Siempre ha tenido España buenos eruditos, demasiado conocedores de su Historia para poder creer lo que la envidia de sus enemigos propalaba. La mera prudencia dice, por otra parte, que un pueblo no puede vivir con sus glorias desconocidas y sus vergüenzas al desnudo, sin que propenda a huir de sí mismo y disolverse, como lo viene haciendo hace ya más de un siglo. Tampoco nos ha faltado aquel patriotismo instintivo que formuló desesperadamente Cánovas: «Con la Patria se está con razón y sin razón, como se está con el padre y con la madre». La historia, la prudencia y el patriotismo han dado vida al tradicionalismo español, que ha batallado estos dos siglos como ha podido, casi siempre con razón, a veces con heroísmo insuperable, pero generalmente con la convicción intranquila de su aislamiento, porque sentía que el mundo le era hostil y contrario al movimiento universal de las ideas.
Los hombres que escribimos en Acción Española sabemos lo que se ha ocultado cuidadosamente en estos años al conocimiento de nuestro público lector, y es que el mundo ha dada otra vuelta y ahora está con nosotros. Porque sus mejores espíritus buscan en todas partes principios análogos o idénticos a los que mantuvimos en nuestros grandes siglos. Queremos traer esta buena noticia a los corazones angustiados. El mundo ha dado otra vuelta. Se puede trazar una raya en 1900. Hasta entonces eran adversos a España los más de los talentos extranjeros que de ella se ocupaban. Desde entonces nos son favorables. Los amigos del arte se maravillan de los esfuerzos que hace el mundo por entender y gozar mejor el estilo barroco, que es España. Y es que han fracasado el humanismo pagano y el naturalismo de los últimos tiempos. La cultura del mundo no puede fundarse en la espontaneidad biológica del hombre, sino en la deliberación, el orden y el esfuerzo, la elección no está en hacer lo que se quiere, sino lo que se debe. Y la física y la metafísica, las ciencias morales y las naturales nos llevan de nuevo a escuchar la palabra del Espíritu y a fundar el derecho y las instituciones sociales y políticas, como; Santo Tomás y nuestros teólogos juristas, en la objetividad del bien común. y no en la caprichosa voluntad del que más puede.
* «La cruz es el regalo que Dios hace a sus amigos» (San Juan María Vianney).
* «El malvado dice con insolencia: No hay Dios que me pida cuentas» (Salmo 10, 7).
* «Para que no imiten a sus padres generación rebelde y pertinaz; generación de corazón inconstante, de espíritu infiel a Dios» (Salmo 78, 8).
* «La misión educativa de los pobres cristianos los llama a participar de la misma autoridad y del mismo amor de Dios Padre y de Cristo Pastor» (Familiaris consortio, 38).
* «Las fronteras, la división, lo motivos de enfrentamiento no son más que las consecuencias de que el hombre ha abandonado a Dios, ha olvidado que Dios le ama» (Santa Teresa de Calcuta).
* «Esta ley («ley del menor») injusta, intervencionista, totalitaria y tramposa establece la base para un Intervencionismo sin precedentes, confines ideológicos, de la vida familiar» (Luis Zayas – Cristiandad).
* España destina diez veces más dinero a matar niños en el seno materno que a promover la maternidad.
* «Los aztecas representaban el 10% de la población y su imperialismo ha sido el más atroz de la historia» (Marcelo Gullo).
* La intolerancia y la discriminación contra los cristianos abarcaron desde el vandalismo en iglesias y edificios cristianos hasta los delitos de odio contra personas.
* «La ley de género se trata de una ley ideológica hasta el paroxismo, de naturaleza totalitaria y que creará innumerables víctimas» (Jorge Soley Climent – Cristiandad).
* «Esta es la hora en la que vuelven los bárbaros que embriagados de poder, no saben sostener la causa común, el hogar familiar que han significado y significa España» (Juan Antonio Reig, Obispo de Alcalá).
* «Por eso consagró su vida (Ramiro de Maeztu) y ofreció un martirio de la defensa de la Hispanidad, concepto vivo de valor universal que es la esencia de nuestro ser. De nuestro ser que es una aleación inseparable de lo católico y de lo español. Un cruce de lo genuinamente español y de lo genuinamente católico» (Gabriel de Armas).
La Virgen del Rocío, también conocida como «Blanca Paloma» o «La Reina de las Marismas»Santuario de El Rocío en Almonte (Huelva)
La Virgen del Rocío, también conocida como «Blanca Paloma» o «La Reina de las Marismas», es una advocación mariana que se venera en el Santuario de El Rocío en Almonte (Huelva).
