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Por Su Santidad Francisco.

14 jueves Mar 2013

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Publicado por manuelmartinezcano | Filed under Uncategorized

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El Hombre Ha Sido Creado para Servir a Dios

05 martes Mar 2013

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Dios todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, nos ha creado para servirle en esta vida y vivir servir a Dioseternamente con Él en el Cielo. En el salmo 102, Dios nos dice: “Bendecid al Señor, ejércitos suyos, servidores que cumplís sus deseos. Bendecid al Señor, todas sus obras, en todo lugar de Su imperio”. Y en el Deuteronomio nos exige: “Reconoce hoy y medita en tu corazón que el Señor es el único Dios, allí arriba, y aquí abajo en la tierra; no hay otro. Guarda los preceptos y mandamientos que yo te prescribo”(Dt 4,39-40). El salmo 118 nos recuerda: “Te invoco de todo corazón: respóndeme, Señor, y guardaré tus leyes; a ti grito: sálvame. Y cumpliré tus decretos” (145-152). Servir a Dios es cumplir sus deseos, guardar sus preceptos y mandamientos, guardar sus leyes y cumplir Sus decretos. Nuestra Santa Madre Iglesia nos enseña que debemos servir a Dios cumpliendo los diez mandamientos de la ley de Dios y los cinco de la Iglesia.

Los mandamientos de la ley de Dios son:

1. Amarás a Dios sobre todas las cosas

2. No pronunciarás el nombre de Dios en vano.

3. Santificarás las fiestas.

4. Honrarás a tu padre y a tu madre.

5. No matarás

6. No cometerás actos impuros.

7. No robarás.

8. No dirás falsos testimonios ni mentirás.

9. No consentirás pensamientos o deseos impuros.

10. No codiciarás los bienes ajenos.

Estos Diez Mandamientos se encierran en dos; amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo.

Los mandamientos de la Santa Madre Iglesia son:

1. Oír misa entera todos los domingos y fiestas de guardar.

2. Confesar los pecados mortales al menos una vez al año, en peligro de muerte, y si se ha de comulgar.

3.  Comulgar por Pascua de Resurrección.

4. Ayunar y abstenerse de comer carne cuando lo manda la Santa Madre Iglesia.

5. Ayudar a la Iglesia en sus necesidades.

“Si me amáis, guardaréis mis mandamientos”, dice el Señor. “No he venido a abolir la ley, sino a darle plenitud”(Mt 5,17). Y el discípulo predilecto del Señor, san Juan, dice: “En esto sabemos que  conocemos a Cristo: en que guardamos sus mandamientos. Quién dice: “Yo le conozco”, y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso, y la verdad no está en él. Pero quién guarda su palabra, ciertamente el amor de Dios ha llegado en él a su plenitud. En esto conocemos que estamos en él. Quién dice que permanece en él debe vivir como vivió él” (1 Jn 2, 3-6).

San Pablo enseña a los colosenses: “Lo que hacéis, hacedlo con toda el alma, como para servir al Señor y no a los hombres: sabiendo que recibiréis del Señor en recompensa la herencia. Servid a Cristo Señor”. En el versículo 17, les había recordado: “Todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre de Jesús, ofreciendo la Acción de Gracias a Dios Padre por medio de Él”. ¡Nosotros también!¡Sirvamos al Señor!

A uno que le puso su dificultad de cómo servir a Dios, san Juan de Ávila le dio la solución. Pregunta el fiel cristiano: “Padre, es grande el trabajo de servir a Dios ¿Cómo tengo que rezar, ayunar, dar limosnas y hacer obras buenas? No puedo, no me atrevo a ponerme en estos trabajos ni saldré con ellos”. Respuesta de nuestro doctor de la Iglesia: “Te engañas, porque son mayores los trabajos que pasa uno que no sirve a Dios, porque es tan grande el tormento de la mala conciencia, aquel continuo desasosiego y descontento, que dentro de sí tienen los que no sirven a Dios, que no tienen los trabajos que hay en su servicio. ¿Quién podrá decir las continuas voces que allá dentro les andan dando?: “Mal haces esto, mejor fuera así, mira que pierdes a Dios, mira que le ofendes, le has ofendido, ¿qué será de ti, dónde irás?

Es, sin duda, mucho más pesado este continuo martirio y desasosiego”.

Servir a Dios es hacer lo que Dios manda. Sujetar nuestra voluntad a la voluntad de Dios. Debemos hacer siempre lo que Dios quiere y porque Dios lo quiere. Esta obligación del cristiano, brota del dominio del Creador sobre la criatura. El apóstol san Pablo nos dice: “Ya comáis, ya bebáis, hacedlo todo para gloria de Dios” (1 Cor 31). Servimos a Dios orando, trabajando, comiendo, descansando divirtiéndonos honestamente… El secreto está en que no hagamos nunca nuestra voluntad sino la voluntad de Dios. Servir a Dios es reinar. Dios no pide nada imposible y cuando exige algo difícil, nos lo facilita con sus gracias actuales.

El Concilio Vaticano II enseña: “Por los votos, o por otros sagrados vínculos análogos a ellos por su propia naturaleza, por los que se obliga el fiel cristiano a la práctica de los tres consejos evangélicos antes citados, se entrega totalmente al servicio de Dios sumamente amado, en una entrega que crea en él una especial relación con el servicio y la gloria de Dios” (Lumen Gentium, 44, 1).

El Papa san Pio V, afirmaba: “Dadme un religioso fiel cumplidor de la Regla y sin más lo canonizo”.

San Francisco de Asís: “Encarecidamente pido, como puedo, al hermano, mi señor ministro general que haga que la Regla sea inviolablemente guardada por todos… a los hermanos que no quieran guardar estas cosas, no los tengo por católicos ni por hermanos míos; tampoco quiero verlos ni hablarles hasta que se arrepientan”.

