Contracorriente

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Imitación de Cristo XV

17 miércoles Abr 2013

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corazón, corporales, Dios, duros, este, hombre, humana, interior, líbrame, locos, miseria, mundo, necesidades, profeta, santos de Dios, Señor

Capítulo 22

Consideración de la miseria humana

 1. Miserable serás dondequiera que fueres y dondequiera que te volvieres si no te conviertes a Dios.
¿Por qué te turbas de que no te sucede lo que quieres y deseas? ¿Quién es que tiene todas las cosas a medida de su voluntad? Por certo, ni yo, ni tú, ni hombre alguno sobre la tierra.
No hay hombre en el mundo sin tribulación o angustia, aunque sea rey o papa.
Pues, ¿quién es el que está mejor? Ciertamente, el que puede padecer algo por Dios.

2. Dicen muchos flacos y imperfectos: ¡Mirad cuán buena vida tiene aquel hombre! ¡Cuán rico! ¡Cuán poderoso y ensalzado!
Mas tú levanta la atención a los bienes del cielo, y verás que todas estas cosas temporales nada son, sino muy inciertas y gravosas, porque nunca se poseen sin cuidado y temor.
No está la felicidad del hombre en tener abundancia de lo temporal; bástale una medianía.
Verdadera miseria es vivir en la tierra.
Cuanto más espiritual quiere ser el hombre, tanto más amarga le será la vida, porque siente mejor y ve más claro los defectos de la corrupción humana.
Porque comer, beber, velar, dormir, reposar, trabajar y estar sujeto a toda necesidad natural, en verdad es grandísima miseria y pesadumbre al hombre devoto, el cual desea ser desatado de este cuerpo y libre de toda culpa.

3. Porque el hombre interior está muy agravado con las necesidades corporales de este mundo; por eso ruega devotamente el profeta verse libre de ellas, diciendo: «Líbrame, Señor, de mis necesidades» (Sal 24,17).
Mas, ¡ay de los que no conocen su miseria!, y mucho más, ¡ay de los que aman esta miserable y corruptible vida!
Porque hay algunos tan abrazados con ella, que aunque con mucha dificultad, trabajando o mendigando, tengan lo necesario, que si pudiesen vivir aquí siempre no cuidarían del reino de Dios.

4. ¡Oh locos y duros de corazón los que tan profundamente yacen en la tierra, que nada gustan sino de las cosas carnales!
Mas estos desgraciados en el fin sentirán gravemente cuán vil y nada era lo que amaron.
Los santos de Dios y todos los devotos amigos de Cristo no tenían cuenta de lo que agradaba a la carne ni de lo que florecía en la vida temporal; mas toda su esperanza e intención suspiraba por los bienes eternos.
Todo su deseo se levantaba a lo duradero e invisible, porque no fuesen abatidos a las cosas bajas con el amor de lo visible.
No pierdas, hermano, la confianza de aprovechar en las cosas espirituales; aún tienes tiempo y ocasión.

5. ¿Por qué quieres dilatar tu propósito? Levántate y comienza en este momento y di: ahora es tiempo de obrar; ahora es tiempo de pelear; ahora es tiempo conveniente para enmendarme.
Cuando no estás bueno y tienes alguna tribulación, entonces es tiempo de merecer.
Conviene que pases «por fuego y por agua» antes que llegues al descanso (Sal 65,12).
Si no te hicieres fuerza, no vencerás el vicio.
Mientras estamos en este frágil cuerpo no podemos estar sin pecado ni vivir sin fatiga y dolor.
De buena gana tendríamos descanso de toda miseria; pero como por el pecado perdimos la inocencia, perdióse la verdadera felicidad.
Por eso nos importa tener paciencia y esperar la misericordia de Dios hasta que se acabe la malicia y la vida destruya a la muerte (Sal 66,3; 2Cor 5,4).

6. ¡Oh, cuánta es la flaqueza humana, que siempre está inclinada a los vicios!
Hoy confiesas tus pecados y mañana vuelves a cometer lo confesado.
Ahora propones de guardarte y de aquí a unas horas haces como si nada hubieras propuesto.
Con mucha razón, pues, podemos humillarnos, y no sentir de nosotros cosa grande, pues somos tan flacos y tan mudables.
Presto también se pierde por descuido lo que con mucho trabajo dificultosamente se ganó por gracia.

