La Eucaristía… con ojos de niño (9)
10 miércoles Jun 2020
Posted in Artículos - Contracorriente
10 miércoles Jun 2020
Posted in Artículos - Contracorriente

07 domingo Jun 2020
Posted in Artículos - Contracorriente

Día 13 de Octubre de 1917 – Salimos de casa bastante temprano, contando con las demoras del camino. El pueblo estaba en masa. Caía una lluvia torrencial. Mi madre, temiendo que fuese el último día de mi vida, con el corazón partido por la incertidumbre de lo que iba a suceder, quiso acompañarme. Por el camino se sucedían las escenas del mes pasado, más numerosas y conmovedoras. Ni el barro de los caminos impedía a esa gente arrodillarse en la actitud más humilde y suplicante. Llegados a Cova de Iría, junto al carrasco, transportada por un movimiento interior, pedí al pueblo que cerrase los paraguas para rezar el rosario. Poco después, vimos el reflejo de la luz y, seguidamente, a Nuestra Señora sobre la encina.
– ¿Qué es lo que quiere Vd. de mí?
– Quiero decirte que hagan aquí una capilla en mi honra; que SOY LA SEÑORA DEL ROSARIO; que continúen rezando el Rosario todos los días. La guerra va a acabar y los soldados volverán en breve a sus casas.
– Tenía muchas cosas que pedirle: si curaba a algunos enfermos y si convertía a algunos pecadores; etc…
– Unos, sí; a otros no. Es preciso que se enmienden; y que pidan perdón por sus pecados.
Y tomando un aspecto más triste:
– No ofendan más a Dios Nuestro Señor que ya está muy ofendido. Y, abriendo sus manos las hizo reflejarse en el Sol. Y, mientras se elevaba, continuaba el reflejo de su propia luz proyectándose en el sol.
He aquí, Exmo. y Revmo. Señor Obispo, el motivo por el cual exclamé que mirasen al sol. Mi fin no era llamar la atención de la gente a él, pues ni siquiera me daba cuenta de su presencia. Lo hice sólo, llevada por un movimiento interior que me impulsaba a ello. Desaparecida Nuestra Señora en la inmensa lejanía del firmamento, vimos al lado del sol, a San José con el Niño y a Nuestra Señora vestida de blanco, con un manto azul. San José con el Niño parecían bendecir al Mundo, con unos gestos que hacían con la mano en forma de cruz. Poco después desvanecida esta aparición, vimos a Nuestro Señor y a Nuestra Señora que me daba idea de ser Nuestra Señora de los Dolores. Nuestro Señor parecía bendecir el Mundo de la misma forma que San José. Al desvanecerse esta aparición me pareció ver todavía a Nuestra Señora en forma parecida a Nuestra Señora del Carmen.
06 sábado Jun 2020
Posted in Artículos - Contracorriente

Antigua advocación mariana que se remonta al siglo IV. Según la tradición, en la época del Papa Liberio (352 – 366), vivía en Roma un matrimonio piadoso y caritativo. Él se llamaba Juan Patricio mientras que el nombre de su esposa se desconoce. Habían sido bendecidos con abundancia de bienes y también de fe. Sin embargo, su gran dolor era no tener hijos con los que pudieran compartir sus dones. Durante años habían rezado por un hijo, finalmente se decidieron nombrar como heredera a la Santísima Virgen y le rezaron con devoción para que los guiara en la asignación de la herencia.
Nuestra Señora, muy agradecida por el gesto, se le apareció a Juan Patricio y a su esposa la noche del 4 de agosto diciéndoles que deseaba que construyeran una basílica en el Monte Esquilino (una de las siete colinas de Roma), en el lugar donde ella les señalaría con una nevada. También se le apareció al Papa Liberio con el mismo mensaje. Al día siguiente, el 5 de agosto, a pleno día y con un sol brillante, la ciudad quedó sorprendida al ver un terreno nevado en el Monte Esquilino. La nieve cubrió exactamente el espacio que debía ser utilizado para la basílica y desapareció una vez señalado el lugar. Pronto se construyó la Basílica de Santa María la Mayor.
El Papa Liberio buscaba una imagen de la Santísima Virgen que fuera digna de esta espléndida Basílica de Sta. María la Mayor. Finalmente, donó la famosísima Madonna, Nuestra Señora y el Niño, la cual, según una tradición había sido pintada por San Lucas sobre una gruesa tabla de cedro y llevada a Roma por Santa Helena. Esta obra es venerada en el oratorio pontificio.
A lo largo de los años, el pueblo de Roma ha sido muy devoto de la Virgen. Cada vez que Roma se encontraba en peligro de calamidades o de pestilencia, corría en bandadas al santuario de Nuestra Señora para pedirle auxilio. La Virgen Santísima les demostró ser una poderosa protectora con grandes milagros.
El 1º de noviembre, de 1954, al final del Año Mariano, el Santo Padre Pío XII colocó una corona enjoyada sobre la pintura de Nuestra Señora, Protectora de Roma. En ese momento, se escuchó un fuerte clamor de entre la gran multitud congregada en Sta. María la Mayor: «¡Viva la Reina!». El Papa nombró a la Virgen Reina de Cielos y tierra y decretó que se celebrara una fiesta especial para honrarla bajo ese título.
La fiesta de Nuestra Señora de las Nieves se celebra el 5 de agosto, San Pío V la declaró fiesta de la Iglesia universal en el siglo XVII.
03 miércoles Jun 2020
Posted in Artículos - Contracorriente