Santa Clara: El 10 de agosto del año 1253 a los 60 años de edad y 41 años de ser monja, y dos días después de que su regla fue aprobada por el Papa, santa Clara se fue al Cielo. En sus manos tenía la Regla bendita por la que ella entregó su vida.

Santa Teresa de Jesús: “Hijas mías y señoras mías, por amor de Dios las pido tengan gran cuenta de la guarda de la Regla y Constituciones, que si la guardan con la puntualidad que deben, no es menester otro milagro para canonizarlas”.

Volvamos al santo de la alegría, la ternura y la misericordia, san Francisco de Asís: “Y a todos mis hermanos, clérigos y laicos mando firmemente, por obediencia, que no introduzcan glosas en la Regla ni en estas palabras, diciendo: Esto quieren dar a entender; sino que así me dio el Señor decir y escribir sencilla y puramente la Regla y estas palabras, del mismo modo las entendáis sencillamente y sin glosa y las guardéis con obras santas hasta el fin. En todos los capítulos que celebran, cuando leen la Regla, lean también estas palabras”.

El Concilio Vaticano II ha dicho que los religiosos han de volver a las fuentes de su espiritualidad: A las Reglas y Constituciones de sus fundadores. No se trata de que los religiosos se adapten al mundo si no que vivan sencilla y humildemente en el mundo tal y como vivieron sus santos padres fundadores.

Los padres de la Compañía de Jesús, decían que si se hubiese perdido la Regla escrita por san Ignacio de Loyola, se podía rehacer, viendo cómo vivía san Juan Berchmans. De esto se trata, de vivir santamente, no mundana y frívolamente.

P.Manuel Martínez Cano, mCR

El Padre José Mª Alba Cereceda, SJ

01 viernes Mar 2013

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El padre José Mª Alba Cereceda SJ, nació en Vargas (Cantabria) el 17 de octubre de 1924; al poco tiempo volvió a
PADRE ALBABarcelona donde vivían sus padres; ingresó en la Compañía de Jesús el 16 de octubre de 1943 y fue ordenado sacerdote el 30 de julio de 1958. Los primeros campos apostólicos fueron el colegio de la Compañía de Jesús en Orihuela (Alicante) y el de Palma de  Mallorca. Murió en el hospital de la seguridad  social de Sabadell (Barcelona) el día 11 de enero de 2002. El personal del hospital dijo que ese sacerdote tenía que ser un personaje muy importante porque no paraban de pasar hombres y mujeres, jóvenes y niños, que querían rezar y cantar ante los restos mortales de su padre espiritual.

El padre Alba era un jesuita extraordinario, como se deduce de la carta que el superior General de la Compañía de Jesús le envió con motivo de los 50 años de su vida en la Compañía. La Sociedad Misionera  de Cristo Rey fundada por él ha publicado recientemente una apretada síntesis de su vida en un librito de cien páginas.

Cientos de religiosos y sacerdotes catalanes del temple del Padre Alba, atendiendo a la llamada del  Papa Pablo VI  en su decreto Presbyterum Ordine del 7 de diciembre de 1965, fundaban la Asociación de  sacerdotes y religiosos de San Antonio Mª Claret para combatir los nobles combates de la fe, contra los que habían introducido “el humo de Satanás“ (Pablo VI) en la Iglesia de  Cristo. Combatieron cuerpo a cuerpo también contra los que estaban arruinando la Iglesia desde dentro, “autodemolición de la Iglesia”, la denominó el Vicario de Cristo en la tierra. La Asociación publicó el libro “un jesuita rebelde”, biografía del Padre Jaime Piulachs, superior del P. Alba e inspirador y fundador de la Asociación.

Fruto de ministerios sacerdotales comunes entre el P. Piulachs y el franciscano P. Miguel Oltra, verdadero hijo de la iglesia, surgió la Hermandad  Sacerdotal Española, fundada por el P. Oltra en el mes de julio de 1969. Ambas asociaciones sacerdotales forman hoy un cuerpo unido de caridad en la Hermandad Sacerdotal Española de San Antonio Mª Claret y San Juan de Ávila. La Hermandad  llegó a tener siete mil sacerdotes y religiosos asociados. De sus parroquias y confesionarios salieron cientos de vocaciones fieles al Magisterio ordinario y extraordinario de la Iglesia. En aquel tiempo de cobardías y traiciones a sus promesas sacerdotales y  votos religiosos, todos los miembros de la Hermandad permanecieron fieles  a nuestra Santa Iglesia, Católica, Apostólica y Romana.

La Hermandad Española, ante tantas calumnias que cayeron sobre ella, se  vio en la obligación de publicar el libro “Historia de un gran amor a la Iglesia no correspondido”, escrito por su presidente, Rvdo. D. Luis Madrid Corcuera. De la lectura de las declaraciones de la Hermandad y su reglamento interior concluimos que el espíritu que animaba a aquellos santos y valientes sacerdotes era el siguiente:

–  Fidelidad a Cristo, al Magisterio de la Iglesia y unión inquebrantable con el Papa.

–  Valentía en proclamar la fe católica y nuestra identidad sacerdotal.

–  Respeto a la tradición viva de nuestro pueblo y ansia de su unidad católica.

–  Unión de todos los miembros en cari­dad, ayuda en ministerios y cooperación en la vida sacerdotal.

–  Fomentar la vida interior y el exacto cumplimiento de las obligaciones sacerdotales.

–  Optimismo y esperanza cristianas. Espe­ranzas en el mañana de la Iglesia, en una socie­dad humana renovada en la paz de Cristo, del Reino de Cristo.