7. ¿Qué será de nosotros al fin, pues ya tan temprano estamos tibios?
¡Ay de nosotros, si así queremos ir al descanso, como si ya tuviésemos paz y seguridad, cuando aún no parece señal de verdadera santidad en nuestra vida!
Bien sería necesario que aún fuésemos instruidos otra vez como dóciles novicios en buenas costumbres, si por ventura hubiese esperanza de enmienda y de mayor aprovechamiento espiritual.

Catecismo Social VIII

10 miércoles Abr 2013

Posted by manuelmartinezcano in Uncategorized

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19 -Así, pues, ¿el cristiano puede limitarse a una vida de fe privada?

No, también el orden social es de Dios. No hay tierra de nadie en las actividades ni en los planos de la política, de la cultura, de la economía. Aunque en sí tengan autonomía estas actividades, jamás son independientes de Dios. El cristiano debe santificarse en su vida personal, familiar, profesional. Pero, también, en la órbita de sus posibilidades, debe proyectarse a la vida social. Porque sin Jesucristo, ni la política, ni la cultura, ni la economía, solucionan los problemas humanos, antes bien los agravan y los complican. Pío XII lo recordó el 13 de abril de 1953, con palabras que restallan como un desafío permanente: «Mirad bien, desde que la humanidad ha efectuado su progresiva apostasía lejos de Jesús, muchos maestros han pretendido sustituirse a El para instruirla y guiarla; muchos constructores han tratado de suministrarle las estructuras necesarias; muchos médicos se han empleado en curarle las enfermedades y llagas. Pero todos, al fin, se han encontrado delante de la humanidad desorientada, desanimada, sin fuerza. Sin embargo, es necesario, con tanta mayor premura, llevar a los hombres a la persuasión de que hay un único maestro, que es Cristo (Mt., XXIII, 11), Y de que sólo en El se puede encontrar la salud del mundo con sus estructuras y del hombre con sus problemas. No hay en ningún otro salud. Un tal estado de cosas reclama la intervención no sólo -como es evidente- de la Iglesia docente y jerárquica, sino también de todos los cristianos empeñados en el campo social. Se trata de subrayar la necesidad de impregnar de sentido cristiano todos los campos de la vida humana. Tal ha sido siempre la voluntad de Cristo y es la expectativa de una parte de la humanidad, cansada de vivir en las construcciones ruinosas del mundo de hoy».

 

20 -¿Cuál es la actitud que debe tener el católico de hoy?

