Contracorriente

~ Blog del P. Manuel Martínez Cano, mCR

Contracorriente

Publicaciones de la categoría: Uncategorized

El Juicio Particular

17 miércoles Jul 2013

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Inmediatamente después de la muerte tiene lugar el juicio particular, en el que la sentencia divina decide el estado eterno de los que mueren. Jesucristo dice al buen ladrón: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso” (Luc 23,43). “Y por cuanto a los hombres les está establecido morir una vez, y después de esto el juicio” (Hebr, 9,27). “Cada uno dará a Dios cuenta de sí” (Rom. 14,12). “Todos hemos de comparecer ante el tribunal de Cristo para que reciba cada uno según lo que hubiere hecho por el cuerpo, bueno o malo” (2 Cor 5,10).

¿Qué sentirá nuestra alma al presentarse ante Cristo en la hora de la muerte? La misericordia del Señor es infinita, es nuestro padre, hermano y amigo, pero el día de nuestra muerte solo será juez. La Divina Misericordia le dijo a santa Faustina Kowaska: “Antes de venir como juez, abro de par en par la puerta de Mi misericordia, tiene que pasar por la puerta de mi justicia… Escribe: Soy santo, tres veces santo y siempre aversión por el menor pecado. No puedo amar al alma manchada por el pecado, pero cuando se arrepiente, entonces Mi generosidad para ella no conoce límites. Mi misericordia la abraza y justifica”. La Imitación de Cristo nos advierte: “Teme los juicios de Dios; te cause espanto la ira del Todopoderoso; no cuestione las obras del Altísimo; examina más bien tus maldades, en cuanto pecaste y cuan numerosas buenas obras descuidaste” (L. 3,21).

Es terrible caer en las manos de un Dios ofendido ¿Qué será de mí en aquel momento? ¿A quién rogaré para que me defienda? ¿A la Virgen Santísima? ¡Sí! Ella me defenderá de las acusaciones de Satanás, si desde ahora mismo soy fidelísimo hijo suyo, porque en aquel momento de la entrada en la eternidad no habrá tiempo. Jesús nos recuerda: “Yo os digo que de toda palabra ociosa que hablaren los hombres habrán de dar cuenta el día del juicio”. Sí: “el Señor sacará a plena luz lo que está en los escondrijos de las tinieblas” (1 Cor 4,5).

Tendremos que dar cuenta de los bienes recibidos. San Gregorio nos recuerda que: “Cuando se multiplican los dones recibidos crece también la obligación de dar cuenta de ellos”. Daremos cuenta del mal que hemos hecho de pensamiento, palabra y obra contra Dios, contra el prójimo y contra nosotros mismos. La parábola de los talentos (Mt. 25,14). Nos recuerda que daremos cuenta del bien que dejemos de hacer. Y también daremos cuenta del bien que hacemos imperfectamente: santa Misa, oraciones, comuniones, apostolado. ¿Qué podrás alegar que te sirva de excusa? Hagamos propósitos firmes de hacer siempre y en todo la voluntad de Dios. “Si nos juzgásemos a nosotros mismos, no seríamos condenados” (1 Cor 11,31). Virgen Santísima, Madre mía intercede por mi ante tu divino Hijo.

Vivamos el momento presente en la presencia de Dios, porque vamos a ser juzgados por su infinita justicia: “¡Oh poderoso Dios mío! Pues aunque no queramos, nos habéis de juzgar, ¿por qué no miramos lo que importa teneros contentos para aquella hora?” “¿Qué será aquel día cuando nos vengáis a juzgar?” (Santa Teresa de Jesús). “Temamos, Padres, temamos; que Juez tenemos a quien dar cuenta, y cuenta más estrecha que la gente del pueblo, la cual como ha recibido menos, dará menor cuenta; más a nosotros se endereza de lleno aquella terrible y verdadera palabra, que dijo el Señor: “A quien mucho es dado, mucho le será pedido” (Luc 12,48) (San Juan de Ávila).

