Semillicas 271

Y, señalando con la mano a los discípulos, dijo: «Éstos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de mi Padre del Cielo, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre».

Padre Cano, m.C.R.

* Dicen los prepotentes que la Verdad no existe. Solamente es verdad lo que ellos dicen y hacen.

* ¿Cómo quieren que nos entendamos los mortales si debemos dudar de todo. Duda sistemática.

* La vida cristiana no es para cobardes. Cristo nos dice que seamos perfectos como Nuestro Padre es perfecto.

* «¿A qué nos lleva el racionalismo? A una drástica distorsión de la realidad como también del sujeto pensante: «el yo subjetivo devora al mundo objetivo» (Juan Fernando Segovia).

* ¡Uy, la que está cayendo! ¡que mal está España, el mundo! ¡A combatir! Nuestro Rey y Sumo Capitán Cristo nos dice: «No temáis Yo he venido al mundo».

* Todo está patas arriba. No podemos hacer nada. El mundo se autodestruye. Se paganiza. ¡No! La Virgen María es nuestro refugio y nuestro escudo en la batalla.

* A la vez que tilda de «inicua, criminal, antivida, antihumana y antisocial» LA LEY DE EUTANASIA. El cardenal Cañizares acusa al gobierno de abrir la puerta a la destrucción de España al indultar a los secesionistas.

Hispanoamérica. La verdad 200

Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

 I

AMÉRICA ES LA OBRA CLASICA DE ESPAÑA (5)

Porque la obra de España ha sido, más que de plasmación, como el artista lo hace con su obra, de verdadera fusión, para que ni España pudiese ya vivir en lo futuro sin sus Américas, ni las naciones americanas pudiesen, aun queriendo, arrancar la huella profunda que la madre las dejó al besarlas, porque fue un beso de tres siglos, con el que las transfundió su propia alma.

Fusión de sangre, porque España hizo con los aborígenes lo que ninguna nación del mundo hiciera con los pueblos conquistados: cohibir el embarque de españolas solteras para que el español casara con mujeres indígenas, naciendo así la raza criolla, en la que como en Garcilaso de la Vega, tipo representativo del nuevo pueblo que surgía en estos países vírgenes, la robustez del alma española levantaba a su nivel a la débil raza india. Y el español, que en su propio solar negó a judíos y árabes la púrpura brillante de su sangre, no tuvo empacho de amasarla con la sangre india, para que la vida nueva de América fuera, con toda la fuerza de la palabra, vida hispanoamericana. Ved la distancia que separa a España de los sajones, y a los indios de Sudamérica de los pieles rojas.

Fusión de lengua en esta labor pacientísima con que los misioneros ponían en el alma y en los labios de los indígenas el habla castellana, y absorbían, al mismo tiempo—sobre todo de labios de los niños de las Doctrinas—, el abstruso vocabulario de cerca de doscientas, no lenguas, sino ramas de lenguas que se hablaban en el vastísimo continente. Gramáticas, Diccionarios, Doctrinas, Confesionarios y Sermonarios, elaborados con amor de madre y paciencia benedictina, fueron la llave que franqueó a los españoles el secreto de las razas aborígenes y que permitió a éstas entrar en el alma de la madre España. Y paulatinamente se hizo el milagro de una Babel a la inversa, trocándose un pueblo de mil lenguas en una tierra que, valiéndose de la frase bíblica, no tenía más que un labio y una lengua, en la que se entendieron todos. Era la lengua ubérrima, dulce, clara y fuerte; de Castilla.

Con la fusión de lengua vino la fusión, mejor la transfusión de la religión. Porque el español, hasta el aventurero, llevaba, a Jesucristo en el fondo de su alma y en la medula de su vida, y era por naturaleza un apóstol de su fe. Se ha dicho que el conquistador español, mostrando al indio con la izquierda un crucifijo y blandiendo en su diestra una espada, le decía: “Cree o muere”. ¡Mentira! Esto puede denunciar un abuso, no un sistema. La palabra cálida de los misioneros, su celo encendido y sus trazas divinas, su amor inexhausto a los pobres indios fueron, con la gracia, los que arrancaron al alma india de sus supersticiones horribles y la pusieron a los pies del Dios Crucificado.

Mostacicas 201

«Esta generación perversa y adúltera exige un signo; pero no se le dará más signo que el del profeta Jonás. Tres días y tres noches estuvo Jonás en el vientre del cetáceo; pues tres días y tres noches estará el Hijo del hombre en el seno de la tierra».

Don Manuel

* Debemos guardar la Verdad con intransigencia.

* Hay muchos santos desconocidos. Pero santos que salvan muchas almas.

* Queremos mil veces perder la vida antes de perder la amistad con Nuestro Rey y Señor.

* «La Modernidad es entonces, el elogio de la razón emancipada, liberado, autónoma y autodeterminada» (Juan Fernando Segovia).

* Cristo dijo: «Yo soy el Camino la Verdad y la Vida» ¡Siempre al servicio de la Verdad. Lo de «carcas» y demás es de hombrecillos viendo la TV.

* Padre estoy enamorada de Pepa, pero no me hace caso. No confundas, Eustaquio. Una cosa es el sentimentalismo yo otra muy distinta el amor. Si no hay sacrificio no hay amor.

* «Oirías también rumores de guerra… Entonces os entregarán a la tortura y os matarán y seréis odiados de todos los hombres por causa de mi Nombre» (Mateo 24, 6-9).

HIMNO A JESÚS SACRAMENTADO

¡En la Cruz se escondía sólo la Divinidad, pero aquí se esconde también la Humanidad; creo y confieso ambas cosas, y pido lo que pidió aquel ladrón arrepentido!

Te adoro con devoción, Dios escondido, oculto verdaderamente bajo estas apariencias. A Ti se somete mi corazón por completo, y se rinde totalmente al contemplarte. Al juzgar de Ti, se equivocan la vista, el tacto, el gusto; pero basta el oído para creer con firmeza; creo todo lo que ha dicho el Hijo de Dios: nada es más verdadero que esta palabra de verdad. En la Cruz se escondía sólo la Divinidad, pero aquí se esconde también la Humanidad; creo y confieso ambas cosas, y pido lo que pidió aquel ladrón arrepentido. No veo las llagas como las vio Tomás pero confieso que eres mi Dios: haz que yo crea más y más en Ti, que en Ti espere y que te ame. ¡Oh memorial de la muerte del Señor! Pan vivo que das vida al hombre: concede a mi alma que de Ti viva y que siempre saboree tu dulzura. Señor Jesús, bondadoso Pelícano, límpiame a mí, inmundo, con tu Sangre, de la que una sola gota puede liberar de todos los crímenes al mundo entero. Jesús, a quien ahora veo oculto, te ruego que se cumpla lo que tanto ansío: que al mirar tu rostro cara a cara, sea yo feliz viendo tu gloria. Amén.

Santo Tomás de Aquino