En este clima y ambiente de auténtica reconquista espiritual de España, el P. Alba fundó el 26 de junio de 1969 la Unión Seglar de San Antonio Mª Claret, en la Basílica de Nuestra Señora de la Merced, Patrona de Barcelona.  La “breve noticia” de que es la Unión Seglar empieza con estas palabras: “Los católicos que integramos la Unión Seglar, somos una porción del pueblo de Dios, que sentimos toda la grandeza de la hora presente: la lucha de la Inmaculada contra el dragón infernal. Este folleto de cuarenta páginas contiene la espiritualidad esencial de la Unión Seglar resumida en el compendio espiritual siguiente:

Guarda siempre en tu corazón:

•  Eres miembro de la Unión Seglar de San An­tonio María Claret, reunida por el amor de la Vir­gen María, para estos últimos tiempos. Ella es tu Madre y la Madre de la Unión.

•  Eres soldado de la Fe, de la Iglesia Católica, de su Santa Tradición de mártires, de santos, de cruzados, de heroísmos.

•  Tus amores. JESÚS, MARÍA, las ALMAS.

•  Tu ideal: QUE JESÚS Y MARÍA REINEN EN ESPAÑA Y POR ESPAÑA EN TODO EL MUNDO.

•  Tu afán: UNA ESPAÑA CATÓLICA.

•  Tu postura. INTREPIDEZ EN LA CONFESIÓN DE LA FE.

•  Tu gozo: SUFRIR PERSECUCIÓN, POBREZA Y DESPRECIOS POR   CAUSA DE JESÚS Y DE SU SANTO NOMBRE.

•  Tu bandera de victoria: ¡MARÍA!

En estos últimos tiempos de prueba, seduc­ción y apostasía, ¡el estandarte de María! Él nos anuncia que está ya próximo el Reinado de Cristo.

•  Tu grito ante el mundo: ¡VIVA CRISTO REY! ¡SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS, EN VOS CONFÍO!

Y el P. Alba empezó a vivificar la Iglesia de Cristo en Barcelona,  el lugar al que le habían destinado sus superiores. Fundó el Colegio Nuestra Señora del Carmen. Doce jóvenes vocaciones se unían a él en un piso de Barcelona que en ambientes clericales era conocido como el “el seminario pirata del P. Alba”. El diablo no podía soportar esta vigorosa reacción contra su imperio en la tierra y desencadenó un aluvión de calumnias y mentiras contra el P. Alba y su incipiente obra apostólica, que destruyó el colegio. De las vocaciones sólo permanecieron fieles dos chicos, y otras dos chicas, que le siguieron en otro piso, y unos seglares. Pero el temple sobrenatural del P. Alba ni se inmutó. Siguió con su obra al servicio de la iglesia, contra viento y marea, y contra la persecución de los buenos católicos.  San Pío de Pietrelcina fue muy calumniado y perseguido por los buenos católicos.

Montado en su lambretta, el P. Alba recorría Barcelona, de barrio en barrio, predicando el evangelio de Cristo, sin interpretaciones ni acomodaciones frívolas o mundanas. Los seglares que permanecieron fieles a la Unión Seglar atraían a otros católicos y la unión Seglar fue creciendo en jóvenes, adolescentes y niños. Como el sembrador del evangelio, predicaba la palabra de Dios a todos, a tiempo y a destiempo. Y así, bajo su benéfica sombra, el señor bendijo a la Iglesia con ciento diez vocaciones, como han contabilizado unos discípulos de este gran misionero moderno. Sembró en las uniones Seglares, en los ejercicios espirituales de san Ignacio, en convivencias, retiros, peregrinaciones, adoración nocturna, colegios, campamentos, colonias, en revistas, en la calle. De ese intenso apostolado, bajo la benéfica sombra del P. Alba, han salido veinticuatro monjas de vida contemplativa, doce religiosas de vida activa, seis misioneras de Cristo Rey, veinticinco sacerdotes diocesanos, diecinueve religiosos, doce misioneros de Cristo Rey, diez novicios y dos seminaristas. Yo conocí al P. Alba durante unos cuarenta años. En buena lógica, se puede suponer que de su apostolado anterior en las Congregaciones Marianas, la Obra de Ejercicios y los Cursillos de Cristiandad el Señor suscitaría otras vocaciones a la vida sacerdotal, misionera y religiosa.

El Padre Alba predicó el evangelio de Cristo y la doctrina de la Iglesia Católica íntegra. En las uniones Seglares hay jóvenes matrimonios santos con tres, cuatro, cinco y, sucesivamente hasta doce hijos; y otros que han adoptado a dos, tres y cinco hijos.  Su lema  es el mismo que el de las servidoras de Jesús del Cottolengo: “Dios proveerá”.  Porque ninguno de de estos matrimonios son potentados económicos. Son sencillos trabajadores: electricistas, torneros, administrativos, maestros, representantes, guardias jurados, etc.

A la benéfica sombra del P. Alba ha nacido y crecido una juventud sana y cristiana. De intensa vida de piedad y apostolado: Santa Misa, rosario, lectura espiritual, oración, visita al Santísimo diarias; examen de conciencia, cada semana reunión de formación. Cada mes adoración nocturna y retiro espiritual. Cada año ejercicios espirituales, colonias, campamentos, peregrinaciones.  Fundó ocho turnos de Adoración Nocturna masculina; seis en el Templo Nacional Expiatorio del Sagrado Corazón de Jesús del Tibidabo y dos en el Colegio Corazón Inmaculado de María de Sentmenat ; cuatro turnos de mujeres: dos en la capilla del Santísimo Sacramento  de Barcelona, dos en el Colegio Corazón Inmaculado de María y uno en  Palma de Mallorca. En distintas diócesis de España hay bastantes adoradores nocturnos que también se beneficiaron de la benéfica sombra del P. Alba.