San José María Escribá de Balaguer nos recuerda: “Ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos”, rezamos en el Credo. Ojalá no me pierdas de vista ese juicio y esa justicia… a ese Juez “¿No brilla en tu alma el deseo de que tu Padre Dios se ponga contento cuando te tenga que juzgar”. “Hay mucha propensión en las almas mundanas a recordar la Misericordia del Señor. Y así se animarán a seguir adelante en sus desvaríos”.

Nuestro juez es sapientísimo. Lo sabe todo, no lo podemos engañar. Es rectísimo, en aquel día pasó ya el tiempo de la Misericordia Divina. El Santísimo aborrece infinitamente el pecado y tiene poder infinito para castigarlo. El juicio será rigurosísimo: pensamientos, palabras, obras, omisiones, vanidades… todo será pesado en la balanza divina. Unos oirán: Ven bendito de mi Padre; y otros: vete, maldito. Sentencia irrevocable. Medítalo bien, sin prisas.

María, Madre de misericordia, sé mi abogada y defensora; san José protector de los moribundos, alcánzame una santa muerte; ángel de mi guarda no me dejes sólo ni de noche ni de día. ¡Jesús mío y Dios mío, antes morir que pecar!

Vida de San José V: Santidad de San José

17 miércoles Jul 2013

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El nombre de José en hebreo significa «acrecentamiento», el que «va en aumento», de virtud en virtud, y no cabe duda que fue excelsa su santidad.

1) Por la convivencia con la Virgen María. No hay lugar a duda que el ambiente religioso en que uno vive, el trato con personas santas y ejemplares nos hace más santos. «Y siendo María, conforme dice San Bernardino de Sena, la dispensadora de las gracias que Dios concede a los hombres, ¿con cuanta profusión no es de creer enriqueciese de ellas a su esposo San José, a quien tanto amaba, y del que era respectivamente amada?».

Santo Tomás de Villanueva hablando de María dice que era de tal manera Virgen, que hacía vírgenes a cuantos la contemplaban. San Jerónimo es del parecer que San José permaneció siempre virgen, debido a la compañía de su virginal Esposa; y así apostrofando al hereje Elvidio, que negaba la virginidad de María, argumenta de esta manera: «Tu dices que María no permaneció siempre virgen; yo digo que San José conservó la virginidad por la Virgen María».

2)  Por la convivencia con Jesús. Si el roce de la túnica de Jesús curaba a los enfermos, saliendo virtud de El… ¡cuánta no sería la virtud de San José y la santidad recibida de Jesús, al que llevaba en sus brazos!…

San Alfonso María de Ligorio lo dice así: «¿Cuánto no es también de creer aumentase la santidad de José el trato familiar que tuvo con Jesucristo en el tiempo que vivieron juntos? Si los dos discípulos que iban al castillo de Emaús se sintieron inflamados en el divino amor en los cortos momentos que estuvieron en compañía del Salvador y escucharon sus palabras, por manera que se dijeron después uno a otro: «¿No ardían nuestros corazones dentro de nosotros mientras en el camino nos hablaba y nos declaraba las Escrituras?» (Le. 24,32), ¿qué llamas de acendrada caridad no debemos suponer encendidas en el pecho de José por las conversaciones que durante treinta años consecutivos tuvo con Jesucristo, escuchando sus palabras de vida eterna, observando sus ejemplos de perfecta humildad, de paciencia y de obediencia, viéndole dispuesto para ayudarle en sus laboriosas fatigas y servicial en todos los domésticos quehaceres? ¿Qué incendio de amor divino no debían levantar estas antorchas de caridad en el corazón de José, purificado como estaba de todo afecto terreno?

Catecismo Social XXII: Democracia III

17 miércoles Jul 2013

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5 -¿No hay una teoría aceptable de democracia política para un católico?

