Contracorriente

~ Blog del P. Manuel Martínez Cano, mCR

Contracorriente

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Mensajes de fe 15

08 jueves Ene 2015

Posted by manuelmartinezcano in Mensajes de fe, Uncategorized

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Patente. -Una hoja de árbol es una obra maestra. Las hojas son los pulmones de las plantas, porque también éstas respiran como nosotros. Pero las hojas son también maravillosos laboratorios de química; esas humildes hojas están en posesión de una patente preciosa que hasta ahora es un secreto de oficio muy bien guardado; pero el día que nuestra Ciencia logre arrancárselo, la humanidad habrá conseguido más ventajas que descubriendo una nueva América.

Ese secreto se llama «fotosíntesis» y consiste en un sorprendente truco por el cual la hoja cambia en materia vegetal u orgánica toda la materia mineral que el árbol ha Ido absorbiendo por sus raíces y que ha sido subido hasta el laboratorio de las hojas por capilaridad. Allí está una sustancia verde, llamada clorofila, que realiza dicho cambio trabajando en equipo y combinación con los rayos solares. ¿Cómo se las arregla ese equipo? Nadie lo sabe.Fotosíntesis-470x260 (1)

Pero ¡imaginaos cuando llegue el día en que podamos llevar tierra a nuestras fábricas y obtener en cambio, azúcar, grasas y albúminas! De momento nosotros no sabemos cómo hacerlo. La hoja, sí.

Si vas un día a los famosos laboratorios Bayer y les dices:

-Aquí les traigo C, N, H, O, F, CI, Na, K, y Si. ¿Tienen ustedes la bondad de hacerme un poco de margarina?

Los grandes químicos de la casa te responderán:

-Tenga usted la bondad de ir ahí a la vuelta; en la esquina encontrará un colmado donde se la servirán.

Sí, amigo mío: tu alimento lo ha fabricado una hojita; su fotosíntesis no la saben reproducir ni siquiera los mejores laboratorios de la tierra.

Superproducción a todo meter. -Escucha el tictac de tu reloj: a cada segundo esas humildes hojitas esparcidas por toda la faz del planeta están silenciosamente sacando del aire y fijando, para nuestro servicio, una cantidad de materia equivalente a 600 toneladas de carbón. Cuando los rusos o los norteamericanos lanzan un cacharro de unas cuantas toneladas a los cielos, ¡qué algarabía! ¡Qué jaqueca con la propaganda que hacen por todo el mundo! Y sin embargo, nadie piensa en pedir un aplauso para las humildes hojas. Y la verdad es que si esas hojitas se declarasen en huelga, no habría fábrica humana que pudiese suplir su trabajo. Hasta que no dominemos el secreto de la clorofila, todo ese carbono de nuestra atmósfera es inservible para el hombre, pues no sabemos cómo fijarlo, a pesar de todas nuestras potentísimas fábricas e industrias.

Hay más: lo que está haciendo la hoja lo hace también el alga marina: recoge unas 4.000 toneladas de carbono a cada minuto que pasa. Y esto debería poner un poco de mejor humor a. esos eternos pesimistas que van diciendo por ahí que la tierra está ya superpoblada y que están siempre con el miedo de que se queden sin desayuno el día que le nazca el rorro número X a la humanidad. Porque, en efecto, y contra lo que se opina generalmente, las enormes extensiones de mar se hallan abarrotadas de vida vegetal.

El rendimiento normal del plancton es de 375 toneladas de carbono por kilómetro cuadrado. Este rendimiento es tres veces más elevado del que normalmente nos produce la tierra, y como la superficie cubierta por los océanos es 2,4 veces la de la tierra seca, se deduce que la actividad biológica de esas algas microscópicas está fijando siete veces más carbono que todas nuestras mieses, praderas, campos, estepas y las florestas de los cuatro puntos cardinales de la tierra. En otras palabras: los campos más fértiles de nuestro globo son, después de todo, las verdes aguas de nuestros mares. ¡Y pensar que todos esos recursos permanecen todavía inexplotados!

El total de energía solar capturada por estos esclavitos verdes nuestros que se llaman hojas, por medio de la fotosíntesis clorofílica, es aproximadamente 3 X 1021 calorías, y esa cantidad de energía es diez mil veces mayor que toda la producida por el conjunto de las instalaciones hidroeléctricas del mundo.