El apostolado de los jóvenes militantes de la Unión Seglar está orientado a los más necesitados. Así los “Jóvenes de San José”, dos veces al mes,  de madrugada atienden a los indigentes  que duermen en las calles de Barcelona. Les llevan comida, ropa, mantas, sacos de dormir y, sobre todo,  caridad cristiana. Una noche una viejecita que dormía en un rincón de la calle, ante el cariño con que era tratada, le dijo al joven: “¿Quieres hacerme un favor? ¿Puedo darte un abrazo y dos besos?”. Se los dio. Este joven contaba públicamente que sintió como el corazón se estremecía y como quedaba curado de sus escrúpulos. Siempre llevaba consigo unos pañuelos de papel  empapados de colonia, para purificarse rápidamente de lo que había tocado. Y aquella anciana, que olía mal, le curó con su abrazo y sus besos.  La última actividad que estos jóvenes han realizado con sus amigos indigentes de la calle, ha sido llevarlos en cuatro autocares a Montserrat, para participar en una Santa Misa y en una comida de hermandad.

L a alegre Tuna de San Luis Gonzaga, canta a los ancianos en los asilos, a los enfermos en los hospitales, a los niños en los orfanatos para alegrarles la vida y recordarles que estamos de paso hacia el Cielo. También reciben besos y abrazos cuando cantan por plazas y calles, para recoger dinero para las misiones y llevar la alegría a esta sociedad tan triste, porque se ha alejado de Dios. La Rondalla del Corazón de María de las chicas hace lo mismo. La Coral de la Inmaculada realza las solemnidades litúrgicas con sus voces  argentinas y españolas. La Banda  realza las procesiones del Corpus Christi, de la Virgen, de san José y las actividades del Colegio y los campamentos.

La promesa que hacen los jóvenes de la Asociación de la Inmaculada  y San Luis Gonzaga es la siguiente:

En presencia de la Santísima Trinidad, de la Santísima Virgen María y de los Ángeles y Santos del cielo, y ante mis superiores y hermanos de la Unión Seglar,

PROMETO

Amar a Dios sobre todas las cosas y levantar sobre ese amor toda mi vida, mis pensamientos y mis acciones.

Defender intrépidamente la Fe católica y los derechos de Dios, sin temor a quedarme solo en su defensa, esperando mi fortaleza del Sacramento de la Confirmación con el que fui ungido.

PROMETO

Amar sin reserva a España, mi Patria, la nación de eterna Cruzada, relicario de santidad, sublime escuela de tradiciones.

Entregarme a su servicio, estudiar, conocer y amar su Tradición y trabajar hasta el último aliento de mi vida, para que sea una realidad en ella el reinado social del Sagrado Corazón.

PROMETO

Exigirme sin contemplaciones el cumplimiento de mi deber, ser incapaz de pactos con sacrificio del ideal.

Vivir en hermandad con todos mis compañeros y entender la amistad y el amor como el más generoso y noble servicio al ideal.

PROMETO

Vivir con humildad y alegría mi juventud y señalarme por e! celo apostólico entre los jóvenes.

Aceptar con gratitud las enseñanzas y mandatos de mis superiores encargados de mi formación, y serles fiel, disciplinado y leal.

Enorgullecerme siempre de mi religión, de mi Patria, de mis padres, de mis compañeros del Centro y de ser miembro de la Unión Seglar y de la Asociación Juvenil de la Inmaculada y San Luis Gonzaga.

PROMETO

Honrar la memoria de los mártires de España que ofrecieron su vida por una España católica.

Seguir sus pasos hasta el sacrifico supremo y el martirio si preciso fuera, y luchar contra las sociedades secretas y la masonería, así como contra el liberalismo, el socialismo y el comunismo, enemigos del Reino de Dios.

PROMETO

Alimentar mis días con la consigna:

POR CRISTO, POR MARÍA, POR ESPAÑA, MÁS, MÁS Y MÁS.

Así espero cumplirlo con la gracia de Dios y la maternal protección de la Virgen Santa María.

Las colonias y campamentos del  Padre Alba ya van por su cuarenta aniversario. En el Manual del Acampado que redactó y en la ordenanza del acampado perfecto dice:

ORDENANZA DEL ACAMPADO PERFECTO

Su ideal: Que Jesucristo y María reinen en España y por España en todo el mundo, para que todo el mundo forme así una Cristiandad.

Su postura: Intrepidez en confesar la fe. Su esfuerzo diario: Una España católica.

Su convencimiento: Estamos en los últimos tiempos profetizados; tiempos de prueba para los hijos de Dios, tiempos de seducción del diablo, tiempos de apostasía.

Su confianza: La Virgen María nos anuncia que está próximo el reinado de su Corazón Inmaculado. El Sagrado Corazón prometió al Beato P. Bernardo de Hoyos que reinaría en España y con más veneración que en otras partes.

Su ilusión: Poder emitir la promesa de los jóvenes de la Unión Seglar y formar en sus filas.

Su fortaleza: La Comunión y el Rosario diario.

Sus gritos de esperanza: Viva Cristo Rey. Viva el Papa. Viva España católica.

Su afán: Ganar nuevos jóvenes para esta santa causa.

Y en el apartado “Por Dios y por España” escribió:

POR DIOS Y POR ESPAÑA

Fue el grito de nuestros Conquistadores, de nuestros Cruzados y de nuestros Mártires. Imítales en tu vida con tu amor a Dios y a España.

Morir por Dios es vivir eternamente. Ante Dios nunca serás héroe anónimo.

No debes temer a la muerte. Sólo debes temer el ofender a Dios y serle infiel.

Ten presente que el más puro amor, después de Dios, es el de la Patria.

Tu Patria es tu Nación. Tu Nación es España.

España, única e indivisible en su rica variedad autárquica regional, es:

Sublime arcano de tradiciones

Relicario de grandezas

Madre de Nuevos Mundos

Luz de la Historia

Albergue de Santidad

Defensora de la Iglesia católica

España sin Cruz dejaría de ser España.