La que nos recuerda Pablo VI: «El cristianismo tiene la virtud de infundir esperanza y de dar vida, y no solamente en su orden propio, el religioso y sobrenatural, sino de infundirla también en el orden profano y natural» (20-XII-1968). y el orden natural y profano está malogrado, destrozado, pervertido principalmente por el liberalismo, en el orden político, y por el marxismo. De ahí que un cristiano no pueda ser ni liberal ni marxista, como ideologías que son incompatibles con la fe. Y que su profesión entraña pecado grave. El ideal católico, en lo personal y en lo social, se expresa para siempre con estas palabras de San Pablo: «Nadie, pues, se gloríe en los hombres, que todo es vuestro; ya Pablo, ya Apelo, ya Cefas; ya el mundo, ya la vida, ya la muerte; ya lo presente, ya lo venidero, todo es vuestro; y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios» (1 Cor., III, 22). O sea, todo es para el hombre, pero los hombres somos para Cristo. Ni la vida personal ni la colectividad tienen salvación fuera de Jesucristo, como intentan el liberalismo y el comunismo. Estas doctrinas -simbolizando en ellas todos los errores- son mentiras, barbarie, catástrofe y frente a tanta apostasía, que arranca desde el Renacimiento, pasando por el protestantismo, el liberalismo, el comunismo, Jesucristo triunfará y vencerá a los aliados del Anticristo. Así lo dice San Pablo: «Por lo que hace a la venida de nuestro Señor Jesucristo y a nuestra reunión con El, os rogamos, hermanos, que no os turbéis de ligero, perdiendo el buen sentido, y no os alarméis ni por espíritu, ni por discurso, ni por epístola, como si fuera nuestra, como si el día del Señor estuviera inminente. Que nadie en modo alguno os engañe, porque antes ha de venir la apostasía y ha de manifestarse el hombre de la iniquidad, el hijo de la perdición, que se opone y se alza contra todo lo que se dice Dios o es adorado, hasta sentarse en el templo de Dios y proclamarse dios a sí mismo. ¿Nos os recordáis que, estando entre vosotros, ya os decía esto? Y ahora sabéis qué es lo que le contiene hasta que llegue el tiempo de, manifestarse. Porque el misterio de iniquidad esta ya en acción; sólo falta que el que le retiene sea apartado del medio. Entonces se manifestará el inicuo, a quien el Señor Jesús matará con el aliento de su boca, destruyéndole con la manifestación de su venida. La venida del inicuo irá acompañada del poder de Satanás, de todo género de milagros, señales y prodigios engañosos, y de seducciones de iniquidad para los destinados a la perdición por no haber recibido el amor de la verdad que los salvaría. Por eso Dios les envía un poder engañoso, para que crean en la mentira y sean condenados cuantos, no creyendo en la verdad, se complacen en la iniquidad. Pero nosotros debemos dar incesantes gracias a Dios por vosotros, hermanos amados del Señor, a quienes Dios ha elegido desde el principio para haceros salvos por la santificación del Espíritu y la fe verdadera. A ésta precisamente os llamó por medio de nuestro evangelio, para que alcanzaseis la gloria de nuestro Señor Jesucristo. Manteneos, pues, hermanos, firmes y guardad las tradiciones que recibisteis, ya de palabra, ya por nuestra carta. El mismo Señor nuestro Jesucristo y Dios, nuestro Padre, que de gracia os amó y os otorgó una consolación eterna, una buena esperanza, consuele vuestros corazones y los confirme en toda obra y palabra buena» (II Tes., II,1-17).

 

Las cosas han sido creadas para el hombre

20 miércoles Mar 2013

Posted by manuelmartinezcano in P. Manuel Martínez Cano, Uncategorized

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cosasc, hombre, para, readas

La Sagrada Escritura dice que “al principio creó Dios el Cielo y la Tierra” (Gen,1). Dios ha creado todo: los ángeles, arcángeles, querubines, tronos, potestades… la luz, los mares, la tierra, los árboles, la lluvia, el sol, los animales. Y Dios dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y a nuestra semejanza, para que domine sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados y sobre todas las bestias en la tierra y sobre cuantos animales se mueven sobre ella” (Gen. 1,26). San Ignacio nos dice que todas las cosas sobre la haz de la tierra han sido creadas para el hombre y para que le ayuden a conseguir el fin para que ha sido creado. La santidad en la tierra y la felicidad eterna en el Cielo.

“Y Dios vio que era bueno” (vv. 4.10.12.18.21.25). Seis veces dice Dios que todo lo creado es bueno. Después de crear al hombre: “Dios miró todo lo que había hecho y vio que era muy bueno” (V.31). Todo lo que Dios ha creado es bueno y bello, impregnado de sabiduría y amor; la acción creadora de Dios pone orden, infunde armonía, da belleza. El concilio Vaticano II dice: “Enseña la Sagrada Escritura que el hombre fue creado a imagen de Dios, capaz de conocer y amar a su Creador, constituido por Él como señor de todas las criaturas visibles (Gén 1,26; Sab 2,23) para que las gobernase e hiciera uso de ellas, dando gloria a Dios (Ecos. 17, 3,10)” (Gs. 12,31)

Vaticano II: “La dignidad del hombre requiere que obre según una libre y consciente elección, movido e inducido personalmente, desde dentro, no por un impulso ciego o una mera coacción externa” (Gaudium et Spes 17). Rebajamos nuestra dignidad de personas libres cuando usamos mal las cosas y cometemos pecados. En todo debemos proceder conforme a como Dios nos ha creado. Dios nos hizo para dominar todas las cosas de la tierra. Santo Tomás dice que: “Hemos de usar rectamente de las cosas creadas porque debemos usarlas para lo que fueron hechas por Dios. Y han sido hechas para dos cosas, a saber: para gloria de Dios, porque todo lo hizo para sí; esto es, para gloria del Señor, como se dice en Proverbios 16; y para nuestra utilidad, es decir para que usándolas no cometamos pecado”.

