Rvdo. P. José María Alba Cereceda, S.I.
Meridiano Católico Nº 254, octubre de 2000
San Juan Eudes, gran apóstol y devoto del Corazón Inmaculado de María escribía así en el siglo XVII: “Yo cedo gustosamente a todos la delantera en espíritu y talento, en ciencia y en todo lo demás, pero no sabría soportar que alguno me aventajare en el respeto, en la confianza y en el amor a la Madre de Dios”.
Ése ha de ser el grito de toda la familia de Meridiano Católico. Los primeros en el sacrificio por la Virgen Santísima. Los primeros en propagar su devoción acendrada. Ahora, en el mes dedicado al Rosario, una vez más debernos insistir en lo que la Santísima Virgen dijo a san Antonio María Claret: “Antonio, en el Rosario está cifrada la salvación de tu patria”.
Frente a la artillería satánica que está hundiendo nuestra pobre España en el materialismo más brutal y en la inmoralidad, con el desprecio de los mandamientos, ¿qué hacer?, se preguntan miles de almas buenas, desconcertadas ante el silencio de pastores y dirigentes de la sociedad ¿Qué hacer cuando se contemplan los crímenes espantosos de la ETA? ¿Qué hacer cuando se venden en España cincuenta millares de ejemplares de revistas pornográficas? ¿Qué hacer ante el abominable infanticidio del aborto, la permisividad de las autoridades, la destrucción de la familia por el divorcio, la siembra de odio entre los españoles por obra de los separatismos y de las fracciones políticas?
Nada y mucho. Al demonio no se le combate con asambleas, con manifestaciones, con encuestas, con lazos por las calles. La lucha de estos últimos tiempos es un combate espiritual. Solamente los cruzados que lleven el rosario en su manos y recen el Rosario con el sentido pedido por la Virgen a san Antonio María Claret, con el mismo fervor que nos enseñó el beato padre Pío, darán respuesta adecuada a los males que esclavizan nuestra patria.
Es evidente que no se deben dejar por pereza todas las acciones y obras buenas, tendentes a atajar los terribles males que nos aquejan. Pero el alma de todo ha de ser el Rosa rio. Si no hay Rosario, todo es inútil. ¡Devotos de María a lo san Juan Eudes: Rosario en mano para que venga el triunfo del Corazón Inmaculado de María!


El celo que, como sacerdotes, sentimos por la salvación de las almas, nos provoca terribles angustias hoy. Muchos errores circulan impunemente no sólo en libros de todo anticristianos sino aún en revistas llamadas católicas y en autores que publican con o sin censura eclesiástica. Nos duele en el alma la creciente marea de amoralismo y corrupción de costumbres en la niñez y la juventud, en el matrimonio, en la vida pública, los medios de comunicación social. 