Ventanas a millones. -Para inhalar el aire las hojitas están dotadas de millares de pequeñas aberturas: llamémoslas poros, bocas o estomas. Cualquier hoja posee por lo menos unas veinte mil de esas bocas. La hoja de una col puede tener hasta cien millones de ellas. Cada una de estas bocas está formada por dos células que parecen dos guisantes convergentes: se cierran y se abren como una ventana. Si el aire es demasiado frío y húmedo, los estomas se cierran. Si tú hicieras lo mismo con la boca, no atraparías nunca una pulmonía.

Pero si el aire está tan seco que podría ocasionar una evaporación excesiva del agua de la planta, la hojita cierra sus poros o los estrecha, o bien achica su boquita. Eso es lo que se llamaría aire acondicionado.

Naturalmente, aquel Ingeniero que trazó estas ventanitas tuvo también la preocupación de colocarlas en la parte inferior de la hoja; porque la parte superior habría estado expuesta a recoger una cantidad de polvo que habría bloqueado fácilmente el paso del aire.

Mantas. -Además entre esas ventanitas crece una multitud de pelillos, los cuales actúan como verdaderas trampas que aprisionan el aire y lo conservan el tiempo suficiente para que ese intercambio de gases -es decir, aprisionar el CO2 y liberar el 0- pueda efectuarse sin dificultad. Además, esa capa de aire actúa como una manta que protege a la hoja de los cambios repentinos de temperatura. Debemos una palabra de gratitud a esas hojas, porque están purificando incesantemente nuestro aire. Tus pulmones toman oxígeno del aire y se lo devuelven en la forma irrespirable de dióxido de carbono. Con esos dos mil seiscientos cuarenta millones de pares de pulmones que están soplando sin cesar en nuestro planeta, a estas horas deberíamos haber agotado ya todo el oxígeno de la atmósfera; pero ¡no tengamos miedo!: el aire se conservará siempre tan fresco como en los tiempos del rey Arturo; de modo silencioso esas hojitas seguirán liberándonos de los tóxicos que nuestros pulmones están vaciando constantemente en el aire.

Y todavía hay sujetos por ahí que, como aquellos romanos que se hacían servir por sus esclavos, siguen respirando tranquilamente este aire y devorando su ensalada sin importarles un bledo esos humildes servidores nuestros…, ni tampoco su Creador.

A mí me han dado siempre mucha compasión esas hojas de olivo que cuelgan del pico a la palomita de la paz de Picasso. ¿Quién envía eso? Si la filosofía roja no puede ver trazas de Dios en el designio de una hoja, poca esperanza hay de que sus adeptos vean un don de Dios en la paz que representa. ¡Vuélvete atrás, pichoncito! Deja caer esas hojas. Di a esos ilusos que sería mejor una calabaza.

«EL QUE SABE BIEN ORAR, SABE BIEN VIVIR», dice san Agustín. No lo olvides. Y para ello esta solución magnífica: Cada mañana y cada noche LAS TRES AVEMARÍAS A LA SANTÍSIMA VIRGEN.

Mensajes de fe 14

03 sábado Ene 2015

Posted by manuelmartinezcano in Mensajes de fe, Uncategorized

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La inmortalidad del alma humana

Gustan los Testigos de Jehová de discutir con argumentos tomados de la etimología de las palabras. Por existir en la Biblia diferentes términos para expresar el concepto de alma, lo emplean como uno de los motivos para fundar en ello su doctrina sobre la mortalidad del alma. En la exposición de su doctrina los conceptos más frecuentes son, en resumen, éstos:

Alma, en hebreo «nephesh», es igual que criatura viviente. Designa también este término a los animales, y es mortal; la palabra griega «psyché» se emplea en sentido análogo.alma

La Biblia declara que sólo Dios es inmortal (1 Tim 1, 17; 6, 16). Dios puede no sólo destruir el cuerpo, sino la vida ultra terrena. La doctrina de la inmortalidad del alma es de origen demoníaco, puesto qué le fue dicho a Eva, por; la serpiente: «No moriréis» (Gen 3, 4).

La semejanza de Adán con Dios (Gen 1, 26) consiste en el dominio de las criaturas inferiores. El alma humana sólo se distingue de aquéllas por la inteligencia.

Respuesta católica. – Ante todo, consideramos un error reducir todos los argumentos a cuestión de palabras. Estas no pueden interpretarse sólo por la etimología, sino que deben serlo por el sentido que, en el momento de emplearse, tuvieron; las palabras, con el tiempo, con el uso, pierden o cambian, reducen o amplían su sentido original, como vemos incluso a diario. Por eso, para interpretar palabras bíblicas habrá que tener en cuenta el momento y ambiente bíblico en que se pronunciaron.