 

No somos dueños absolutos de las cosas. El único Señor de las cosas es Dios, a nosotros nos cede el uso y el beneficio. Todo deberá cooperar a nuestro bien: “Dios hace concurrir todas las cosas para el bien de los que le aman” (Rom 8,289). Dios ha creado todas las cosas para nuestro bien. Y todo lo que nos suceda en esta vida, menos pecar, viene de Dios para nuestra santificación y alcanzar la bienaventuranza eterna: “Dios me lo dio, Dios me lo ha quitado; como Dios ha placido, así me lo ha quitado, sea el nombre de Dios bendito”. Su esposa:” ¡Maldice a Dios y muérete! Pero él le replicó: “como mujer necia has hablado. Si recibimos de Dios bienes, ¿por qué no también los males?” En todo esto no pecó Dios con sus labios” (Job 1,10).

Cuando las cosas de esta vida nos van bien no cuesta nada entender que todo viene de Dios, pero cuando nos va mal, según el criterio natural, nos cuesta entender que todo viene de Dios. Job veía bien que todas las cosas vienen de Dios, ¿lo vemos también así nosotros? ¿O nos turba la adversidad y las calumnias? No nos dejes caer en la tentación para que sea siempre firme nuestra fe, nuestra esperanza segura y nuestra caridad ferviente. Usemos las cosas como lo hicieron los santos.

 

La creación es la herencia que nos ha dejado nuestro Padre del Cielo en la Tierra ¡usémosla bien! Dios ha provisto nuestras necesidades e incluso nuestros caprichos. Y Dios lo ha hecho pensando en mí, porque me ama con todo su corazón ¡Si lo asimiláramos bien! ¡Si lo viviéramos! Nuestra vida sería un acto continuo de gratitud y amor de Dios: “El cielo y la tierra y todas las cosas que en ellas hay, por todas partes me dicen que te ame, ni cesan de decirlo a todos, de suerte que son inexcusables”(San Agustín). Somos inexcusables si no amamos a Dios con todo nuestro corazón, con todas nuestras fuerzas: “Por cuanto conociendo a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se entontecieron en sus razonamientos, viniendo a obscurecerse su insensato corazón; y alardeando de sabios, se hicieron necios” (Rom 1, 20).

 

San Juan de Ávila: “No crió Dios las cosas corporales solamente para el cuerpo, sino para el cuerpo y para el alma, y para que te aproveches y digas. ¡Grande es la hermosura y poder del que tan grandes y tan hermosas cosas quiso criar! Y ¿qué me dará a mí quién a estos árboles tantas hermosuras dio? Pensáis que no crió Dios el sol más que para alumbraros. Para más lo crió. Criólo para que con su grandeza y hermosura lo alabásemos y engrandeciéramos”. “Tendréis gran cuidado de morir a todas las cosas y echarlas de vuestro corazón, diciéndoles: “No impidáis el lugar del Señor”.

 

San Pablo: “Nadie, pues se gloríe en los hombres, que todo es vuestro; ya Pablo, ya Apolo, ya Cefas; ya el mundo, ya la vida, ya la muerte; ya lo presente, ya lo venidero, todo es vuestro; y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios” (1 Cor 21-22).

 

P.Manuel Martínez Cano mCR

Catecismo Social V

20 miércoles Mar 2013

Posted by manuelmartinezcano in Uncategorized

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asequibles, catecismo, comparaciones, finalidad, hombre, social, V, vida

11 -¿Puede aclararse mejor la finalidad de la vida del hombre, con comparaciones asequibles?