Sí, la expuso Pío XII, en su radiomensaje navideño de 1944. Resumiremos el pensamiento pontificio de Pío XII en estos apartados:

 

a) Según las enseñanzas de la Iglesia, no está prohibido preferir gobiernos moderados de forma popular, salvando la verdad de que la autoridad viene de Dios, aunque los ciudadanos designen a sus gobernantes.

 

b) Hay que distinguir entre pueblo y masa. La masa es un conjunto desordenado e inorgánico, manejado por los medios de seducción, agitación y propaganda. «El pueblo vive de la plenitud de vida de los hombres que la componen, cada uno de los cuales -en su propio puesto y según su propio modo- es una persona consciente de su propia responsabilidad y de sus propias convicciones.» Lo que no tiene nada que ver con el sufragio universal en que por mayorías se decide sobre cualquier materia, aunque sea contra la Ley de Dios. La democracia preconizada por Pío XII, supone la organización social con el reconocimiento de la familia, de la profesión, de los cuerpos sociales, de las entidades que conjugan y forman la nación.

 

c) La democracia, según Pío XII, se funda en el reconocimiento de la persona, del Estado y del poder público, «con sus respectivos derechos, (que) están tan unidos y conexo s entre sí, que, o se mantienen firmes o se arruinan conjuntamente. y puesto que aquel orden absoluto, a la luz de la sana razón, y concretamente de la fe cristiana, no puede tener otro origen sino un Dios personal, Creador nuestro, síguese que la dignidad del hombre es la dignidad de la imagen de Dios, la dignidad del Estado es la dignidad ‘de la comunidad moral querida por Dios, la dignidad de su participación en la autoridad de Dios. «<Benignitas et humanitas», 22).

 

Sumariamente podemos decir que la democracia política aceptable debe salvar «la doctrina católica sobre el origen y ejercicio del poder público». De ahí «la dignidad del Estado (que) es la dignidad de una comunidad moral que Dios ha querido, y la dignidad de la autoridad política es la dignidad de una participación en la autoridad de Dios».

 

También la democracia política válida para una conciencia cristiana, especifica que la igualdad de los hombres no supone el igualitarismo, sino reconocer que la misma naturaleza ordena desigualdades de cultura, bienes y posición social, dentro de la más clara justicia y caridad. «Esas desigualdades, lejos de lesionar, en manera alguna, la igualdad civil, le dan su significado legítimo, es decir: que ante el Estado, cada uno tiene derecho a vivir honradamente su existencia personal en el puesto y en las condiciones en que los designios y la disposición de la Providencia lo han colocado.» O sea, que la democracia política, reconocida por la Iglesia, es lo más contradictorio a la tiranía de las masas emborrachadas por los partidos políticos, las demagogias antisociales, las plutocracias inmorales y las dictaduras marxistas. Sólo así se puede aceptar la democracia. Lo dice Pío XII: «La Iglesia tiene la misión de reclamar al mundo, ansioso de más perfectas formas de democracia, el mensaje más alto y más necesario que pueda existir: la dignidad del hombre y la vocación a la filiación divina». (Radiomensaje navideño de 1944).

 

6 -El origen del poder, ¿no es el resultado electoral de las mayorías, lo que se llama la soberanía popular?

No, afirmar que el poder viene de la llamada soberanía popular es rigurosamente herético, resultado del libre examen protestante. La Biblia enseña que el poder viene de Dios. Veámoslo: «Por mí reinan los reyes… ; por mí mandan los príncipes y gobieran los poderosos de la tierra» («Proverbíos», VIII, 15-16). «Escuchad vosotros, los que imperáis sobre las naciones … ; porque el poder os fue dado por Dios y la soberanía por el Altísimo» (<<Sabiduría», VI, 3-4). «Dios dio a cada nación un jefe» (<<Eclesiástico», XVII, 4). «No tendrías poder alguno sobre Mí si no te fuera dado de lo alto» (Jesús a Pilatos) (Juan, XIX, 11). «Toda persona está sujeta a las potestades superiores: porque no hay potestad que no provenga de Dios, y Dios es el que ha establecido las que hay. Por lo cual, quien desobedece a las potestades, a la ordenación de Dios desobedece. De consiguiente, los que desobedecen, ellos mismos se acarrean la condenación» (Romanos, XII, 1-2).

