El octavo día 67 – EL “HUMO DE SATANÁS” (III)

D. José Guerra Campos
El octavo día
Editorial Nacional, Torrelara, Madrid, 1973

También ahora, el Papa se refiere a «algo preternatural, venido al mundo precisamente para echar a perder y sofocar los frutos del Concilio». Podríamos sintetizar esta intervención diabólica del modo siguiente: uno de los propósitos del Concilio fue acercar la Iglesia al mundo actual, para comunicarle el Evangelio. Con este fin, es laudable, es necesario, tratar de comprender las preocupaciones de los contemporáneos, incluidos los ateos, y presentarles la palabra de Dios de forma que la sientan como una luz que orienta sus vidas. Pero con este pretexto, el demonio consigue que no pocos propugnen, desde dentro, un repliegue de la Iglesia a las posiciones del mundo: una como disolución de su fe y de su misión en las palabras y en los objetivos de aquél. La operación comprende tres partes, señaladas por el Papa el día 23 de junio (8):

Primera.- Vaciar la fe de su contenido revelado, transmitido por los Apóstoles y el magisterio, para confundirla prácticamente con una corriente de opiniones y deseos de este tiempo. «Algunos piensan -dice el Papa- que la Iglesia debería renunciar incluso a las certezas adquiridas, para dedicarse únicamente a escuchar las aspiraciones del mundo».

Segunda.- Prescindir de la constitución divina de la Iglesia, o, como dice el Papa: se rechaza «la Iglesia preconciliar» y se concibe una «Iglesia nueva, casi reinventada».

Tercera.- Reducir la misión de la Iglesia a una acción temporal, una acción política revolucionaria.

En el extremo de esta secularización o desacralización, que el Papa denuncia, desaparece la adoración de Dios; nos adoramos a nosotros mismos, concentrando la esperanza sobre el mundo que pretendemos construir en el tiempo.

Estas son las formas descaradas de la tentación; pero hay otras más ambiguas y disimuladas, que preparan el camino hacia aquéllas.

Cuando la Santa Sede nos previno a los obispos españoles, en relación con la llamada asamblea conjunta, sobre el peligro de ciertos errores, apuntaba en las tres direcciones que acabamos de indicar.

Es lo peor del humo, cuando es muy espeso, que oculta hasta los focos del incendio. El diablo trata de pasar inadvertido (9). Pero el Papa nos ha avisado. Conocer la enfermedad es un requisito, independiente de optimismos y pesimismos, para poder afrontarla con buen ánimo.

Con solicitud y confianza en Dios nos será dado conservar lo más precioso de la vida: la certeza y la alegría de la fe.

(31 de julio de 1972.)

NOTAS:

(8) Discurso sobre la situación de la Iglesia, ante el colegio cardenalicio.

(9) Una obra maestra del diablo, se ha dicho muchas veces, es conseguir que no se crea en su acción, o que se le reste importancia, como si fuese, según frase de un diario español (29 de junio de 1972), «un pobre diablo». El que está al acecho procura que no se alarmen los centinelas.

Semillicas 274

Padre Cano, m.C.R.

* La democracia es el opio de los políticos y seguidores.

* No hay ningún mandamiento que mande cambiar de moda cada temporada.

* La Virgen no se confundió cuando dijo que Ella Reinará en el mundo ¡Viva María Santísima!

* Se da por fenecida la concepción específicamente católica de las relaciones entre el Estado y la Iglesia.

* Mirad que no os engañe nadie. Porque vendrán muchos usurpando en Mi nombre y diciendo «Yo soy el Cristo» (engañarán a muchos).

* Para ateos y agnósticos de buena fe, que buscan la Verdad, el conocimiento de la Historia de la Iglesia podría ser el punto de arranque que les haga abandonar sus errores.

* Una tradición mariana es que viviendo la Virgen María en Palestina, se apareció a Santiago para animarle. Sobre una columna o pilar en la evangelización de España. ¡Nuestra Señora del Pilar antes morir que pecar!