Otro error es reducir solo, o partir solo, del Antiguo Testamento para una cuestión de la importancia de ésta. El Antiguo Testamento no define todos los aspectos y matices de la revelación. Ésta fue progresando (como sabe cualquier lector asiduo de la Biblia, y, por lo tanto; los Testigos de Jehová), hacia el Nuevo Testamento y, sobre todo, dentro de éste.

Procuraremos exponer brevemente algunos de los diferentes sentidos de las palabras nephesh (alma), ruacb (Espíritu), psyche (alma), pneuma (Espíritu).

Nephesh. -Alma. Es palabra· que tiene significado muy amplio. Se emplea en el sentido de ser viviente: como animal, hombre y hasta Dios. Animal: Gen 1,21. Hombre: Ex 1,5. Dios: ls 42, 1.

Ruach. – Espíritu. Tiene un significado menos general pero también muy variado. Quiere decir, «espíritu», con el especial significado de «viento»: Is 7, 2. Y significa también «espíritu», como contrapuesto a «carne»: Is 31, 3.

Psyché. – Vida. (Mt 2, 20; 6, 25; Mc 3, 4). Hombre, individuo (Hech 2, 41; 1P 3, 20)  Animo (Mt 22, 37). Parte vital, en oposición a cuerpo (Mt 16, 26; Lc 9, 56 y Jn 12, 25).

Pneuma. – Tentado y conmovido en su Espíritu. (Jn 13, 21). Conoce con su espíritu (Mc 2, 8). Encomendó su Espíritu (Lc 23, 46). En oposición a cuerpo (1 P 3, 18). Opuesto al cuerpo: «la carne es débil» (Mt 26, 41). Cuando no está con el cuerpo, éste está muerto. (Sant 2, 26) y (Ap 11, 11). Con la muerte vuelve a Dios (Lc 8, 55). El espíritu no tiene carne ni huesos (Lc 24, 39).

En resumen. Nephesh, para todo ser viviente: Olas; el hombre y los animales. Psyché, afirmativa de la parte inmaterial del hombre. Ruach, atribuido al hombre, animales y espíritu que vuelve a Dios. Y Pneuma, inequívoca de la parte inmaterial. El declarar la Biblia que sólo Dios es inmortal, por boca de san Pablo en su primera carta a Timoteo (6, 16), no va contra la inmortalidad del alma. Lo que pretende decir san Pablo, y entendemos cualquiera, es que Dios es el único ser inmortal, en cuanto que no ha recibido la inmortalidad de nadie, como ser eterno, sin principio y sin fin: increado. No así nosotros, a quienes nos ha sido dada, y que, en cierto momento, empezamos a existir, siendo mortales en cuanto al cuerpo. De hecho, la Biblia declara en innumerables pasajes, más o menos claramente, que el hombre supervive después de la muerte. Esto puede comprobarse en muchos libros, desde el Génesis (15, 15), en que se dice que Abraham se reunirá con sus padres en su muerte, hasta Filipenses (1, 22-23), en que san Pablo duda entre vivir, para ser útil a sus hermanos, o morir, para estar con Cristo.

Sobre la destrucción del alma por Dios, los Testigos emplean como argumento los versículos de Mt 10, 28 y Lc 12, 4-5: «temed al que puede destruir (traducen ellos), matar (Bover-Cantera), perder (Nacaro. Colunga), alma y cuerpo en la gehena». Es evidente que la única traducción recta es aquí condenar, arruinar, perder, igual que se emplea en el caso de Mt 10, 6: «las ovejas perdidas de la casa de Israel», pues no iba a mandar a sus discípulos a predicar a las ovejas «aniquiladas» de Israel. El mismo verbo se emplea en Lc 15, 4 Y 15, 8, al referirse a la oveja perdida y a la dracma perdida.

La serpiente sólo intentó demostrar la falsedad de la muerte, no la inmortalidad del alma (Gen 3, 4); por lo tanto, querer atribuirle una cosa que no dijo es antibíblico. San Pablo aclara que es el cuerpo el que ha heredado la muerte por el pecado de Adán, pero el espíritu vive en virtud de la justificación.

La semejanza del hombre con Dios no consiste en el dominio de las criaturas inferiores. La Biblia no afirma que los animales tengan una inteligencia inferior a la del hombre, sino que les niega toda inteligencia. En cambio, concede al hombre algunos de los atributos que se refieren a Dios (inteligencia, justicia, amor, etc.), consecuencia de la semejanza del hombre con Dios.