Estúdiala para conocerla. Conócela para amarla. Ámala para honrarla.

Quiere a una España católica, cimentada en la Cruz y rematada por la Cruz.

Sé buen patriota, pero recuerda que has de poner el patriotismo más en las obras que en las palabras.

Fórmate para continuar los gloriosos destinos de nuestra Historia. Que España sea vanguardia de la Cristiandad ante la Revolución anticristiana. Que sea guardadora del derecho cristiano, la justicia y la jerarquía, reconstruidas todas las instituciones tradicionales genuinamente españolas.

Hay una oración que podemos hacer por la Patria, si sabemos elevar el corazón a Dios cuando gritamos «Viva España católica» con entusiasmo. En ese momento estamos pidiendo a Dios que España viva, que se salve, que vuelva a ser suya.

Que en la formación, al «rompan filas», en el saludo, en los actos patrióticos, al gritar enardecido «Viva España» estés pidiendo y orando.

 

¡Corazón de Jesús!

¡Virgen Santísima del Pilar!

¡Santiago Apóstol!

¡Santos Españoles!

¡Que se salve España!

¡Viva España católica!

¡Viva España!

Después de la ofrenda a los mártires de España y de toda la Iglesia, y de cantar el himno de las Juventudes Católicas de España, el capellán del campamento proclama la máxima religiosa para el día siguiente. Son consignas de combate espiritual del P. Alba de este tono: ¡Criticar es fácil, lo difícil es hacer! ¡Véncete a ti mismo!  ¡Sursum Corda, arriba los corazones! ¡Por Cristo por María, por España, más, más y más! ¡Corazón Inmaculado de María, sed la salvación mía! ¡San José, ruega por nosotros! ¡Viva Cristo Rey, viva el Papa, viva España católica! ¡Nuestras  comunidades tienen que ser comunidades de amor!   Amén.

En uno de estos campamentos  me dijo un acampado que su tío abuelo, religioso, le había dicho: “Si algún día me cruzo con el P. Alba, escupiré sobre las huellas de sus pisadas”. ¡Qué valiente! O ¡qué sucio! El cardenal Ratzinger, hoy Su Santidad Benedicto XVI, en el rezo del Vía Crucis del 2005 en Roma, dijo: “Cuánta suciedad hay en la Iglesia, incluso entre aquellos que en el sacerdocio deberían pertenecer enteramente a  Él. ¡Cuánta soberbia, cuánta autosuficiencia!” Sí, muchos bautizados escupen y ensucian el rostro de nuestra santa Madre Iglesia. Pero la Iglesia es santa en su fundador, el Verbo encarnado, el Hijo de Dios hecho hombre; la Iglesia es santa en el Espíritu Santo que la gobierna y la protege. La Iglesia  es santa en la Virgen María, la Iglesia es santa en sus innumerables santos, santas, mártires y héroes. La Iglesia Católica es el remanso de caridad de Dios en la tierra. El P. Alba nos enseñó a dar la vida por la Iglesia de Cristo. Sus discípulos estamos muy alegres porque hace unos días, un joven obispo de España, le dijo a un joven militante de la Unión Seglar: “Con el padre Alba se cometió una injusticia”. Gracias señor obispo, que el Señor le bendiga y la Santísima Virgen le proteja bajo su manto.

En 1984 el P. Alba funda el Colegio Corazón Inmaculado de María en Sentmenat (Barcelona).

Su espíritu está concentrado  en la segunda página del tríptico del colegio:

El Colegio del Corazón Inmaculado de María está regido por una Fundación privada de carácter educativo denominada Fundación Padre Piulachs, la cual tiene ámbito nacional.

Integran la Comunidad educativa, sacerdotes, maestros y profesores, especializados en la misión educativa, que garantizan la formación reli­giosa y moral, literaria, científica y física de los alumnos.

La Fundación Padre Piulachs, tiene muy presente lo que enseña el Concilio Vaticano II, en su Declaración sobre la Educación Cristiana de la Juventud: «Declara el Sagrado Concilio, que los Niños y los Adolescentes tienen Derecho a que se les estimule a apreciar con recta conciencia los valores morales y también a que se les estimule a conocer y amar más a Dios Nuestro Señor».

El fin que se propone el Colegio en la educación de sus alumnos es atender a la formación de toda su personalidad, de tal manera que junta­mente con los conocimientos y exigencias humanas aprendan a llevar una vida digna y coherente con el ser y pensar de un católico, como nos lo enseña la Iglesia.

El espíritu que anima el Colegio se define por su mismo nombre: hacer de todo el Colegio una Casa de la Virgen María, vivir la devoción a su Corazón Inmaculado, y por medio de ese Corazón de Madre, servir a Nues­tro Señor Jesucristo. El Reinado Social del Sagrado Corazón de Jesús y del Corazón Inmaculado de María es el ideal del Colegio.

En consecuencia el Colegio pondrá su afán en educar personal­mente en:

–  La doctrina y moral católica y en la doctrina social de la Iglesia.

–  La formación de una conciencia moral, profesional y social.

–  El respeto a las Leyes.

–  La valoración y aprecio de la historia y de todas las tradiciones his­pánicas. De modo muy especial, valorará el legado de Cataluña y del pueblo catalán, a lo largo de la historia, a la común tradición de las Españas, así como el conocimiento de la lengua catalana y el aprecio a la genuina catalanidad.

–  El ejercicio de las virtudes sociales de compañerismo, austeridad espíritu de servicio, sinceridad, lealtad.

–  El desarrollo de la propia iniciativa y la creatividad, así como una básica preparación física y artística.

–  Vivir la caridad cristiana, no solamente en el amor a la propia familia y a los más próximos, sino en la atención a los más necesitados.