El Rocío, como tradicionalmente se llama al conjunto de la romería, se ha convertido en nuestros días en un fenómeno entre religioso y folclórico, pero en cualquier caso socialmente importante, que mueve a más de un millón de personas en los días de celebración en el mes de mayo o junio (según la fiesta variable de Pentecostés), como antes se indicó, y a otros cientos de miles de personas que durante todo el año acuden a la ermita a venerar a la Virgen.
Origen histórico
El primer documento histórico que existe sobre el Rocío se recoge en el Libro de la Montería, que mandó escribir el rey Alfonso XI. En el folio 294v afirma que: “En tierra de Niebla hay una tierra a la que le dicen las Rocinas, son los mejores sotos de correr cabo en iglesia que dicen Santa María de las Rocinas y cabo de otra iglesia conocida como Santa Olalla.
La primera referencia a un lugar de culto mariano en la zona data de la primera mitad del siglo XIV y se halla en el archivo de Niebla. Se trata de un pleito de término entre Almonte, Moguer y Concejo de Niebla. Le sigue un testamento de Urraca Fernández, vecina de Niebla, para la obra de Santa María de la Rocina. En orden cronológico le sigue el Libro de la montería de Alfonso XI, en que se alude a una “ermita de Santa María de las Rocinas”. En 1587 Baltasar Tercero Ruiz funda en la ermita una capellanía.
Aquella primera ermita duró hasta el terremoto de Lisboa, en 1755, que la dejó en ruina; la Virgen del Rocío fue llevada entonces a Almonte y estuvo allí durante dos años, celebrándose allí la Romería del Rocío. Las reformas de la ermita acabaron en el año 1758.
Leyenda
El Rocío, cuya historia se encuentra hoy documentada en sus aspectos más importantes, ha estado envuelta en una leyenda, como ocurre con otras muchas advocaciones, que viene recogida en la Reglas de la hermandad Matriz de 1758:
Entrado el siglo XV de la Encarnación del Verbo Eterno, un hombre que había salido a cazar o apacentaba ganado, hallándose en el término de la Villa de Almonte, en el sitio llamado de La Rocina (cuyas incultas malezas le hacían impracticables a humanas plantas y sólo accesible a las aves y silvestres fieras), advirtió en la vehemencia del ladrido de los perros, que se ocultaba en aquella selva alguna cosa que les movía a aquellas expresiones de su natural instinto. Penetró aunque a costa de no pocos trabajos, y, en medio de las espinas, halló la imagen de aquel sagrado lirio intacto de las espinas del pecado, vio entre las zarzas el simulacro de aquella Zarza Mística ilesa en medio de los ardores del original delito; miró una Imagen de la Reina de los Ángeles de estatura natural, colocada sobre el tronco de un árbol. Era de talla y su belleza peregrina. Vestíase de una túnica de lino entre blanco y verde, y era su portentosa hermosura atractivo aún para la imaginación más libertina.
Hallazgo tan precioso como no esperado, llenó al hombre de un gozo sobre toda ponderación, y, queriendo hacer a todos patente tanta dicha, a costa de sus afanes, desmontado parte de aquel cerrado bosque, sacó en sus hombros la soberana imagen a campo descubierto. Pero como fuese su intención colocar en la villa de Almonte, distante tres leguas de aquel sitio, el bello simulacro, siguiendo en sus intentos piadosos, se quedó dormido a esfuerzo de su cansancio y su fatiga. Despertó y se halló sin la sagrada imagen, penetrado de dolor, volvió al sitio donde la vio primero, y allí la encontró como antes. Vino a Almonte y refirió todo lo sucedido con la cual noticia salieron el clero y el cabildo de esta villa y hallaron la santa imagen en el lugar y modo que el hombre les había referido, notando ilesa su belleza, no obstante el largo tiempo que había estado expuesta a la inclemencia de los tiempos, lluvias, rayos de sol y tempestades.
Poseídos de la devoción y el respeto, la sacaron entre las malezas y la pusieron en la iglesia mayor de dicha villa, entre tanto que en aquella selva se le labraba templo. Hízose, en efecto, una pequeña ermita de diez varas de largo, y se construyó el altar para colocar la imagen, de tal modo que el tronco en que fue hallada le sirviese de peana. Aforándose aquel sitio con el nombre de la Virgen de Las Rocinas.