+ Juan José Omella Omella
Arzobispo de Barcelona
Un monje eremita del Líbano recibió la visita del abad de un monasterio muy importante. Acudía en busca de consejo porque estaba desolado. Su monasterio, que durante un tiempo estuvo lleno de monjes jóvenes y generosos, ahora estaba casi vacío y la tristeza llenaba el corazón de los monjes. Antes acudía mucha gente a los oficios y ahora casi nadie acudía. La angustia y la desazón llenaban el corazón del abad, que no sabía qué hacer y cuál era la causa de esa situación. Le preguntó al eremita: «¿Qué hemos hecho mal o qué pecado hemos cometido para que estemos ahora en esta situación?»
El monje eremita le contestó: “Habéis cometido el pecado de Sigue leyendo



