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Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen XIV

10 miércoles Abr 2013

Posted by manuelmartinezcano in Uncategorized

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25, acciones, agua pura, alimentados del pecado, alma, amor propio, bien útil, capaces de todo pecado, concebidos en el pecado, corrompidas, corrupci´n, cuerpo, cuerpos de pecado, debilidad, devoción, devociones, Dios, enfermedad, espíritu santo, facultades, glotones, gracia, incapacidad, inconstancia, indignidad, infierno eterno, infinitamente, iniquidad, ira, jesucristo, Jn 12, justicia, levadura, limpa, luces, mala, malas reliquias, mandamientos, mejores acciones, miseria, nubes, Nuestro Señor, oír como si no se oyese, operaciones, orgullososo, pasiones rebeldes, pecado, perezosos, perfección, primer padre, propi voluntad, puro, quotidie morior, rarzón, salvación, san pablo, santísima, sentimientos, sucias, tortugas, tratado, unión, vasija, ver como si no se viese, verdadera, vino, virgen

Parte Primera

DE LA DEVOCIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN
EN GENERAL

Modo de discernir la verdadera devoción a la Santísima Virgen,
de la falsa y aparente

TERCERA VERDAD

78. Nuestras mejores acciones suelen comúnmente ser sucias y corrompidas por el mal fondo que hay en nosotros. Cuando se pone agua pura y limpia en una vasija que huele mal, o vino en una cuba cuyo interior está maleado por otro vino que en ella hubo, el agua clara y el buen vino se malean y toman fácilmente su mal olor. Asimismo, cuando Dios pone en nuestra alma, maleada por el pecado original y el actual, sus gracias y celestiales rocíos o el vino delicioso de su amor, sus dones son ordinariamente maleados y corrompidos por la mala levadura y el mal fondo que el pecado ha dejado en nosotros; nuestras acciones, aun las virtudes más sublimes, se resienten de eso. Es, por tanto, de la mayor importancia, a fin de alcanzar la perfección, que no se adquiere sino por la unión con Jesucristo, vaciarnos de lo malo que hay en nosotros; no siendo así, Nuestro Señor, que es infinitamente puro y detesta infinitamente la menor suciedad en el alma, nos rechazará de ante sus ojos y no se unirá a nosotros.

79. Para despojarnos de nosotros mismos, es menester:
1.º Conocer bien, por las luces del Espíritu Santo, nuestro mal fondo, nuestra incapacidad para todo bien útil a nuestra salvación, nuestra debilidad en todo, nuestra inconstancia siempre, nuestra indignidad para toda gracia y nuestra iniquidad en todas partes. El pecado de nuestro primer padre nos ha maleado, agriado, fermentado y corrompido, como la levadura agría, fermenta y corrompe la maga en que se pone. Los pecados que actualmente cometemos, sean mortales o veniales, por más que estén perdonados, han aumentado nuestra concupiscencia, nuestra debilidad, nuestra inconstancia y nuestra corrupción, y han dejado en nuestra alma malas reliquias. Nuestros cuerpos están tan corrompidos, que el Espíritu Santo los llama cuerpos de pecado, concebidos en el pecado, alimentados del pecado, capaces de todo pecado; cuerpos sujetos a mil y mil enfermedades, que diariamente se corrompen y no engendran más que miseria y corrupción.
Nuestra alma, unida a nuestro cuerpo, ha llegado a ser tan carnal, que se la ha llamado carne: toda carne ha corrompido su camino (Gen. 6,12). -No tenemos por herencia más que orgullo y ceguera en el espíritu, endurecimiento en el corazón, debilidad e inconstancia en el alma, la concupiscencia, las pasiones rebeldes y las enfermedades en el cuerpo. Somos naturalmente más orgullosos que los pavos reales, más adheridos a la tierra que los reptiles, más envidiosos que las serpientes, más glotones que los animales inmundos, más coléricos que los tigres, más perezosos que las tortugas, más débiles que las cañas, más inconstantes que las nubes. No tenemos en nuestro fondo más que la nada y el pecado, y no merecemos de Dios más que su ira y el infierno eterno.

