LA VIRGEN MARÍA… con ojos de niño 17
16 domingo Ene 2022
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16 domingo Ene 2022
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15 sábado Ene 2022
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El Santuario de la Consolata tiene una historia muy antigua. Junto a la basílica se encuentran los restos de una de las torres de las murallas de la antigua Julia Augusta Taurinorum (nombre que los romanos dieron a la ciudad de Turín). Aquí, en el siglo V, el obispo Maximus erigió (probablemente sobre los restos de un antiguo templo pagano), una pequeña iglesia dedicada a San Andrés Apóstol, con una capilla dedicada a la Virgen, en el que se colocó una imagen de la Virgen María. La tradición aseguraba que el templo era el más antiguo monumento arquitectónico de Turín, después de los restos de los edificios romanos.
Más de mil años más tarde, fue construida una nueva iglesia en estilo románico con tres naves y siendo sede de una abadía. La gran devoción que une a la ciudad con este santuario se origina a partir de una pintura de la Virgen, de la que todavía se conserva una copia póstuma en la cripta del santuario. La historia cuenta que el icono durante las diversas alteraciones de la iglesia se había perdido. Un hombre ciego, llegó a Turín en peregrinación afirmando haber recibido en sueños mensajes de la Virgen, con indicaciones precisas de dónde buscar la sagrada imagen. Tras el hallazgo de la pintura, el hombre recobró la vista y como resultado de este hecho milagroso, la iglesia fue restaurada, elevada al rango de Basílica menor y siendo el icono solemnemente colocado en el interior. La actual imagen que se venera en el templo, no es la original, el cuadro que hoy se venera es una obra de finales del siglo XV que se atribuye a Antoniazzo Romano y está inspirada en la Madonna del Popolo de Roma.
En 1448, la Orden Benedictina encargó una mayor expansión del templo, a esta orden perteneció la basílica durante más de dos siglos, hasta que fue transferida a la Orden de los Cistercienses en 1589. La basílica se convirtió en la pieza central de la fe y la religión en Turín durante los duros días del asedio franco-español. La ciudad se encomendó a la Virgen de la Consolación para su propia salvación y se realizaron ofrendas votivas. Su posición geográfica, tan cerca de los muros de la ciudad, hizo al santuario vulnerable a los fuertes bombardeos del Asedio de Turín de 1706, pero, a pesar de esto, el templo se salvó de la destrucción. Tras este evento, la Virgen de la Consolata fue proclamada «Patrona de Turín» conjuntamente con San Juan Bautista (el histórico patrono de la ciudad).
Más tarde, el decreto napoleónico de 1802 impuso la supresión de las órdenes religiosas y los monjes de la Orden Cisterciense se vieron obligados a abandonar el santuario, y por un corto período de tiempo, el templo fue convertido en cuartel. En 1815, el santuario una vez más se convirtió en un lugar sagrado y su regencia fue confiada a Orden de los Oblatos de la Virgen María.
En el siglo XIX, el famoso fotógrafo Secondo Pia, célebre por ser el primero en fotografiar la Sábana Santa, destacando las propiedades del negativo fotográfico, fue el encargado de fotografiar el retrato antiguo de la Virgen, con el fin de reproducir copias para su difusión.
Los grandes beatos y santos turineses han estado a lo largo de los siglos muy vinculados al Santuario de la Consolata. Entre ellos, San José Cafasso, que está enterrado en el interior del santuario, San Juan Bosco y San Leonardo Murialdo que acudían al templo con frecuencia, además, del Beato José Allamano, fundador de la Misión de la Consolata, que fue rector de la basílica desde 1880 hasta 1926.
14 viernes Ene 2022
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13 jueves Ene 2022
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– NUEVOS CARGOS ECLESIÁSTICOS
A raíz de la paz de Constantino el rápido crecimiento del Cristianismo exigía reformas en la organización de la Iglesia. Surgen dos nuevos cargos: el arcipreste y el archidiácono. El arcipreste ocupaba el primer puesto en la Jerarquía, después del Obispo, y lo sustituía a veces en la celebración de los oficios divinos y en la presidencia del colegio presbiteral. Más importante todavía era el archidiácono, que tenía la dirección de la administración de la diócesis; era, con frecuencia, el sucesor del obispo.
Nuevos cargos eclesiásticos de menor trascendencia fueron: los sincellos, los ecónomos, los defensores, los notarios, los archiveros, los mansionarios. Se introdujeron también en este tiempo nuevas órdenes menores: los exorcistas y ostiarios que aparecen en Oriente en el siglo VII. Se establece el nuevo cargo de cantores, como una especie de orden menor.
