Mira Señor que necesitada está mi alma de Tu protección.
Limpia con Tu preciosa Sangre mi corazón del resentimiento, del rencor, del odio, de la indiferencia, de la mentira, de la traición, del egoísmo, de la falta de fe, de la falta de esperanza.
Señor, ten piedad de mí, porque sé que cada vez que escucho los malos pensamientos, me alejo de Ti y quiero siempre estar junto a Ti, sé que soy débil y solo contigo puedo vencer.
Por Tu dolorosa Pasión, por Tu Preciosa Sangre derramada por amor a toda la humanidad, ¡ayúdame! Líbrame del mal, fortalece mi mente e ilumínala para que sepa discernir el bien del mal, y siempre siga los pensamientos bondadosos, que construyen, que unen, que aman y haga el bien por donde pase.
Por Tu Preciosa Sangre convierte mi alma verdaderamente, que solamente actúe dando testimonio de Ti, que sea un instrumento de Tu Amor, un instrumento de Tu Paz y solo yo viva para Ti y Tu vivas para siempre en mí.
Oh Preciosísima Sangre de mi amado Jesús, Tú has vencido al maligno, y ya no puede acercarse a Ti, porque todo lo has bañado con Tu amor. Cúbreme y del enemigo ¡defiéndeme!
Santa Sangre de Cristo, ¡lávame! Amén.

Virgen María: por las lágrimas que derramaste y el dolor que sentiste al ver a tu Hijo cargado con la cruz, como cargado con nuestras culpas, llevando el instrumento de su propio suplido de muerte; Él, que era creador de la vida, aceptó por nosotros sufrir este desprecio tan grande de ser condenado a muerte y precisamente muerte de cruz, después de haber sido azotado como si fuera un malhechor y, siendo verdadero Rey de reyes, coronado de espinas; ni la mejor corona del mundo hubiera sido suficiente para honrarle y ceñírsela en su frente; en cambio, le dieron lo por del mundo clavándole las espinas en la frente, aunque le ocasionarían un gran dolor físico, aún mayor sería el dolor espiritual por ser una burla y una humillación tan grande; sufrió y se humilló hasta lo indecible, para levantamos a nosotros del pecado; te acompañamos en este dolor… Y, por los méritos del mismo, haz que seamos dignos vasallos de tan gran Rey y sepamos ser humildes como Él lo fue. Dios te salve, María,…
«Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación y de las palabras de mi clamor?
A tu corazón le canto así María, toma entre tus manos hoy toda mi vida. Acompaña mi camino, con tu amor para seguir a Jesús como tú, María.