80. Después de esto, ¿debemos sorprendernos de que Nuestro Señor haya dicho que el que quiera seguirle debe renunciarse a sí mismo, y aborrecer su alma; que aquel que ame su alma, la perderá, y que el que la aborrezca, la salvará? (Jn. 12,25). Esta sabiduría infinita, que no establece mandamientos sin razón, no nos ordena aborrecernos sino porque somos dignos en alto grado de aborrecimiento; nada tan digno de amor como Dios, nada tan digno de aborrecimiento como nosotros mismos.

81. 2.º Para vaciarnos de nosotros mismos es menester morir a nosotros mismos todos los días; es decir, es menester renunciar a las operaciones de las facultades de nuestra alma y de los sentimientos de nuestro cuerpo; es menester ver como si no se viese, oír como si no se oyese, servirse de las cosas de este mundo como si no se sirviese uno de ellas, lo cual llama San Pablo morir todos los días: Quotidie morior (1 Cor. 15,31). Si al caer el grano de trigo en la tierra no muere, permanece solo y no produce fruto bueno (Jn. 12,24). Si no morimos a nosotros mismos y si nuestras devociones más santas no nos conducen a esta muerte necesaria y fecunda, no produciremos fruto alguno, y serán inútiles nuestras devociones; todos nuestros actos de justicia estarán mancillados por el amor propio y la propia voluntad, lo que hará que Dios tenga por abominación los mayores sacrificios y las mejores acciones que podamos ejecutar, y a nuestra muerte nos hallaremos con las manos vacías de virtudes y de méritos, y no tendremos una centella del amor puro que sólo se comunica a las almas muertas a sí mismas, cuya vida se esconde con Jesucristo en Dios.

82. 3.º Es menester escoger entre todas las devociones a la Santísima Virgen, la que más nos lleve a esta muerte propia, como que es la mejor y más santificante, porque ni es oro todo lo que reluce, ni miel todo lo dulce, ni lo más factible y practicado por la mayoría es lo más perfecto.
Como en el orden de la naturaleza hay operaciones que se hacen a poca costa y con facilidad, asimismo en el de la gracia hay secretos que se ejecutan en poco tiempo, con dulzura y facilidad, operaciones sobrenaturales y divinas que consisten en vaciarse de sí mismo y llenarse de Dios, y lograr así la perfección.
La práctica que quiero enseñar es uno de los secretos de la gracia, desconocido de la mayor parte de los cristianos, conocido por pocos devotos, practicado y gustado por menos. Para comenzar a descubrir esta práctica, he aquí una cuarta verdad que es consecuencia de la tercera

Página para meditar: Amigo de Cristo

02 martes Abr 2013

Posted by manuelmartinezcano in Padre Alba, Uncategorized

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Todo lo que se dice de que hay muchas actitudes pluralistas ante la religión, y que hay muchos puntos de vista en religión, es una pura patraña. Cuando hablaba nuestro Señor Jesucristo no se puso a exponer unas bellas teorías de religión-ficción para entretenimiento de superficiales, sino que nos enseñó con su ejemplo y nos predicó su doctrina, fuera de la cual no hay salvación: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. El Camino que debes seguir. La Verdad que debes conocer. La Vida que debes aspirar y debes vivir. Fuera de esto entramos en el campo de las ficciones y de las mentiras para engañarse y engañar.

No hay pluralismo, hay solamente dos maneras de vivir. Jesús nos lo dice rotundamente: “El que no está conmigo, está contra Mí.” Militar en el campo de Jesucristo cada día y cada hora es nuestro trabajo interior en el que nos debemos esforzar y vencernos. Esa es nuestra cruz. Por eso el mismo Señor nos había de decir: “Si alguno quiere venir en pos de Mí, niéguese así mismo, tome su cruz cada día y sígame.” Seguir a Jesucristo con la cruz detrás de Él.