31 domingo May 2020
Posted in Artículos - Contracorriente

Día 13 de Septiembre de 1917 – Al aproximarse la hora fui allí con Jacinta y Francisco, entre numerosas personas que apenas nos dejaban andar. Los caminos estaban apiñados de gentes. Todos nos querían ver y hablar. Allí no había respetos humanos. Numerosas personas, y hasta señoras y caballeros, consiguiendo romper por entre la multitud que alrededor nuestro se apiñaba, venían a postrarse de rodillas delante de nosotros, pidiéndonos que presentásemos a Nuestra Señora sus necesidades. Otros, no consiguiendo llegar hasta nosotros, clamaban desde lejos.
– ¡Por el amor de Dios! ¡Pidan a Nuestra Señora que me cure a mi hijo inválido!
Otro:
– ¡Que me cure el mío que es ciego!
Otro:
– ¡El mío que está sordo!
– Que me devuelva a mi marido…
– ¡… a mi hijo, que está en la guerra!
– ¡Que convierta a un pecador!
– ¡Que me dé la salud que estoy tuberculoso!
Etc., etc…
Allí aparecían todas las miserias de la pobre Humanidad. Y algunos gritaban desde lo alto de los árboles y paredes, donde se subían con el fin de vernos pasar. Diciendo a unos que sí, y dando la mano a otros para ayudarles a levantarse del polvo de la tierra, ahí íbamos andando gracias a algunos caballeros que nos iban abriendo el paso por entre la multitud.
Cuando ahora leo en el Nuevo Testamento esas escenas tan encantadoras del paso del Señor por Palestina, recuerdo éstas que tan niña todavía el Señor me hizo presenciar en esos pobres caminos y carreteras de Aljustrel a Fátima y a Cova de Iría. Y doy gracias a Dios, ofreciéndole la fe de nuestro buen Pueblo portugués. Y pienso: si esta gente se humilla así delante de tres pobres niños, sólo porque a ellos les es concedida misericordiosamente la gracia de hablar con la Madre de Dios, ¿qué no harían si viesen delante de sí al propio Jesucristo?
Bien, pero esto no pertenece aquí. Fue más bien una distracción de la pluma que se me escapó por donde yo no quería. ¡Paciencia! Una cosa de sobra más; pero no la quito por no inutilizar el cuaderno.
Llegamos, por fin, a Cova de Iría, junto al carrasco y comenzamos a rezar el Rosario, con el pueblo. Poco después, el reflejo de la luz y, seguidamente, a Nuestra Señora sobre la encina.
– Continuad rezando el Rosario, para alcanzar el fin de la guerra. En octubre vendrá también Nuestro Señor, Nuestra Señora de los Dolores y del Carmen y San José con el Niño Jesús para bendecir al mundo. Dios está contento con vuestros sacrificios pero no quiere que durmáis con la cuerda, llevadla sólo durante el día.
– Me han solicitado para pedirle muchas cosas, la cura de algunos enfermos, de un sordomudo.
– Sí, a algunos los curaré, a otros no. En octubre haré el milagro para que todos crean.
Y comenzando a elevarse desapareció como de costumbre.