Publicado por manuelmartinezcano | Filed under Artículos
ORACIÓN
04 miércoles May 2022
04 miércoles May 2022
02 lunes May 2022
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Empieza Ganivet su Idarium Español sentando la tesis de que: “Cuando se examina la constitución ideal de España, el elemento moral y, en cierto modo, religioso más profundo que en ella se descubre, como sirviéndole de cimiento, es el estoicismo; no el estoicismo vital y heroico de Catón, ni el estoicismo sereno y majestuoso de Marco Aurelio, ni el estoicismo rígido y extremado de Epicteto, sino el estoicismo natural y humano de Séneca. Séneca no es español, hijo de España por azar: es español por esencia; y no andaluz, porque cuando nació aún no habían venido a España los vándalos; que a nacer más tarde, en la Edad Media quizás, no naciera en Andalucía, sino en Castilla”. Toda la doctrina de Séneca se condensa en esta enseñanza: “No te dejes vencer por nada extraño a tu espíritu; piensa en medio de los accidentes de la vida, que tienes dentro de ti una fuerza madre, algo fuerte e indestructible, como un eje diamantino, alrededor del cual giran los hechos mezquinos que forman la trama del diario vivir; y sean cuales fueran los sucesos que sobre ti caigan, sean de los que llamamos prósperos, o de los que llamamos adversos, o de los que parecen envilecernos con su contacto, mantente de tal modo firme y erguido, que al menos se pueda decir siempre de ti que eres un hombre”.
Estas palabras son merecedoras de reflexión y análisis, y no lo serían si no dijeran de nuestro espíritu algo importante, que la intuición de nosotros mismos y los ejemplos de la Historia nos aseguran ser certísimo. Y lo que en ellas hay de cierto e importante, es que, en efecto, cuando cae sobre los españoles un suceso adverso, como perder una guerra, por ejemplo, no adoptamos aptitudes exageradas, como la de supones que la justicia del Universo se ha violado, porque la suerte de las batallas nos haya sido contraria o que toda la civilización se encuentra en decadencia, porque se hayan frustrado nuestros planes, sino que nos conducimos de tal modo que «siempre se puede decir de nosotros que somos hombres», porque ni nos abate la desgracia, ni perdemos nunca, como pueblo, el sentido de nuestro valor relativo en la totalidad de los pueblos del mundo. Por esta condición o por este hábito, ha podido decir de nosotros Gabriela Mistral, en memorable poesía, que somos buenos perdedores. Ni juramos odio eterno al vencedor, ni nos humillamos ante su éxito, al punto de considerarle como de madera superior a la nuestra. Argentina es la tesis de que: «La victoria no concede derechos», pero su abolengo es netamente hispánico, porque nosotros no creemos que los pueblos o los hombres sean mejores por haber vencido. Y no es que menospreciemos el valor de la victoria y la equiparemos a la derrota. La victoria nos parece buena, pero creemos que el vencedor no la debe a intrínseca superioridad sobre el vencido, sino a estar mejor preparado o a que las circunstancias le han sido favorables. Y en torno de esta distinción, que me parece fundamental, ha de elaborarse el ideal hispánico.
01 domingo May 2022
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30 sábado Abr 2022
30 sábado Abr 2022
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En febrero del 1876, Estelle Faguette, una joven de 32 años, sirvienta doméstica, estaba muy enferma en cama, en un pequeño pueblo de Francia llamado Pellevoisin (diócesis de Bourges). Cuando la enfermedad comenzó, Estelle le preguntó a Dios por que la había permitido ya que ella era el único sostén de sus padres y de una sobrina huérfana. Sin embargo, con el avance de la enfermedad, ella se entregó a la voluntad de Dios, ofreciéndolo todo en expiación por sus pecados.
Estelle le escribió a la Virgen pidiéndole que obtenga de su Hijo su curación. La noche del 14 de febrero de 1876, se le apareció un demonio al pie de la cama. Enseguida después Estelle vio a la Virgen María al otro lado de la cama. La Virgen expulsó al demonio. Nuestra Señora entonces miró a Estelle y le dijo: “No temas, tú sabes que eres mi hija”. Estelle recordó que ella había sido consagrada como hija de María a los 14 años. La Virgen le dijo: “coraje y paciencia. Mi Hijo va a cuidarte especialmente. Vas a sufrir cinco días en honor a las cinco llagas de mi Hijo. Para el sábado vas a estar viva o muerta. Si mi hijo te permite vivir quiero que proclames mi gloria”. Estelle le preguntó como lo haría pues ella no es nada especial.
La próxima noche, la Virgen se apareció a Estelle para informarle que iba a vivir. Pero Nuestra Señora amonestó a Estelle por sus pecados del pasado. Aunque Estelle no había vivido una vida mundana, ella se arrepintió profundamente de sus pecados. Las siguientes noches, la Virgen continuó apareciéndose a Estelle junto a su cama. Le dijo: “Yo soy toda misericordiosa”. Tras la quinta aparición, el 19 de febrero, Estelle quedó sanada. Le preguntó a la Virgen si debería cambiar su estado de vida. La Virgen respondió: Uno se puede salvar en todos los estados. Donde estás puedes hacer mucho bien y puedes propagar mi gloria.
El 9 de septiembre la Virgen hizo otra visita y le mostró un escapulario blanco del Sagrado Corazón que llevaba puesto y le dijo: “Yo amo esta devoción”.
Una semana después, Nuestra Señora visitó a Estelle y le dijo: «Que oren y que tengan confianza en mí», y profetizó que “Francia sufrirá”.
En noviembre, Nuestra Señora una vez más vino a visitar a Estelle. La Virgen le dijo: «Yo escojo a los pequeños y débiles para mi gloria».
En la fiesta de la Inmaculada Concepción, 8 de diciembre de 1876, la Virgen hizo su décimo quinta visita y última visita visible a Estelle. La Virgen le dijo que vaya al obispo, le enseñe el escapulario del Sagrado Corazón y le pida que ayude a propagarlo. La Virgen añadió: “Mira las gracias que yo otorgo sobre aquellos que lo usan con confianza, y quienes ayudan a propagarlo” Mientras la Virgen hablaba, extendió sus manos y de ellas cayeron gotas de lluvia. En cada gota Estelle leyó los nombres de diferentes gracias, como “piedad”, “salvación”, “confianza”, “conversión”, “salud”. La Virgen explicó: “estas gracias son de mi Hijo; yo las tomo de su corazón; Él no me puede rehusar nada”. Un poco más tarde María se fue.
En 1877 el cuarto donde Estelle fue curada se convirtió en una capilla de peregrinación.
Estelle Faguette continuó su vida humilde en Pellevoisin hasta su muerte en 1929, a los 86 años de edad.
La Virgen le dijo: “Si quieres servirme, se sencilla, que tus palabras concuerden con tus actos” La Virgen le dijo que estaba muy preocupada porque la gente descuidaban a su Hijo en la oración y en el Santísimo Sacramento.
• El Papa León XIII, en mayo de 1894, aprobó la Archicofradía de María Madre de la Misericordia, dedicada a propagar el escapulario del Sagrado Corazón.
• La Congregación de Ritos, en un decreto del 4 de abril del 1900, concedió aprobación al escapulario del Sagrado Corazón. No hizo mención de Pellevoisin en conexión con estas aprobaciones (si se mencionó a Santa Margarita María).
La curación de Estelle Faguette fue oficialmente declarada milagrosa en 1983 por el arzobispo de Bourges, Mgr Paul Vignancour.