Ese es el gran ideal que nuestra Asociación quiere alumbrar en vuestras almas cada día. A conseguir ese ideal se dirigen todas nuestras actividades y proyectos. No se trata de hacer de vosotros un grupo de jóvenes que sean buenos deportistas, buenos músicos, que tengan todos los conocimientos técnicos de la modernidad actual y que sean muy sabios. Lo que se pretende es que seáis de Jesucristo. Que Jesucristo sea el Rey de vuestro pensamientos, y por eso vuestras lecturas serán solamente las que os acerquen a Él y os lo hacen conocer y amar más. Que sea el Rey de vuestros corazones, y por eso vuestros sentimientos se han de cultivar en el trato personal con El: vida eucarística, centrada en la Santa Misa y en la comunión frecuente y diaria si es posible, y de no serlo en la diaria comunión espiritual. Que de cada uno de vosotros se pueda decir, lo que el mismo Señor dijo del que fue confesor de Sta. Margarita: el beato Claudio de la Colombière: “Este es mi amigo fiel.” Que seáis amigos de Jesucristo y que queráis mil veces perder la vida antes que perder su amistad. Esa es la entrada en la devoción al Sagrado Corazón, que se conmemora especialmente en este mes de junio.

Rvdo. P. José María Alba Cereceda, S.I.
Meridiano Católico Nº17, junio de 1978

La visión diabólica de León XIII

02 martes Abr 2013

Posted by manuelmartinezcano in P. Manuel Martínez Cano, Uncategorized

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El Papa León XIII introdujo para el fin de la misa la oración a San Miguel Arcángel después de haber tenido una visión terrorífica. No sabemos exacta­mente en qué consistía esta visión.

El padre Domingo Pechenino es­cribe en la revista «Ephemérides Li­túrgicas» lo siguiente:

 «El Papa había terminado su misa y estaba asistien­do a otra para dar gracias, como era su costumbre. De pronto se le vio le­vantar enérgicamente la cabeza fi­jándose en algo que vió por encima de la cabeza del celebrante. Miraba sin parpadear, pero con expresión de terror y de asombro cambiando de color. Algo de extraño y de gran­de se dibujaba en su rostro.

Por fin, como volviendo en sí, con un gesto de mano ligero pero enérgi­co, se levanta retirándose a su des­pacho privado. Los familiares le si­guen con premura y ansiosos. Le di­cen con reverencia: «Santo Padre, ¿no se encuentra bien?, ¿necesita algo?» Responde: «Nada, nada». Y se encierra por dentro. Al cabo de media hora hace venir al secretario de la Congregación de Ritos, y lar­gándole un folio, le ruega que lo lleve a imprimir y le haga llegar a todos los obispos del mundo. ¿Qué conte­nía? La oración que recitábamos an­tes al final de la misa con la súplica a María y todos los santos por la conversión de los pecadores y la exaltación de la Iglesia.

Dice así: «San Miguel Arcángel de­fiéndenos en la batalla. Sé nuestro amparo contra la maldad y asechan­zas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes; y tú, Príncipe de la milicia celestial, lanza al infier­no con el divino poder a Satanás y a los demás espíritus malignos que va­gan por el mundo para la perdición de las almas. Así sea.

La fecha de expedición de la carta a los obispos pidiendo esta oración es el año 1886. Asimismo compuso un exorcismo, recomendado a todos los sacerdotes, que figura en los ri­tuales.

Interesante es que Pío XI en 1930 pidiese que esta oración se aplicase por la conversión de Rusia.”

Todo esto se comprende si tenemos presente la tremenda presencia y la acción de Satanás en el mundo. «No estaré por más tiempo con voso­tros, porque viene el príncipe del mundo. Pero no tiene poder sobre mí«, dice el Señor a sus Apóstoles. Y San Pedro dice: «Sed sobrios y velad, porque el diablo está rondando como un león rugiente para devorar a quien pueda». Y San Pablo insiste en lo mismo: «No es nuestra lucha contra una naturaleza humana nor­mal, sino contra los príncipes, potes­tades y dominaciones de este mun­do oscuro, contra los espíritus malig­nos en los aires». ¡Estemos alerta!