Hispanoamérica. La verdad 203

Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

III

REPAROS QUE A ESPAÑA PUEDEN HACERSE EN SUS CAMPAÑAS POR LA HISPANIDAD (1)

¡Difícil cometido sostener la bandera de España en pro de la hispanidad! No somos ya lo que fuimos; en nuestra misma casa parecen haber sufrido grave derrota los principios fundaméntales de la hispanidad. Empeñarse hoy un español en hacer raza, podría parecer invitación a desvalorizar los grandes factores de la vida de un pueblo: tradición, historia, patriotismo verdadero, y, sobre todo, éste algo divino sin lo que ningún pueblo vive vida digna, la religión; este algo soberanamente divino, Jesucristo y su Evangelio, que han hecho de Europa lo que ni soñar pudieron Grecia o Roma y que ha merecido el repudio oficial en España. Ya podéis suponer que le sangra el corazón a un Obispo español que, lejos de su Patria, tiene que hacer esta confesión tremenda.

Y por la parte de América, se nos ofrece a primera vista un amasijo formidable de naciones, de razas, de tendencias diversas que se traducen en rivalidades y recelos, de lenguas y civilizaciones distintas, que hacen de esta bellísima tierra, que corre de las Antillas a Magallanes, una Babel más complicada que la del Senaar. Yo no sé quién ha hablado de los “Estados desunidos de la América del Sur”; y en un periódico español se ha escrito que el nombre de América es algo serio y sustancial para el mundo moderno, pero que debe referirse a los Estados Unidos, pues todo lo demás, dice, “es un revoltillo de españoles, portugueses, indios; negros y loros”.

Las objeciones son formidables, pero denuncian algo accidental en España y América, no un defecto medular que, acá y allá, haga inútil todo esfuerzo de hispanización.

Cuanto a España, confesemos un hecho: la desviación, hace ya dos siglos, de nuestra trayectoria racial. Desde que, con el último de los Austrias, nuestro espíritu nacional polarizó en sentido centrífugo, haciendo rumbo a París toda tendencia espiritual—filosofía y política, leyes y costumbres—, hemos ido perdiendo paulatinamente las esencias del alma española, y hemos abrumado con baratijas forasteras el traje señoril de la matrona España.

Confesemos todavía otro hecho, que no es más que la culminación explosiva de este espíritu extranjerizante: me refiero a nuestra revolución, de la que yo no quiero decir mal, porque no cabe hablar mal de la casa propia en la ajena, y menos cuando la pobre madre, por culpa de los hijos, se halla en trance de dolencia grave. Yo no creo que ningún español deje de querer bien a su Patria, aunque haya cariños que puedan matarla. Yo prefiero creer que muchos de mis hermanos de Patria andan equivocados, antes de creer en la existencia de malos patriotas: es más verosímil, porque es más humano, un desviado mental que un parricida.

Mostacicas 204

VIRGEN Y MÁRTIR, PATRONA DE EUROPA

Don Manuel

* «El concilio, en efecto, no ha abandonado la doctrina tradicional» (Danilo Castellani).

* Miles y miles de cristianos no han doblado las rodillas delante de Baal. Ni TV, ni fiestas deshonestas, ni políticas satánicas.

* «Es que no tengo tiempo para hacer oración». Pues el progreso en la vida cristiana es cuestión de oración. Quien fracasa en su vida cristiana es que ya dejó en la oración.

* La Iglesia como el mismo Cristo será siempre «signo de contradicción». Lo ha sido durante dos mil años, lo es hoy y lo será mañana hasta el fin de los tiempos. ¡El Cielo nos espera!

* El filósofo e historiador francés Hippolyte Taine, ha dicho: hubo un momento extraño y superior de la especie humana. De 1500 a 1700. España es el país más interesante de la tierra.

* Los que conocen por revelación divina el estado religioso al que Dios le llama son pocos, como los Apóstoles. El Señor se adapta a las cualidades del alma y le da la gracia que necesitan para elegir libremente.