En resumen, que la doctrina de la mortalidad del alma, defendida por los Testigos de Jehová, no puede encontrar una base escriturística en que fundarse. Tampoco tiene, ni buscan ellos, una base filosófica de inexistencia de una personalidad sin un elemento material, puesto que admiten las existencias espirituales sin él: Dios, Cristo en cuanto ser espiritual antes de su Encarnación, los ángeles, etc. NI puede tampoco basarse un problema, tan serio y tan profundo, en simples análisis sobre etimologías de las palabras. Cualquiera, pues, de los argumentos que emplean, resulta absurdo para probar su materialismo sobre la doctrina del alma.

 

LA ORACIÓN ABRE LA PUERTA DE NUESTROS CORAZONES A LA ACCIÓN DE DIOS EN NOSOTROS. Y SI NOSOTROS, CREYENTES Y CATÓLICOS, ESTAMOS CONVENCIDOS DE ESTA ORDENACIÓN SOBRENATURAL DE LAS COSAS DE NUESTRA VIDA, INSTAURADA POR CRISTO, NOS PERSUADIREMOS DE QUE LA ORACIÓN ES UNA ACTIVIDAD FUNDAMENTAL, UNA ACTITUD NECESARIA Y NORMAL PARA EL RECTO Y SANTO DESARROLLO DE NUESTRA EXISTENCIA PRESENTE Y PARA LA CONSECUCIÓN DE LA FUTURA», enseña Pablo VI. Por esto todo cristiano debe orar diariamente. Jamás podemos olvidar las TRES AVEMARÍAS a la Santísima Virgen cada mañana y cada noche.

Mensajes de fe 13

27 sábado Dic 2014

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Las medidas-patrón del mundo

«Tenemos que admitir que el mundo está gobernado por Uno» (Santo Tomás de Aquino).trinidad

Nunca había brillado tan manifiesta esta unidad del mundo como hoy. Las reglas del universo se observan hasta en los más remotos rincones de la Creación. Un diminuto espectroscopio en un laboratorio en una noche silenciosa te dirá la uniformidad de la conducta del mundo. En contraste chillón con las divisiones que nosotros, los hombres, hemos introducido en esta mota de polvo a la que llamamos Tierra, el mundo se somete a las mismas leyes por todas partes. Aquí, en nuestro planeta, sucede que cuando cruzamos una frontera tenemos que cambiar de lenguaje, muchas veces hasta de vestido; los nombres de las estaciones están escritos en diferentes alfabetos; vienen luego las aduanas, las restricciones monetarias, fuera máquinas fotográficas, ley seca, prohibición del alcohol, rellenar nuevos formularios, examen sanitario por oficiales enfermeros, visados, registros, derechos, cambio de moneda. ¡Oh. Señor, por todas partes vemos la sombra .de la -torre de Babel! El pobre pasajero se va diciendo· para su capote: «Ahora estamos debajo de Tito; ahora, debajo de un comandante militar; ahora, de Kadar, ahora…» Por todas partes estamos bajo la estupidez humana que ha convertido este planeta en una jaula de gatos hambrientos, recelosos, egoístas.

Pero cuando hundimos el telescopio en el silencio de una noche nos sentimos elevados al reino de Dios; se acabó aquella locura antojadiza de los hombres. Por todas partes se encuentra la constancia invariable de un universo sometido a una misma ley: todo obedece a Su Voluntad.

La Ciencia va poco a poco descartando esas· medidas anticuadas de nuestros abuelos y exigiendo e imponiendo unidades y. medidas que sean legales hasta en las nebulosas más distantes.

Se dice que la yarda -esa anticuada medida inglesa- la fijó el rey Enrique I extendiendo su real brazo.

La pulgada era la medida media de los pulgares de tres escoceses de diferentes tallas. Así lo mandó el rey David de Escocia.

El metro se suponía que era la diezmillonésima parte del cuadrante del meridiano terrestre; pero todo el mundo sabe que esa medida es inexacta debido a los errores de los geodésicos.

Por consiguiente, en nuestras presentes condiciones, «el resultado de una medida exactísima es determinar, por ejemplo, cuántos átomos de hidrógeno entran en la longitud del brazo del rey Enrique o caben en el pulgar de tres escoceses, y esto, a decir verdad, no nos lleva muy hasta allá en el conocimiento de los misterios de la naturaleza» (Eddington). Por tanto, la Ciencia actual exige unidades de medida que sean fundamentales en la naturaleza sean éstas el radio del electrón o del universo, o cualquier otro-, de manera que la naturaleza pueda ser medida con sus propias medidas.

Después de haber descartado medidas arbitrarias, los físicos se quedan con lo que llaman las constantes primitivas de la Física:

e = la carga de un electrón.

m = la masa de un electrón.

M = la masa de un protón.

h = la constante de Planck.