P. Manuel Martínez Cano, mCR

La Indiferencia ignaciana

02 martes Abr 2013

Posted by manuelmartinezcano in P. Manuel Martínez Cano, Uncategorized

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San Ignacio dice que: “es menester hacernos indiferentes a todas las cosas criadas, en todo lo que es concedido a la libertad de nuestro libre albedrío y no le está prohibido; en tal manera que no queramos de nuestra parte, más salud que enfermedad, riqueza que pobreza, honor que deshonor, vida larga que corta y por consiguiente en todo lo demás, solamente deseando y eligiendo, lo que más nos conduce para el fin que somos criados”, que coincide siempre con lo que más agrada al Señor. Por tanto se debe evitar cuanto se piense, quiera, diga y haga que no vaya dirigido por la suprema razón de dar gloria a Dios.

 Imagen

El ejercitante, con la ayuda de la gracia divina, debe trabajar para llegar a la perfecta indiferencia respecto a las criaturas, no teniendo preferencias por ninguna por motivos puramente humanos. Deseando elegir sólo lo que más conduce a servir a Dios y a la propia santificación. Disposición del alma que se alcanza convirtiendo en amor a Dios todo el amor que sentimos naturalmente por las criaturas. La indiferencia se limita a las cosas puramente indiferentes o buenas en sí, antes de que se conozca la voluntad de Dios sobre ellas. Para lograrla hay que purificar el corazón de afecciones desordenadas, que todos nuestros afectos estén dirigidos a nuestro último fin,  la felicidad eterna.

El beato Juan XXIII decía que la consideración de la indiferencia es esencial, de tal modo, que sin esta meditación no son verdaderos Ejercicios Espirituales. Abraham es un ejemplo claro de total indiferencia entre la voluntad de Dios (Gen 12,1) “Cualquiera de vosotros que no renuncia a todos sus bienes, no puede ser mi discípulo” (Lc. 14,33). Y Jesús añade: “Nadie que haya dejado casa, mujer, hermanos, padres o hijos por el Reino de Dios, quedará sin recibir mucho más al presente y, en el tiempo venidero, la vida eterna” (Lc 18,30) y San Marcos concreta que recibirá: “el ciento por uno al presente, en casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y campos, con persecuciones y la vida eterna en el venidero” (Mc.10,30).

“El hombre, redimido por Cristo y hecho nueva criatura en el Espíritu Santo, puede y debe amar las cosas creadas por Dios. De Dios las recibe, y como procedentes de la mano de Dios, las mira y las respeta. Por ellas da gracias a su Bienhechor, y al hacer uso y disfrutar de todo lo creado en pobreza y libertad de espíritu, llega a posesionarse verdaderamente del mundo, como quien no tiene nada, pero lo posee todo” (cf 2 Cor 6,10: Todo es vuestro: vosotros de Cristo y Cristo de Dios (cf. Cor. 3, 22-23) Gaudium et Spes 37,4).

“El hombre, inmerso en esta batalla, tiene que combatir continuamente para seguir el bien, y sólo con grandes trabajos y con la ayuda de la gracia de Dios puede obtener la unidad dentro de sí mismo”(Gaudium et Spes 37,2).

En hacer las cosas necesarias y rechazar las perjudiciales para conseguir nuestro fin no hay indiferencia, sino determinación. En las demás cosas debemos procurar estar indiferentes. Lo cual no supone ni exige insensibilidad ni apatía, sino dominio suficiente para no dejarme guiar por las afecciones desordenadas sino por la razón iluminada por la fe, cueste lo que cueste. La indiferencia trae consigo paz, santidad, salvación eterna. Sin la indiferencia no progresaremos en el camino de la santidad. Una motita en el ojo impide ver con claridad; un hilillo atado a la pata, impide que el pájaro vuele.