–  Amar a la Santa Iglesia, a su historia, a las Misiones, a toda la Cristiandad con un corazón abierto a lo noble y heroico de la Iglesia en cualquier lugar de la Tierra.

De las aulas de este Colegio de la Virgen han salido siete monjas de vida contemplativa, tres religiosas, cuatro misioneros de Cristo Rey, dos religiosos y un sacerdote. También médicos, abogados, ingenieros, farmacéuticos, enfermeras, maestros, arquitectos, químicos, un juez, una fiscal y muchos trabajadores honrados y emprendedores, que saben perfectamente que pueden santificarse en sus puestos de trabajo.

El 29 de septiembre de 1994, fiesta de los santo Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael, el santo, sabio y valiente  Monseñor Guerra Campos, por la gloria de Dios y de la Santa Sede Apostólica, obispo de Cuenca, erigía en su diócesis la Sociedad Misionera de Cristo Rey, fundada por el misionero moderno de nuestros días el P. José Mª Alba Cereceda SJ. En los dos primeros puntos del proemio de sus constituciones, impregnadas del espíritu de san Ignacio de Loyola, dejó escrito:

 PROEMIO

I    Como la mayor parte de los hombres viven hoy alejados de Dios y de la Iglesia, casi toda la manera de pensar y de vivir y la vida pública y social se separa cada vez más de la Fe cristiana; más aún, en muchos lugares se ha llegado yaSMCR a la apostasía gene­ral y a una subversión completa, no solamente de lo que constituye la sociedad cristiana, sino de los mismos fundamentos sobre los que se apoya el orden natural; todos los asociados en esta Sociedad Misionera de Cristo Rey, impelidos por su amor a Jesucristo y a su Esposa la Iglesia, han de trabajar con todas sus fuerzas para que de nuevo la vida pública y privada vuelva a conformarse con la doc­trina del Evangelio, de acuerdo con el recto orden social y las enseñanzas perennes del Magisterio de la Iglesia, y para que todos los hombres apartados de Cristo, vuelvan a la Iglesia para participar de la vida divina.

En consecuencia, esta Sociedad Misionera de Cristo Rey tiene ante sí la gran misión de consagrarse a la evangelización y recristianización de los hombres, de las familias, de toda la sociedad, con un afán universal. Por ser el bien cuanto más universal más divino, no circunscribirá sus ansias apostólicas a la propia diócesis, región o nación; más aún, con ansia de Iglesia Católica proyectará su espíritu sobre el mundo entero, teniendo especial atención a las na­ciones americanas engendradas a la fe por los misio­neros españoles así como los países que no han recibido la abundancia de la semilla evangélica. El mejor servicio de esta Sociedad Misionera de Cristo Rey será poder ofrecer a la Iglesia todos sus miem­bros para ejercitar una labor evangelizadora en don­de se espere más servicio de Dios y ayuda de las almas.

II     Para conseguir la mayor perfección posible en una vida intensa de oración y apostolado, determínense los miembros de esta Sociedad, con la ayuda de la gracia divina, a reaccionar valientemente contra todo género de superficialidad y de naturalismo que forman la raíz de tantos males como hoy sufren la Iglesia y la sociedad humana. Aléjense de espectá­culos y costumbres mundanas, antes al contrario dediqúense a estudiar y profundizar en las enseñan­zas de la Iglesia hasta adquirir una sólida formación doctrinal y una connaturalidad para con todas las manifestaciones del Magisterio de la Iglesia, tenien­do como norma de su conducta las reglas que señaló San Ignacio en el libro de los Ejercicios sobre el sentir con la Iglesia Jerárquica.

III   La Sociedad Misionera de Cristo Rey ha de ser una escuela al servicio de Nuestro Señor Jesucristo. En ella, sacerdotes, estudiantes para el sacerdocio, hermanos, cada uno conforme a su estado, reunidos en el mismo fin de la propia santificación y apostolado, hallarán abundancia de medios para trabajar inten­samente por el Reinado de Jesucristo nuestro Señor.

Actualmente, la Sociedad Misionera de Cristo Rey, tiene cinco misioneros en dos misiones del Perú. Cuatro de ellos nacieron en distintos barrios de Barcelona y uno en Las Pedroñeras (Cuenca). El Sr. Obispo de Huacho ha nombrado rector y director espiritual del seminario a dos misioneros nuestros, y además, les ha encargado la pastoral universitaria de la diócesis. En Chosica está nuestro noviciado. El obispo de la diócesis ha nombrado profesor  del seminario a uno de nuestros misioneros. Con la ayuda de las limosnas de España y Perú están construyendo la hermosa iglesia de santa María de Cristo Rey. Periódicamente, predican el evangelio de Cristo en aldeas diseminadas por las montañas.

En España las misioneras y los misioneros  de Cristo Rey trabajamos en el campo apostólico, legado de nuestro fundador. Un misionero va de un lugar a otro de España e Hispanoamérica dando los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola y predicando misiones populares. En la diócesis de Cuenca hay otro misionero de Cristo Rey que es juez eclesiástico, delegado del obispo para las causas de los mártires de la persecución religiosa desatada en España los años 1936-39 y párroco. Cuatro misioneros son  consiliarios de las revistas Ave María y Meridiano Católico, y seis misioneras trabajan en el Colegio Corazón Inmaculado de María y en todas las actividades apostólicas fundadas por el padre Alba.

Uno de los grandes intelectuales de España, Marcelino Menéndez Pelayo, santanderino él, que se trasladó a Barcelona para estudiar en su universidad dijo de la ciudad condal: “La gran metrópoli mediterránea destinada acaso en los designios de Dios a ser la cabeza y el corazón de España regenerada”.

A un santo y sabio sacerdote barcelonés que murió hace años le oí decir: “La diócesis de Barcelona es un difunto que costará mucho resucitarlo”. Todo está en manos de la divina Providencia. A nosotros nos toca ser militantes, dóciles a las inspiraciones del Espíritu Santo y al Magisterio de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana.