C = la velocidad de la luz.

G = la constante de gravitación.

λ = la constante cósmica.

Estas son las medidas fundamentales del universo.

Estas son las siete cuerdas del arpa de la Creación.

Ellas deberían posibilitarnos el cálculo de cualquier otra constante en los fenómenos naturales. «Naturalmente -dice Eddington- hasta ahora no podemos efectuar este cálculo: es posible que sea demasiado intrincado. Actualmente, si queremos conocer la longitud de onda de la línea D del sodio, el único modo de que por ahora disponemos es el de medirlo; pero no hay duda ninguna de que tiene que existir un modo definido de calcularlo partiendo de la definición misma del sodio como un núcleo rodeado de once electrones, y a ese resultado deberíamos llegar usando solamente esas siete constantes que reseñamos arriba.

Así pues, podríamos considerar el universo como una sinfonía tocada sobre estas siete constantes primitivas, como nuestra música se basa en las siete notas de nuestra escala» (New pathways in Science, pág. 231).

La palabra misma universo se refiere a su unidad. Y la palabra constante se refiere a su uniformidad.

La Ciencia está segura de que la masa de un electrón, la constante de Planck y la carga de un electrón son absolutamente las mismas tanto aquí como en la nebulosa Virgo. ¿Podía rendir un tributo mejor a su arquitecto?

Yo creo todavía que esta familia humana es una a pesar de que existan tales pintorescas diferencias en lenguaje, en cocina, en folklore, en vestidos, en gusto; y a pesar también de que haya tantos matices de democracia en el mundo.

¡Cuán obligado me siento a admitir como el Doctor Angélico que la unidad de este mundo nos muestra que es obra de Uno y es gobernado por Uno!

—————————

Robert Kennedy, rezaba cada día esta oración, escrita por él: «Yo me abandono, oh Dios, en tus manos. Moldea esta arcilla como barro en las manos del alfarero. Dale una forma y luego rómpela si quieres; como fue tronchada la vida de John, mi hermano. Manda, ordena qué quieres que yo haga. Encumbrado, humillado, perseguido, incomprendido, calumniado, consolado, dolorido, inútil para todo, no me queda sino decir, a ejemplo de tu Madre: «Hágase en mí según tu palabra». Dame el Amor por excelencia, el amor de la Cruz, mas no de las cruces heroicas que pudieran alimentar el amor propio, sino de aquellas cruces vulgares, que lastimosamente llevo con repugnancia, de las que se encuentran cada día en la contradicción, en el olvido, en el fracaso, en los falsos juicios, en la indiferencia, en los rechazos y desprecios de los otros, en el malestar y los defectos del cuerpo, en las tinieblas de la mente y en el silencio y la aridez del corazón. Sólo entonces Tú sabrás que yo te amo, aunque yo no lo sepa; pero esto me basta». Aunque cada día nosotros no recemos una oración tan sublime, se sublima y se gana todavía más si rezas cada mañana y cada noche las TRES AVEMARÍAS A LA SANTÍSIMA VIRGEN.

Mensaje de fe 12

18 jueves Dic 2014

Posted by manuelmartinezcano in Mensajes de fe, Uncategorized

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Los hermanos de Jesús

«Mientras Él hablaba a la muchedumbre, su madre y sus hermanos estaban fuera y pretendían hablarle».

«Alguien le dijo: Tu madre y tus hermanos están fuera y desean hablarte».

«Y extendiendo su mano sobre sus discípulos, dijo Jesús: He aquí mi madre y mis hermanos. Porque quienquiera que hiciese la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, y mi hermana y mi Madre» (San Mateo XII, 47, 50).695x521xJESUS-Y-LOS-APOSTOLES.jpg.pagespeed.ic.HSopFWou8H

He aquí que un buen señor se entera un día por boca de alguien de que a la Virgen tuvo otros hijos además de Jesús y que, por lo tanto, no fue siempre virgen. Que ello es perfectamente cierto, pues lo dice la Biblia…»

Sin embargo, pocas cosas aparecen con colores tan definidos en la tradición cristiana como la Virginidad de María. Desde los primeros años del cristianismo se ha venido repitiendo hasta la saciedad y ha sido la firme creencia de todos los cristianos, que María fue virgen «antes del parto, en el parto y, después del parto». Lo mismo puede decirse de Jesucristo, en cuanto a que «fue., Hijo unigénito (único). La palabra ach y la griega adelphos, se traducen, al español como hermano. Sin embargo, es evidente, que al menos, en la antigüedad, esas palabras tenían un sentido mucho más amplio, equivaliendo más bien a la palabra española parientes. Ejemplos que se encuentran en la Biblia:

Tienes el caso típico de Lot. Lot era hijo de Aranm, quien a su vez era hermano de Abraham; luego, Lot era sobrino de Abraham. No obstante, en las Sagradas Escrituras se habla de Lot como de herma no de Abraham (Gé 13, 8,14).