Para la Historia XXII: Respuesta del Arzobispo de París a la Carta Colectiva del Episcopado Español

17 miércoles Jul 2013

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París, 7 de septiembre de 1937. 32, Rue Barbet de Jouy (7º)

Eminencia:

Permítase exprese a Vuestra Eminencia y a sus Venerados Hermanos en el Episcopado nuestra gratitud y nuestra admiración, y ruego a V. E. R. perdone el retraso, que ha sido motivado por una prolongada ausencia mía de París.

La carta tan conmovedora que nos ha dirigido es verdaderamente luminosa.

¡Con qué claridad analiza las causas que han acarreado, en vuestra nación, la horrible guerra que aún continúa!

¡Qué servicio prestáis a todas las naciones del mundo, mostrándolas, con la luz de los hechos, a dónde conducen el ateísmo práctico, la relajación de costumbres, el desprestigio de la autoridad y la convivencia de los gobiernos con todas estas doctrinas de destrucción y de muerte!

Es una lección extraordinariamente oportuna la que nos dais, Eminencia.

Bajo esta sangrienta luz nosotros apreciamos mejor los peligros que nos amenazan y vemos con más claridad cuáles han de ser nuestra vigilancia y nuestra acción.

¿No es de toda evidencia que la lucha titánica que en sangrienta hoy el suelo de la católica España es en realidad la lucha entre la civilización cristiana y la pretendida civilización del ateísmo soviético?

Y esto es lo que da a esta guerra una grandeza incomparable y a vuestra actitud un carácter emocionante.

Sí; lo que está en juego en estas luchas es el porvenir de la Iglesia católica y de la civilización que ella fundó; porque no es solamente en favor de la España católica y tradicional por la que han caído vuestros héroes. Si vuestros Obispos, vuestros sacerdotes, vuestros religiosos, vuestras religiosas, vuestros fieles, han muerto a millares; si vuestra patria, tan bella en otros tiempos, ve hoy tantas iglesias incendiadas y destruidas, tantos tesoros artísticos destrozados y dispersos, tantos recuerdos incomparables desaparecidos; si, en una palabra, España ofrece, en esta hora, un sacrificio único en la Historia, es que los enemigos de Dios la habían escogido para que fuese la primera etapa en su obra de destrucción.

Este pensamiento nos conmueve profundamente y suscita en nuestras almas una simpatía y una gratitud que nos es sumamente difícil expresar.

¡Pero, Eminencia, a pesar de tantos dolores y tantas ruinas, una gran esperanza alborea ya para vuestra Patria!

Y ante todo, el heroísmo tan cristiano de vuestros hijos causa la admiración del mundo entero y añade un nuevo esplendor a la gloria de la caballeresca España. Más aún, la gran familia católica recordará a través de los siglos los sacrificios que los hijos de la noble España han decidido hacer para salvar su fe, y ella bendecirá por siempre su memoria.

En fin, la voz de vuestros millares de mártires, que es oída constantemente por Dios, ¿no atraerá sobre el país donde ellos tanto han sufrido todas las bendiciones del cielo?

Sí, Eminencia; la España del porvenir, siempre “muy cristiana”, siempre fiel, con la aureola de sus mártires, con el perdón generosamente otorgado a sus verdugos, con la unión de todos sus hijos en la obediencia y en la caridad, con un nuevo orden social establecido a la luz de las Encíclicas pontificias, con la gloria “inmarcesible”, en fin, que le ha merecido tanto heroísmo, emprenderá de nuevo, más bella y más confiada que nunca, el camino de sus gloriosos destinos.

Estos son, Eminencia, los votos y las ardientes oraciones de todos los católicos de Francia.

Besando su sagrada Púrpura, me repito de Vuestra Eminencia el más humilde servidor en Nuestro Señor.