Sí, nos serviremos de lo que bajo el título «El tres de septiembre», escribe Giovanni Papini, en su obra «Palabras la fotoy sangre». Dice Papini: «También el 3 de septiembre me senté en la hierba y, cuando un pescador llegó cerca de mí, preparó su red y se dispuso a engañar también aquel día a los ridículos peces, pensé que podía empezar mi obra. Me levanté para acercarme a aquel hombre. No llevaba en la mano absolutamente nada. En el bolsillo llevaba un libro, pero no tenía ningunas ganas de leer. El pescador no me miró. Era un joven bajo, de cara quemada y boca enorme. No parecía inteligente, pero no tenía derecho de preguntarle también esto. Se agachó y lanzó la red al agua. Empezaba la espera soñolienta del hombre que no piensa en la muerte. Todo estaba tranquilo: solamente las feas moscas, que adivinaban la tempestad, giraban a nuestro alrededor sin reposo. ¿Por qué esperar más? Hice la pregunta que tenía que repetir tantas veces: -¿Por qué hace esto? El joven me miró con la expresión que yo ya me había imaginado antes de hablar: entre el asombro y la compasión. Pero no respondió. Tuve que repetir la pregunta. En aquel momento, no podía soportar el silencio. Entonces el joven sonrió con su gran boca y repuso:

 

-Para coger peces.

-¿Y por qué quiere coger peces?

-Para venderlos.

-¿Y qué hace con el dinero que le dan?

-Compro pan, vino, aceite, vestidos, zapatos y todo lo demás.

-¿Y por qué compra todo esto?

 

El joven se quedó sin saber qué decir. También esta vez tuve que repetir la pregunta, mirándole fijamente. El se volvió a ambos lados, casi como si escuchara el silencio. Acaso empezaba a sospechar, pero contestó:

 

-Para vivir.

-¿Pero por qué –repliqué rápido- quiere vivir?

 

La maravilla y la alegría del pescador crecieron, a este punto, sin medida. Ahora creía saber quién era yo y, aunque no me consideraba peligroso, no sabía cómo terminaría todo aquello. Yo no tenía ninguna razón para interrumpir el coloquio. Por eso repetí con nueva obstinación la pregunta y miré con dureza al acusado. El joven intentó sonreír con desprecio:

 

-Vivo porque he nacido.

-Pero ¿para qué fin vive?

-¿Para qué fin? ¿Qué entiende por fin? –Quiero decir: ¿cuál es para usted la cosa más importante de la vida?

-Ya entiendo. Mi fin es éste: pescar.

 

Callé, y al cabo de unos minutos, me levanté. Era inútil seguir. Habíamos vuelto al principio. La simplicidad de aquel bruto había cerrado el anillo… Me alejé despechado

por la orilla, pisoteando las florecillas debilitadas y la hierba poco fresca. Detrás de las ramas salían gritos rabiosos de niños. En un cierto punto el espeso seto se interrumpía por una cancela de madera. La empujé y entré en el campo, adentrándome con la cabeza

baja por el sendero blando. Había visto ya, a la izquierda, a un campesino que cavaba y me dirigí directamente hacia él. El me había visto ya y, desde debajo del ala sucia de su sombrero de paja, me miraba con recelo. Se acercaba la vendimia y todos estaban armados contra los ladrones de uva. El silencio de la tarde estaba interrumpido bruscamente por los resonantes disparos tirados al desconocido. Cuando estuve cerca del campesino, le miré. A sus pies, la tierra húmeda y arenosa aparecía removida con calma, y se preparaba para otros regalos. La tierra abierta me conmueve como un dolor, pero no podía por menos de repetir mi pregunta:

 

-¿Por qué hace esto?

 

El campesino me miró con sus ojos inquietos y repuso:

 

-Para que nazca el trigo.

– ¿Y para qué quiere que nazca el trigo?

-Para hacer pan.

-¿Y por qué tiene necesidad de hacer pan?

-Para vivir.

-Pero, ¿para qué vivir?

 

A esta pregunta el hombre bajó la cabeza y reanudó su paciente trabajo. El pie desnudo se apoyó de nuevo sobre el hierro, y la tierra se rompió y se hizo más oscura de repente. Repetí varias veces la pregunta, pero, como respuesta, sólo obtuve algunas malas miradas… El viento seguía riendo alrededor de mi cabeza. Me quité el sombrero y miré al cielo. Agucé el oído al sonido quejumbroso de la sirena de una fábrica. Tuve que volver a tomar el sendero y salir del campo. ¡Qué bella me pareció el agua en aquel momento! Anduve todavía un poco por la orilla, buscando con los ojos al tercer acusado. Los sauces, alineados en cuatro hileras, me acompañaban despacio e intentaban repetir las frases del viento. Había un prado cerca y, en el prado, una niña vestida de rojo estaba agachada cogiendo las últimas flores del verano. Yo deseaba solamente un ser,