 

Súplica ante la Virgen de Veruela  ( Padre José María Alba Cereceda  S.I.)

Ante el  Moncayo blanco que al cielo sube erguido
está tu humilde trono de piedra y soledad
cercado de colinas y crestas militares,
hayedos, encinares y tierras de labrar.

Azules horizontes en las cumbres lejanas,
noches limpias, profundas, con estrellas sin fin,
marco espléndido y único de Virgen coronada,
Madre de juventudes que enseñaste a vivir.

Vivir para la gloria, la gloria de tu Hijo,
y extender por el mundo los campos del amor,
rotos los diques secos de humanos egoísmos,
sembrar hombro con hombro el Reino del Señor.

¿Qué torbellino ciego de odios y rencores,
de infamantes políticas, de traiciones a Ti
ha dispersado el ímpetu de los jóvenes ríos,
ha hecho yermo su paso, vano, incoloro, gris?

¡Oh Virgen de Veruela que fuiste Capitana
de aquella Compañía dispuesta a bien luchar,
hoy solitaria y lejos, distante de esta hora
de la moda burguesa y el cómodo yantar!

¡Oh Virgen de Veruela, diminuta en tu Alcázar,
que aquellos caballeros que quisiste formar,
mientras el frío azota los chopos del camino,
vuelvan su rostro al viento, dispuestos a empezar!

Dejen atrás lo viejo, cadáver insepulto
de mentiras actuales, modernas y de ayer.
Vivan nueva aventura de Compañía nueva,
pobre, graciosa, humilde, de verdad en su ser.

¡Oh virgen de Veruela, Reina desde de tu Alcázar
que enseñaste a tus hijos bravura y santa guerra,
haz que con las cruces que ungieron nuestros votos
volvamos con Ignacio a conquistar la tierra!

Y si por felonías farisaicas, hipócritas,
el humo del infierno ya envolvió tus majadas,
¡concédenos la sangre martirial que redima,
y que en manos de santos brillen cruces de espadas!

 

 

sociedad-misionera-de-crist

P. Manuel Martínez Cano mCR

 

 

 

10 Reflexiones Luminosas

27 miércoles Feb 2013

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Desde ahora nos adherimos plenamente a quien vaya a ser elegido como próximo Papa, aún sin saber su nombre, su obispo20munillaprocedencia u otras circunstancias. Os pido que ya recéis por él, que nos unamos todos en la oración por el futuro Romano Pontífice: Se trata de una actitud de fe, sabiendo que el Espíritu de Dios nos conduce a través de las mediaciones humanas, e incluso por encima de ellas. En medio de tantas quinielas y de comentarios ‘politizantes’ ajenos a la vida de la Iglesia, nuestra confianza en el Espíritu Santo nos preserva de los peligros a los que alude San Pablo ya en el siglo primero de la Iglesia: «Y os digo esto porque cada cual anda diciendo: «yo soy de Pablo, yo soy de Apolo, yo soy de Cefas, yo soy de Cristo». ¿Acaso está divido Cristo?.» (Cfr. 1 Co 1, 12-13). Me permito insistir: la adhesión de los católicos al Papa es previa a haberle conocido, porque es una adhesión en la fe, en la esperanza y en la caridad.

Como todavía estamos a tiempo de recibir de Benedicto XVI su gran legado, quisiera concluir con una selección de diez ‘perlas’, diez reflexiones luminosas ofrecidas por el todavía Papa, en el ejercicio de lo que muchos han calificado como una «pastoral de la inteligencia»:

• «Donde Dios no ocupa el primer lugar, corre peligro la dignidad del hombre».

• «Cuando el hombre se aparta de Dios, no es Dios quien le persigue, sino los ídolos».

• «Una fe que nosotros mismos podemos determinar, no es en absoluto una fe».

• «La razón no se salvará sin la fe, pero la fe sin la razón no será humana».

• «Cuando la política promete ser redención, promete demasiado. Cuando pretende hacer la obra de Dios, pasa a ser, no divina, sino demoníaca».

• «El laicismo se está convirtiendo en una ideología autoritaria e intolerante».

• «No es la ciencia la que redime al hombre. El hombre es redimido por el amor».

• «Hay quien afirma que el respeto a la libertad del individuo hace que sea erróneo buscar la verdad. Pero, ¿qué objeto tiene entonces la libertad?».

• «Las cuentas sobre el hombre, sin Dios, no cuadran; y las cuentas del universo, sin Dios, tampoco cuadran».

• «La cultura de Europa nació del encuentro entre Jerusalén, Atenas y Roma; del encuentro entre la fe en el Dios de Israel, la razón filosófica de los griegos y el pensamiento jurídico romano».

 

+ José Ignacio Munilla, obispo de San Sebastián

Catecismo Social I

21 jueves Feb 2013

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Prólogo

Escribió Juan Pablo II en «Signo de contradicción”: “Las peores situaciones son la fotoaquellas en las que falta la claridad. En ellas desaparecen los confines entre el bien y el mal y reina el caos”. Para subsanar esta autén­tica tragedia, el mismo Juan Pablo II ha dicho a los obispos de los Estados Unidos: “Que el sagrado depó­sito de la doctrina cristiana sea custodiado y enseña­do en forma cada vez más eficaz. El sagrado depósito de la Palabra de Dios que la Iglesia nos entrega, cons­tituye el gozo y la fuerza de la vida de nuestro pueblo. Es la única solución pastoral de los muchos problemas de hoy día. Presentar este sagrado depósito de la doc­trina cristiana en toda su pureza e integridad, con to­das sus exigencias y todo su poder, es una responsa­bilidad pastoral santa; es, además, el servicio más su­blime que podemos prestar”