            Firmado: † Juan, Cardenal Verdier, Arzobispo de París.

Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen XXVIII

17 miércoles Jul 2013

Posted by manuelmartinezcano in Uncategorized

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Parte Segunda

DE LA DEVOCIÓN MÁS EXCELENTE
A LA SANTÍSIMA VIRGEN

Motivos de esta perfecta consagración

146. Como por esta práctica se entregan al Señor por medio de su Santa Madre todas las buenas obras, esta buena Señora las purifica, las embellece y hace que su Hijo las acepte.
1.º Las purifica de toda inmundicia de amor propio y de ese apego imperceptible a las criaturas que se desliza insensiblemente en las mejores acciones. Desde el momento que aquellas obras se encuentren entre sus manos purísimas y fecundas, estas manos, que jamás han estado manchadas ni ociosas y que purifican cuanto tocan, despojan el don que se le hace de todo lo que puede tener de corrompido e imperfecto.

147. 2.º Las embellece adornándolas con sus méritos y virtudes. Es como si un labrador, deseoso de alcanzar la amistad y benevolencia de un rey, se fuese a la reina y le presentase una manzana, en la que consistía toda su renta, a fin de que ella la presentase al rey, y aceptando la reina el pequeño regalo del labrador, pusiese la tal manzana en un grande y hermoso plato de oro y la presentase así al rey de parte del labrador; de modo que ya entonces la manzana, que por si era indigna de ser presentada al rey, se habría convertido en un regalo digno de su majestad, en consideración a la bandeja de oro en que estaba puesta y por la persona que la presentaba.

148. 3.º María Santísima presenta estas buenas obras a Jesucristo, porque no guarda para sí nada de lo que se le ofrece; todo lo lleva a Jesucristo. Si se le da algo, se le da necesariamente a Jesucristo; si se la alaba, si se la glorifica, inmediatamente Ella alaba y glorifica a Jesús. Ahora, como en aquella ocasión en que Santa Isabel la alabó, canta cuando se la ensalza y bendice: Magnificat anima mea Dominum (Luc. 1,46).

149. 4.º María hace que Jesús acepte estas buenas obras, por pequeño y pobre que sea el don e indigno del Santo de los santos y Rey de los reyes.
Cuando presenta uno alguna cosa a Jesús por sí mismo y apoyado sobre la propia industria y disposición, Jesús examina el presente, y muchas veces lo rechaza a causa de la mancha de amor propio de que adolece, como en otro tiempo rechazó los sacrificios de los judios por estar llenos de su propia voluntad. Pero cuando se le presenta algo por las manos puras y virginales de su amadísima Madre, lo toma con sumo gusto, no considerando tanto lo que se le da, cuanto que se lo presenta su buena Madre; no mirando la procedencia del don, sino que se lo presenta su Madre. Así, María, que jamás ha sido rechazada, antes bien, siempre bien recibida de su Hijo, hace que Su Majestad reciba con agrado todo lo que, pequeño o grande, le presenta Ella; basta que María se lo presente, para que Jesús lo reciba y le agrade. He aquí el gran consejo que daba San Bernardo a cuantos conducía a la perfección: «Cuando queráis ofrecer alguna cosa a Dios, cuidad de ofrecérselo por las gratísimas y dignísimas manos de María, siempre que no queráis ser rechazados».

150. ¿No es esto lo que la misma naturaleza inspira a los pequeños para con los grandes, como lo hemos visto? ¿Por qué la gracia no ha de conducirnos a hacer lo mismo para con Dios, que está elevado infinitamente sobre nosotros y ante quien somos menos que átomos, teniendo además una Abogada tan poderosa, que jamás ha sido rehusada; tan industriosa, que sabe todos los secretos de ganar el corazón de Dios; tan buena y caritativa, que a nadie rechaza por pequeño y por malo que sea?
Luego expondré, en la historia de Jacob y Rebeca, la figura verdadera de lo que voy diciendo (183 y sigs.).

 

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