José Guerra Campos
Separata del “Boletín oficial del Obispado de Cuenca”
Núm. 5, mayo 1986

VII Criterio de la Iglesia sobre el orden político (1939-65)

Guerra Campos3Durante la guerra, el Episcopado, que veía bien la orientación básica del Movimiento Nacional, declaró a los obispos de todo el mundo que no se hacía solidario de conductas, tendencias o intenciones que pudiesen desnaturalizarlo en el futuro (1). Rechazaba la tentación estatista o totalitaria (2). El Cardenal Gomá había señalado en Europa, frente a la revolución liberal, la tendencia de algunos Estados a absorber toda actividad social (3).

Dentro de una común adhesión al Movimiento en lo sustancial, hubo inicialmente en la Iglesia dos posturas. Por un lado, la Jerarquía y la casi totalidad del clero y los religiosos —además de abstenerse en la discusión sobre fórmulas políticas opinables— expresaron preocupadas reservas ante el posible influjo de ideologías paganizantes, como el nacionalsocialismo alemán, concretamente en relación con la Falange (4). Por otro lado, unos pocos clérigos estimaron oportuno mostrar una identificación mayor y sin reservas. Así, el consiliario Enrique y Tarancón, en su Curso de Acción Católica, publicado en Burgos el año 1938, da gracias a Dios por la supresión de los funestos partidos políticos, sustituidos por una organización única, Falange Española Tradicionalista y de las JONS: «la Acción Católica debe mirar con simpatía esta milicia, y aún debe orientar hacia ella a sus miembros» (5).

Notas

  1. Carta colectiva 1937. La Iglesia, una vez surgida la guerra, se puso al lado de quienes defendían la religión y la civilización cristiana, contra los que la destruían. «La Iglesia, con ello, no ha podido hacerse solidaria de conductas, tendencias o intenciones que, en el presente o en el porvenir, pudiesen desnaturalizar la noble fisonomía del movimiento nacional, en su origen, manifestaciones y fines.»

En 1973, el Episcopado Chileno —que había sido uno de los adelantados en facilitar la cooperación católica en busca de una vía hacia un socialismo moderado— terminó por desautorizar la evolución de la «Unidad Popular» de Allende (semejante a la de la República española), e informó a los Obispos del mundo que la intervención de las Fuerzas Armadas se hizo a requerimiento de la nación y fue para la mayoría de ésta una «verdadera liberación». Al explicar lo sucedido, el Episcopado manifiesta su confianza ante la futura acción de la Junta Militar en la creación de un nuevo orden. Lo hace con actitud de colaboración y delicadeza, sin expresar ninguna reserva semejante a la del Episcopado Español en 1937. Cf. «Boletín de Cuenca», 1974, págs. 242251 («La situación de Chile, vista por su Episcopado»).

  1. Cardenal Pía, 1945: «No ha habido ni hay servidumbre a nadie por parte de la Jerarquía eclesiástica española, ni menos ha defendido ni defiende una concepción estatista ni totalitaria» (cf. «Boletín de Cuenca», septiembre de 1974, página 12).
  2. El Presidente de la Conferencia Episcopal denunciará en 1985 esa absorción, no como una tendencia, sino como un hecho consumado por los Partidos políticos.
  3. El temor a contagios de la ideología nacionalsocialista alemana se expresó en las Conferencias de Metropolitanos de noviembre de 1937 y mayo de 1939 (cf. actas reseñadas en «Hispania Sacra», 34). Hay que tener en cuenta, además de la presión exterior, el hecho de que a la Falange se habían incorporado numerosos exsocialistas y exanarquistas. La actitud precavida ante posibles contagios aparece claramente en los Informes de Gomá a la Santa Sede, en la citada Carta Colectiva y en numerosas manifestaciones eclesiásticas de la época. Hasta el punto de que las memorias de entonces dejan la impresión de una cierta tensión Iglesia-Falange.
  4. Cf. «Boletín de Cuenca», 1981, pág. 120. Cf. Vicente Enrique Tarancón: «Curso breve de Acción Católica, adaptado al programa oficial para los círculos de estudio de las cuatro ramas de la Acción Católica en España», Publicaciones del Consejo Superior de la Juventud de Acción Católica, Burgos, 1938, página 237: «El aspecto político de España ha cambiado, gracias a Dios, radicalmente en los últimos meses. Los partidos políticos, que fomentaron la división entre los españoles y que tan funestas consecuencias produjeron, han sido suprimidos de nuestra Patria. Hoy, una organización única, dirigida por el Jefe del Estado, reúne en sus filas a todos los españoles, la Falange Española Tradicionalista y de las JONS. ¿Cuál ha de ser la posición de la Acción Católica y sus relaciones para con ella? No puede mirar con indiferencia este surgir esplendoroso del espíritu patriótico y español v esa nueva orientación del futuro Estado. Ello merece la simpatía y el afecto de todos los buenos españoles y de todos los católicos y la Acción Católica debe mirar con simpatía esta milicia, y aún debe orientar hacia ella a sus miembros para que cumplan en sus filas con los deberes que en la hora presente impone el patriotismo. «No sólo no existe entre las dos organizaciones ninguna incompatibilidad, sino que se completan mutuamente. Falange E. T. y de las JONS busca el engrandecimiento material de España, la Acción Católica se preocupa de su engrandecimiento espiritual y religioso; las dos, de consuno, pueden forjar la España grande y católica que todos deseamos, reencarnación gloriosa de aquella España tradicional en la que el sentimiento religioso y el sentimiento patriótico se fundían en un solo anhelo»… «Entre la Acción Católica y la F. E. T. y de las JONS deben existir las mismas relaciones que entre la Iglesia y el Estado, a los que oficial y legítimamente representan… Ni confusión, ni oposición…, se completan mutuamente» (páginas 237240).

El libro de Enrique Tarancón tuvo una segunda edición en 1940. El autor había firmado el prólogo de su obra en Tuy, julio de 1937. El mismo autor, en 1985, escribe que el Régimen católico de Franco fue «apoyado decididamente por la Iglesia» (España Nuestro Siglo, de Ed. Plaza y Janés, página 274).