Otro ejemplo: Labán era hermano de la madre de Jacob, luego tío de Jacob. También es llamado en la Biblia hermano de Jacob.

La palabra hermano, en el texto bíblico no significa necesariamente, hermano carnal, como la entendemos nosotros. Además, si los hermanos de Jesús» hubiesen sido verdaderos hermanos carnales del Salvador, ¿por qué nunca aparecen en la Biblia expresamente como hijos de María? ¿Más aún? Pues ahí tienes la patética escena de la Cruz: Jesús agonizante, en el Calvario, encomienda el cuidado de su santísima Madre a Juan, el discípulo amado: «Hijo, ahí tienes a tu  madre». De tenerla Virgen otros hijos, ¿no hubiese nuestro Señor encomendado el cuidado de la Virgen a éstos, que era a quienes correspondía tan sacratísimo deber?

Pero hemos alcanzado un punto en que tenemos que preguntarnos: ¿quiénes eran entonces estos «hermanos de Jesús»?

Probablemente este calificativo de «hermanos» se le haya aplicado en las Sagradas Escrituras a muy diversas personas más o menos íntimamente relacionadas con Nuestro Señor. Pero es evidente que tanto en el Evangelio, como en los Actos, como en las Epístolas, aparece un grupo de personas muy íntimas de Jesucristo, unidas a Él por lazos de parentesco que son a quienes con más frecuencia se les designa como «hermanos» de Jesús. A estos hombres los hallaremos en el grupo de los fieles, constituyendo un núcleo que se distingue por aparecer muy a menudo acompañando a la Santísima Virgen. Ellos son, Santiago, José, Judas y Simón. ¿Hasta qué punto fueron estos hombres, «hermanos» de Cristo? No hay la menor duda de que la mayor prueba de que tales «hermanos de Jesús» no eran hijos de la Santísima Virgen, es qué ellos tenían otra madre mencionada expresamente por el Evangelio. Esta mujer se llamaba también María, nombre extremadamente común en Palestina, lo cual contribuye a equívoco… San Mateo la menciona como madre de Santiago y de José (27, 56); san Marcos (15, 40) aclara que este Santiago es llamado el Menor, y que es distinto de Santiago hijo del Zebedeo. San Juan, por su parte, identifica, a esta María como la mujer de Cleofás y «hermana» de la Madre de Cristo (19-35). En consecuencia, Cleofás era el padre de Santiago, José y Judas… En cuanto a Simón, es designado como hijo de Cleofás por Hegesipo, el más antiguo historiador de la Iglesia.

Y ya tienes ante tus ojos a los cuatro personajes tan discutidos como poco estudiados. Indaga sus vidas, sus hechos, sus relaciones, para ver si puedes encontrar un solo dato que te permita afirmar que eran hermanos carnales del Salvador. Pero eso sí: olvídate por completo de la palabra «hermanos», que aparece en la Biblia, pues ya has visto el poquísimo valor que tiene para determinar el grado de parentesco. Estudiar una familia para anudar, por decirlo así, todos los lazos de parentesco, hasta llegar a constituir como una red perfecta en que se destaquen todas las relaciones familiares, es cosa que apasiona a muchos, pero es cosa también harto difícil, aunque se trate de una familia contemporánea. Si se trata de una familia que vivió hace veinte siglos, y de cuyos miembros sabemos poco, la dificultad entonces es algo así como escalar el Himalaya.

Por eso resulta difícil hablar con precisión de los parientes de Jesús, y cuando queremos situar el parentesco exacto de estos «hermanos», nos encontramos con que existen discrepancias. De todos modos, el parentesco en sí ya no interesa tanto; lo importante es dejar bien sentado que no eran verdaderos hermanos carnales.

Unos autores, llevados tal vez por la frase de san Juan, han entendido que María la de Cleofás era hermana carnal de la Virgen. El hecho de que en una misma familia hubiese dos hermanas con el mismo nombre no es cosa que deba asombrar pues no era tan raro entonces. Pueden citarse varios casos: Octavia, la hermana de Augusto, tuvo cuatro hijas que vivieron juntas, dos de ellas llamadas Antonia y las otras dos Marcela.