 “Enséñame Señor, a hacer siempre y en todo tu voluntad” (Salmo 142,10). San Pablo: “¿Señor qué quieres que haga?”(H. 9,6). “Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”. La indiferencia no es una disposición pasiva, sino eminentemente activa y operativa que libra del alma de las criaturas para que pueda elevarse a Dios, haciendo siempre lo “que sintiere ser más gloria y alabanza de Dios Nuestro Señor y salvación del ánima” (San Ignacio).

Estando muy enferma, se le apareció el Señor a santa Gertrudis con rostro muy alegre. Llevaba en la mano derecha la salud y en la izquierda la enfermedad:”¡Elige!”. La santa cerrando los ojos se hecho en los brazos del Señor, que estaban abiertos: “No quiero ni salud ni enfermedad sino únicamente ese vuestro corazón y que vuestra voluntad se cumpla siempre perfectamente”.

San Ignacio termina el Principio y Fundamento así: «Solamente deseando y eligiendo lo que más nos conduce para el fin que somos criados”. Es el santo del más, más, más, más. Grandes deseos, pero que no se queden en deseos, sino elijamos y pongamos en práctica siempre lo que más me conduce a mi santificación eterna. Cuando vemos lo mejor se acabó la indiferencia. Hay que elegir y hacer lo que más gloria da a Dios.

P. Manuel Martínez Cano, mCR

Ideologías anticristianas

02 martes Abr 2013

Posted by manuelmartinezcano in P. Manuel Martínez Cano, Uncategorized

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Las ideologías modernas han sido fabricadas por mentes enfermizas, por hombres y mujeres que se han convencido que son “dioses”, como pretendieron Adán y Eva. Los nuevos “dioses” deforman la realidad y crean sus “nuevas” verdades, sus mentiras, sus vicios, sus corrupciones.

 

La rebelión actual del hombre contra Dios y su Ley divina, parte del principio moderno, aberrante, de que la verdad no existe. La verdad no es el conocimiento de la realidad de las cosas para ellos, la verdad es lo que determina el ideólogo de turno o el partido político en el poder. Las ideologías modernas fabrican y difunden las “libertades de perdición”, salidas del infierno. Los bárbaros modernos afirman y hacen lo que les viene en gana: asesinan a niños y niñas inocentes con el aborto, matan a enfermos y ancianos con la eutanasia, deshacen lo que Dios envió indisoluble con el divorcio; amparan la sodomía, experimentan con embriones –niños y niñas- en sus laboratorios “científicos”.

 

Las ideologías democráticas, nacidas de la Revolución Francesa, prescinden de Dios y atacan y destruyen los fundamentos sociales de los pueblos y naciones, recogidos por el Magisterio de la Iglesia Católica. La democracia moderna descristianiza a las naciones de raíces católicas. Su relativismo, agnosticismo, laicismo y ateísmo… esta pervirtiendo a las personas y a los pueblos. Las democracias actuales empujan a los ciudadanos a que se liberen de toda ley natural y divina. La democracia moderna, representativa sólo por los partidos políticos, nacida en Norteamérica no tiene nada que ver con la democracia directa propia de la antigua Grecia; nada tiene que ver tampoco con la doctrina social y política enseñada por el Magisterio de la Iglesia.

 

 Las democracias actuales no representan a la realidad social de las familias, las empresas, los municipios, los obreros, las asociaciones… Los partidos políticos sólo representan a sus propias ideologías anticristianas, impuesta en los Parlamentos, con la fuerza ciega de los votos y después en la sociedad, con sus leyes despóticas. Las democracias actuales imponen el Estado totalitario que destruye la familia, la educación y todo el orden natural creado por Dios.

 

La partitocracia es el campo de acción del “príncipe de este mundo”, disfrazado de ángel de luz. La nueva evangelización a la que hemos sido convocados por el Vicario de Cristo debe partir de la predicación de la Verdad. La sociedad asentará así sus principios absolutos y fundamentales. En la doctrina divina del Evangelio de Cristo, enseñado por nuestra Santa Madre Iglesia.

 

P. Manuel Martínez Cano mCR

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