P. Alba

Padre AlbaLa mejor oración, la primera devoción, es el cumplimiento del deber.

El cumplimiento de tus obligaciones de acampado en cada momento ofrecidas a Dios, ha de ser tu devoción fundamental.

Tu piedad, antes que “rezadora”, ha de ser sólida y práctica.

Piedad sólida es la que se funda en:

  • la oración
  • la abnegación de la voluntad
  • el amor a Jesucristo

Piedad práctica es la fundada en:

  • la paz con Dios
  • la huida del pecado
  • la vida de gracia

Se pierde la gracia y se mata el alma por el pecado mortal. El pecado mortal es el mayor mal que existe, pero se perdona por el sacramento prodi­gioso de la confesión, único remedio normal contra el pecado.

Siempre que lo necesites confiesa. Sin tardanza, confiesa. Pero cuando no tengas a mano un confesor, acude a la contrición perfecta de tus pecados. Nunca te duermas en pecado mortal. Pon arrepentimiento sincero de haber ofendido a Dios que es infinitamente Justo y Bueno y digno de ser amado so­bre todas las cosas. Ten un dolor racional de tus pecados con propósito de enmienda y de confesarlos cuando puedas. Y ten santa paz del alma, por­que Dios te perdona. Cualquier fórmula o un simple “Señor, pequé”, si va acom­pañado de sincero dolor, es buena.

Santa Misa y Comunión

En el campamento tienes el gran tesoro de poder asistir a la Santa Misa a diario. La Misa es una devoción y una ofrenda. En ella se nos da Jesucristo por completo. Por eso tienes que darte tú a Él con igual desprendimiento.

De esta forma, tu vida, tus trabajos, tus penas, adquirirán un valor inmenso, porque vivirás, trabajarás y sufrirás con Jesucristo y por Jesucristo.

Comulga en la Misa. Recibir a Jesucristo en la comunión es la acción más grande de tu vida.

Tu vida de oración

A Dios le debes el tributo de la oración. Pero además la necesitas. Tu ora­ción ha de ser reflexiva, sincera, sin apresuramiento, de corazón. Además, sencilla, breve, “militar”.

Ofrece tus obras a Dios al comienzo de la jornada y dale gracias al fin del día. Aprende de memoria las oraciones que te propone este devocionario.

Durante el día, en medio de la intensa actividad del campamento, te será fácil dirigirte a Dios por medio de jaculatorias. Acostúmbrate a hablar así con Dios. Jaculatorias excelentes son estas:

Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío.

Corazón Inmaculado de Ma­ría, sed la salvación mía.

 

Lleva siempre el escapulario de la Virgen del Carmen o la medalla escapulario sobre tu pecho. Y aunque hayas participado en las oraciones comunes, nunca te entregues al sueño sin antes haber rezado por tu cuenta tres Avema­rías a la Virgen Santísima.