De todos modos, es muy posible que esta María no fuese hermana de la Santísima Virgen, aunque san Juan la llame «hermana» de la Madre del Señor, pues ya hemos visto el valor que debe darse a la palabra hermano.

La hipótesis científicamente más probable es la del P. Prat. Según él, María de Cleofás era viuda de Alfeo, levita, de quien tuvo a Santiago y a José. Posteriormente en segundas nupcias se casó con Cleofás, hermano de san José, el cual a su vez era viudo y tenía como hijos del primer matrimonio a Simón y a Judas. Por consiguiente, estos «hermanos» del Señor eran sólo sobrinos políticos de la Virgen.

No debe extrañar en absoluto la gran frecuencia con que estos personajes aparecen en torno a la Santísima Virgen. Es evidente que, después de la muerte de san José, ambas familias se unieron (cosa común entonces), lo que ocurrió antes de la vida pública del Salvador.

«EL VERDADERO DISCÍPULO DE CRISTO DEBE SER HOMBRE DE ORACIÓN. A TRAVÉS DE ELLA SE ABRE EL CIELO, ESTABLECIÉNDOSE UN DIÁLOGO DE AMOR ENTRE DIOS Y LOS HOMBRES», afirma Pablo VI. ¿Qué menos que cada mañana y cada noche hacer oración de veras rezando las TRES AVEMARÍAS a la Santísima Virgen?

Mensajes de fe 11

11 jueves Dic 2014

Posted by manuelmartinezcano in Mensajes de fe, Uncategorized

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LA FE DE UN RACIONALISTA

Abre tu reloj. – Abre tu relej, mira el mecanismo, oye el tictac; comprueba su exactitud; ve la finalidad de cada piececita, el escape, los cojinetes, la compensación; el papel de cada rueda, engranaje, diente, ranura; porque creo que no serás como aquel aficionado a relojero que me arregló una vez el reloj y me dijo, en tono triunfal: -Aquí lo tiene usted. ¡Y vea qué suerte: me ha sobrado una ruedecita!INTERIOR-ENGRANAJE

Cierra después cuidadosamente el reloj y vamos a ver si tienes coraje para rubricar la siguiente fórmula de fe que emplean los racionalistas:

Primer acto de fe. -«Creo firmemente que todas estas partes, echadas al buen tuntún en un montón informe, pueden ser lanzadas de nuevo al aire y resultar de ello que él caerse reconstruya este reloj nuevo perfectamente» Amén.

Segundo acto de fe. – «Creo firmemente que echando al aire, no digo ya piezas de recambio de esos relojes suizos, sino simples piezas de cromo, acero inoxidable, oro y plata, y dándoles suficiente tiempo, estas piezas, mediante la fricción y otras circunstancias, podrán adquirir la forma conveniente de piezas de reloj, de manera que al caer se dispusieran en perfecta posición y el resultado fuera un magnifico cronómetro de pulsera». Amén.

Tercer acto de fe. — Creo otrosí, con la mayor devoción y fe, que dejando aparte esas piezas de reloj y hasta esas piezas de metal, por el mero hecho de lanzar, al espacio corpúsculos primordiales interatómicos, podrían en viaje combinarse armoniosamente y darnos, como resultado las moléculas de los metales que, necesitamos, y, estos metales, la cantidad, la forma y número de ruedas y muelles y demás adminículos, de suerte que finalmente, en este maravilloso aterrizaje de emergencia, nos resultase un flamante reloj suizo». Amén.

¡Tres hurras por este terrible creyente racionalista! (Uno por cada acto de fe).

¡Bien, bien! ¡Enhorabuena por las maravillosas tragaderas de su fuerte fe! Pero, aún así, tiene que acordarse ese señor de que si la existencia de un reloj está pidiendo a voz en cuello la existencia de un relojero, es infinitamente mucho más cierto que la existencia de un universo reclame a voz en grito un Supremo Creador.

Credo de Nicea: «Creo en Dios, Padre Omnipotente, Creador de los Cielos y de la Tierra, de todas las cosas visibles e invisibles».

Credo del ateo: «Creo que el encuentro fortuito de los elementos primordiales formaron los núcleos, con sus propiedades radioactivas, los átomos con sus propiedades químicas, las moléculas con sus atribuciones físicas, las células vivientes, los órganos sensoriales, el corazón y hasta el cerebro pensante». (Eso del cerebro pensante verdaderamente no merecía la pena).

¿Qué credo es más difícil de tragar? Si Beethoven hubiese tenido que escribir, para su Missa Realis, la música de su orquesta para el acompañamiento de ese credo, mucho me temo que habría sucumbido de un ataque de agotamiento nervioso. La versión del credo ateo exige una fe mucho más fuerte que la del creyente católico. Sí, es una verdadera justificación por medio de la fe, o como dice Arnold Lunn: «La justificación de lo irracional por medio de la fe en lo racional».