– COSTUMBRES ECLESIÁSTICAS
Para la formación del clero se construyeron centros de instrucción y escuelas monacales, preludio de los futuros seminarios.
La elección de obispos seguía la forma establecida: el pueblo y el clero interesados elegían a su obispo, con la aprobación de los obispos vecinos; más tarde fueron los príncipes y el Emperador y, a veces, los eclesiásticos los que elegían al obispo o al menos influían decisivamente.
Los eclesiásticos vivían de sus propios recursos y de su trabajo personal. Pero, como las iglesias fueron aumentando su patrimonio con limosnas voluntarias, en muchos casos estas ayudas eran suficientes para la manutención de los clérigos, la construcción y conservación de los templos y para el culto divino.
De las limosnas recibidas se reservaba siempre una parte importante para los pobres. Poco a poco se fue introduciendo el sistema de los diezmos (contribución a la Iglesia de carácter obligatorio), que aparece en el siglo VI, pero generalmente bastaban los donativos voluntarios.
Muchos eclesiásticos tenían costumbre de mantener su virginidad; esto se generalizó de tal manera que los clérigos de órdenes mayores renunciaban al matrimonio. Costumbre que se convirtió, en ley eclesiástica en el Concilio de Elvira (Granada).
En Oriente no se permitía contraer matrimonio a los sacerdotes; si ya estaban casados se les permitía vivir su matrimonio; los diáconos también podían casarse.
– PARROQUIAS, ORATORIOS Y PATRIARCADOS
En los pueblos pequeños vivían sacerdotes encargados de ejercer la cura de almas; los obispos ejercían la cura de almas en las ciudades. A estas comunidades cristianas rurales se las designó como parroquias y a los sacerdotes se les llamó párrocos. En Oriente estaban ya establecidos en el siglo V.
A partir del siglo VI surgen, sobre todo en las Galias y en España las llamadas iglesias propias. Eran iglesias o capillas que señores territoriales o personas ricas establecían en sus propiedades asignándoles los bienes materiales necesarios para mantener el culto y nombrando al capellán que las servía.
También aparecen en este tiempo los oratorios, iglesias secundarias para facilitar la asistencia a los oficios divinos a las personas que vivían lejos de la parroquia. Al párroco que tenía bajo su jurisdicción varias capillas, con sus respectivos capellanes, se le llamaba arcipreste.
En este tiempo todo Occidente pertenecía al Patriarcado de Roma; en Oriente se formaron cinco patriarcados: Constantinopla, para Tracia; Éfeso, para Asia; Cesarea de Capadocia, para el Ponto; Antioquía, para el llamado Oriente; y Alejandría, para Egipto.
Esta división oriental experimentó cambios. Más tarde se reorganizaron en los Patriarcados de Constantinopla, Antioquía, Alejandría y Jerusalén, cuyo derecho patriarcal fue reconocido en el Concilio de Calcedonia en el año 451.
10 lunes Ene 2022
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Venimos, pues, a desempeñar una función de enlace. Nos proponemos mostrar a los españoles educados que el sentido de la cultura en los pueblos modernos coincide con la corriente histórica de España; que los legajos de Sevilla y Simancas y las piedras de Santiago, Burgos y Toledo no son tumbas de una España muerta, sino fuentes de vida, que el mundo, que nos había condenado. nos da ahora la razón, arrepentido, por supuesto, sin pensar en nosotros, sino incidentalmente, porque hemos descuidado la defensa de nuestro propio ser, en cuya defensa está la esencia misma del ser, según los mejores ontologistas de hoy, porque también la filosofía contemporánea viene a decirnos que hay que salir de esa suicida negación de nosotros mismos, con que hemos reducido a la trivialidad a un pueblo que vivió durante más de dos siglos en la justificada persuasión de ser la nueva Roma y el Israel cristiano.
Harto sabemos que nuestra labor tiene que ser modesta y pobre. Descuidos seculares no pueden repararse sino con el esfuerzo continuado de generaciones sucesivas. Pero lo que vamos a hacer no podemos Por menos de hacerlo. Ya no es una mera pesadilla hablar de la posibilidad del fin de España, y España es parte esencial de nuestras vidas. No somos animales que se resignen a la mera vida fisiológica, ni ángeles que vivan la eternidad fuera del tiempo y del espacio. En nuestras almas de hombres habla la voz de nuestros padres, que nos llama al porvenir por que lucharon. Y aunque nos duele España, y nos ha de dotar aún más en esta obra, todavía es mejor que nos duela ella que dolernos nosotros de no ponernos a hacer lo que debemos.