En esta línea está pensado y escrito este libro, debido a la pluma del sacerdote y publicista bien conocido, Mn. José Ricart Torrens. Responde plenamente a las exi­gencias de la misión de la Iglesia en nuestros días: “La Iglesia, tratando de mirar al hombre como con los ojos de Cristo mismo, se hace cada vez más consciente de ser la custodia de un gran tesoro, que no le es lícito dilapidar, sino que debe acrecentar continuamente. En efecto, el Señor Jesús dijo: El que no está conmigo está contra mí. El tesoro de la humanidad, enriquecido por el inefable misterio de la filiación divina, de la gracia de adopción en el Unigénito Hijo de Dios, mediante el cual decimos a Dios Abba, ¡Padre!, es también una fuerza poderosa que unifica a la Iglesia, sobre todo desde dentro, y da sentido a toda su actividad. (“Re­demptor hominis», 18). Y es el mismo Papa que enseña: “En este campo del conocimiento humano, que conti­nuamente se amplía y al mismo tiempo se diferencia, también la fe debe profundizarse constantemente, ma­nifestando la dimensión del misterio revelado y ten­diendo a la comprensión de la verdad, que tiene en Dios la única fuente suprema. Si es lícito -y es nece­sario incluso desearlo- que el enorme trabajo por des­arrollar en este sentido tome en consideración un cierto pluralismo de métodos, sin embargo dicho tra­bajo no puede alejarse de la unidad fundamental en la enseñanza de la fe y de la moral, como fin que le es propio”. (“Redemptor hominis», 19).

Esta es la temática del «CATECISMO SOCIAL» que ofrecemos a los lectores. Una disposición altamente pedagógica presenta toda la selva de las ideologías contradictorias de nuestra hora en forma de diá­logo, con preguntas incisivas y respuestas concretas. Es un tesoro de doctrina que ya existe dispersa en el Evan­gelio, el magisterio pontificio y la experiencia históri­ca, comprobando a la luz de la fe, la valoración de los falsos sistemas y la verdad de la vida cristiana, con toda su proyección. Frente a los que han propugnado un falso sobrenaturalismo, desgajado de lo social, y a los que obsesivamente han vaciado el Evangelio en un temporalismo inhumano, otra vez -como siempre­- resplandece la fecundidad de la vocación personal a la santidad y la finalidad de la sociedad humana que no puede alcanzar sus metas y el bien común verdadero sin el Reinado social de Jesucristo.

Este libro sirve para todos. No está adosado a nin­guna clase social, edad, clan ni estamento. Diríamos que está indicadísimo para nuestra juventud que tiene que soportar toneladas de errores acumulados por ge­neraciones mayores, y que no tiene un instrumento de discernimiento a la mano. Este libro puede ser una excelente guía para esta juventud, a fin de que se inicie con el conocimiento más profundo del mensaje evan­gélico sobre el hombre y sobre la sociedad. Y sólo en el calor de la verdad encontraremos el clima del rejuve­necimiento que reclama el mundo en que vivimos. Es cosa cierta que la vejez del liberalismo y del marxis­mo ya no nos sirven. Como tampoco un cristianismo aburguesado, sofisticando el orden de la sociedad, el sentido de la autoridad, el papel de la participación po­pular, y las grandes coordenadas de la justicia, sola­mente posible en el entendimiento de la sociedad tal como Dios la quiere.

Juan Pablo II, enseñaba en Santo Domingo -cami­no de su peregrinación a Méjico-, el pasado 25 de ene­ro: “La Iglesia, experta en humanidad, fiel a los signos de los tiempos, y en obediencia a la invitación apre­miante del último Concilio, quiere hoy continuar su misión de fe y de defensa de los derechos humanos. In­vitando a los cristianos a comprometerse en la cons­trucción de un mundo más justo, humano y habitable, que no se cierra en sí mismo, sino que se abre a Dios”. Y no podemos dejar de recordar que este “CATECIS­MO SOCIAL” está editado por la revista “AVE MARIA”, de tan larga y profunda solera mariana y popular. Con Juan Pablo II repetimos: “La caracte­rística de este amor materno que la Madre de Dios in­funde en el misterio de la Redención y en la vida de la Iglesia encuentra su expresión en su singular pro­ximidad al hombre y a todas sus vicisitudes”, (“Re­demptor hominis”, 22),

“CATECISMO SOCIAL” es consecuentemente una convocatoria actual, a la altura del magisterio de Juan Pablo II, escrito con espíritu misionero, impregnado de la convicción que “nadie como María” -frase del Papa- nos lleva a Jesucristo, a su reinado, a las efu­siones divinas de la Redención. Con un tono muy vivo se nos recuerda lo que el cardenal Pie dijo certeramen­te: “Se ha ensayado todo; ¿no habrá llegado la hora de ensayar la Verdad?” De ahí que “CATECISMO SO­CIAL” debe convertirse en pan intelectual y fuego en los corazones. “En el poder de la Palabra de Dios encon­tramos energía para promover la justicia, testimoniar el amor, defender la sacralidad de la vida y proclamar la dignidad de la persona humana y su destino tras­cendente», decimos con Juan Pablo II. (A los obispos de Canadá). Este es el fondo y la perspectiva de este “CATECISMO SOCIAL”. Nos podemos felicitar.

José María Alba Cereceda, S.I.

Consiliario de la revista “AVE MARIA”

 

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"Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la construyen. (Salmo 127, 1)"

Nuestro ideal: Salvar almas

Van al Cielo los que mueren en gracia de Dios; van al infierno los que mueren en pecado mortal

"Id al mundo entro y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado" Marcos 16, 15-16.

"Es necesario que los católicos españoles sepáis recobrar el vigor pleno del espíritu, la valentía de una fe vivida, la lucidez evangélica iluminada por el amor profundo al hombre hermano." San Juan Pablo II.

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