Dos salmos. — Esto me trae a la memoria dos salmos: el uno inspirado y el otro muy inspirador, como vas a ver. El salmo inspirado lo recito yo todos los jueves y lo escribió el profeta David. El otro habría debido de ser compuesto por uno de esos racionalistas de la vieja cepa; pero, como parece que a esos señores no les sobra buen humor, se necesitó un alegre católico para darle forma. Aquí van los dos:

Salmo de David

«El Señor es mi pastor y nada me falta.
Él me da lugar de reposo donde hay verdes pastos,
y me guía a la orilla de las frescas aguas; me conforta y me alegra.
Él recrea mi alma y me guía siempre por caminos seguros.
Por muy oscuro y tenebroso que sea el valle por donde va mi
camino no temo nunca, porque Él está conmigo.
Tu báculo y tu cayado han sido mi fortaleza.
Mis enemigos me espían con envidia, mientras tú dispones un banquete para mí.
Tú unges abundantemente mi cabeza con aceite. Tú llenas hasta los bordes mi copa.
La casa del Señor será mi morada por años sin fin».

(Salmo XXII).

Salmo del materialista

«La Ciencia es mi pastora. No me faltará nada.
Ella me acuesta en un colchón de espuma de goma.
Ella me guía sobre las autopistas de seis calles.
Ella rejuvenece mi glándula tiroides.
Ella me guía por los senderos de psicoanálisis para encontrar la paz del alma.
Sí; aunque yo tuviera que atravesar el valle del telón de acero, no tendría miedo del comunismo, porque tú estás conmigo.
Tu pantalla de radar y tu bomba de hidrógeno me confortan.
Tú me has preparado un banquete en presencia de los dos mil millones de hambrientos que hay en el mundo.
Tú unges mi cabeza con la permanente.
Mi vaso de champaña rebosa de espuma.
Ciertamente la prosperidad y el placer me acompañarán todos los días de mi vida y habitaré por siempre en Shangri-Ia»

(E. J. Zeigler).

A mí me gusta mucho el de Plunkett. Aquí lo tienes, en su traducción castellana:

Tú le puedes ver

Su cuerpo brilla en los eternos hielos;
veo en la estrella un rayo de sus ojos.
Sus lágrimas destilan de los Cielos;
sangra su sangre en los claveles rojos.
Su palabra está escrita en cada roca;
y el trueno o el trinar del ruiseñor
son matices del habla de su boca.
Su rostro se refleja en cada flor.
Recorrieron sus pies todo camino;
su fuerte corazón late en el mar;
su corona se enzarza en cada espino;
cada árbol es su cruz, cada árbol es su altar.

(J. Plunkett).

Dice el Dr. Carrel: «EL HOMBRE TIENE NECESIDAD DE DIOS COMO TIENE NECESIDAD DE AGUA O DE OXIGENO». Respira cada día a Dios rezando cada mañana y cada noche las tres Avemarías a la Virgen Santísima.

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Unión Seglar de San Antonio María Claret

P. José María Alba Cereceda, S.I.

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Ejercicios Espirituales predicados por el P. Cano

Meditaciones y Pláticas del P. José María Alba Cereceda, S.I.

Varios volumenes de apóx. 370 páginas. Precio volumen: 10 €. Pedidos: hnopablolibros@gmail.com

Twitter Papa Francisco

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Twitter P. Cano

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“Espíritu Santo, infúndenos la fuerza para anunciar la novedad del Evangelio con audacia, en voz alta y en todo tiempo y lugar, incluso a contracorriente”. Padre Santo Francisco.

"Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la construyen. (Salmo 127, 1)"

Nuestro ideal: Salvar almas

Van al Cielo los que mueren en gracia de Dios; van al infierno los que mueren en pecado mortal

"Id al mundo entro y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado" Marcos 16, 15-16.

"Es necesario que los católicos españoles sepáis recobrar el vigor pleno del espíritu, la valentía de una fe vivida, la lucidez evangélica iluminada por el amor profundo al hombre hermano." San Juan Pablo II.

"No seguirás en el mal a la mayoría." Éxodo 23, 2.

"Odiad el mal los que amáis al Señor." Salmo 97, 10.

"Jamás cerraré mi boca ante una sociedad que rechaza el terrorismo y reclama el derecho de matar niños." Monseñor José Guerra Campos.

¡Por Cristo, por María y por España: más, más y más!

www.holyart.es

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