pequeño o grande, que supiera hablar. ¿Qué me importaba todo lo demás? La niña era rubia, era pequeña, acaso era estúpida. Me bastaba que no fuera muda y no huyera. La llamé desde lejos, como se llama a los perros. Ella levantó su carita de las flores, me miró sonriendo y dio un paso o dos hacia mí. Apenas estuve a su lado, repetí la necesaria pregunta:

 

– ¿Por qué haces eso?

La niña no se hizo rogar y contestó en seguida:

– Para hacer un ramo a la Virgen.

– ¿Y por qué quieres hacer un ramo a la Virgen?

– Para que se acuerde de mí.

– Pero, ¿por qué quieres que se acuerde de ti?

– Para que me prepare un sitio en el Paraíso, cerca de Ella, para cuando yo esté muerta.

 

Bastaba traducir a lo absoluto las palabras de la niña rubia y eran una respuesta a lo que yo había preguntado. ¿Por qué actuaba de aquella manera la niña vestida de rojo? Para lograr el Paraíso. Vivía, pues, para prepararse a la muerte. Esta es una respuesta; una respuesta como no supieron darme los dos grandes ladrones del agua y de la tierra». O sea, el fin del hombre no son las cosas materiales, ni tampoco otra persona humana, ni siquiera la colectividad, la humanidad. Esas finalidades son tan chatas y pequeñas que no sacian el corazón humano. Venimos de Dios y sólo Dios puede darnos la felicidad. Y nos la da con la gracia santificante en esta vida que se convierte después en eternidad feliz.

El Padre Solá y el Demonio

13 miércoles Mar 2013

Posted by manuelmartinezcano in P. Manuel Martínez Cano, Uncategorized

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El P. Francisco de Paula Solá, que en gloria esté, durante varios años fue muy solicitado Francisco de Paula Solapor los medios de comunicación social, televisión, radio, prensa escrita, para hablar del demonio, la posesión diabólica y los exorcismos. Muchas personas lo conocieron por esto. Pero la inmensa mayoría no sabe que el P. Solá fue un extraordinario teólogo que asesoró a los obispos españoles en el Concilio Vaticano II. Fue un gran mariólogo y josefólogo. Escribió muchísimo de la Virgen María y san José.

Me gustaría recordar ahora algo de lo mucho que aprendí en sus clases, pero no puede ser. En el campeonato mundial de memoriones quede el penúltimo, porque el último necesitaba ese título para alcanzar la laureada de la humildad. Pero ya que estamos con los exorcismos y los endemoniados vamos a ver si la jalea de miel y los rabos de higos funcionan.

El padre decía que el exorcista necesita tener mucha serenidad y mucho espíritu sobrenatural, mucho amor a Jesús y a la Santísima Virgen María y seguir siempre las normas de la Iglesia. Nos decía que siempre ha habido endemoniados, Jesús expulsó varios demonios, pero hay que ir con mucha prudencia en este tema, porque muchas veces se trata de trastornos patológicos, nerviosos o mentales. Un endemoniado es una persona de la cual ha tomado posesión el diablo. El demonio puede tomar posesión del cuerpo de una persona, no del alma, a no ser que el hombre o la mujer voluntariamente se entreguen en cuerpo y alma al demonio. El demonio no puede ejercer nada contra la libertad absoluta e intelectual de la persona. Si el demonio consigue quitar la libertad a una persona, ésta es irresponsable y, por lo tanto, no puede cometer pecado, porque no es responsable de sus actos; los actos los realiza el demonio por medio de ella.

La posesión diabólica puede ser permanente o temporal; esporádica, en momentos determinados. Pero a veces no es posesión diabólica sino influencia diabólica, muy frecuente en nuestros días. Se trata de una influencia que se manifiesta en cosas extrañas, que a veces se toman como fenómenos parasicológicos, pero que en realidad son influencias diabólicas.

Intentaré recordar algo de sus clases en próximas semanas.

P. Manuel Martínez Cano mCR

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