Durante seis días he predicado y visitado lugares en un barrio marginal del antiguo reino de Valencia. Durante nueve meses las Misioneras de las Doctrinas Rurales han convivido con gitanos, musulmanes, rumanos, hispanoamericanos y una pequeña minoría del lugar.

La labor apostólica de las Misioneras perdurará largos años. Han enseñado a leer y escribir, la teoría del carné de conducir, informática y otras actividades culturales. Al final de las clases, enseñan la doctrina cristiana durante veinte minutos, incluso con alumnas musulmanas. Visitaron todas las casas y un buen número varias veces durante el curso.5) misioneras rurales 2 001 (1)

Los misioneros celebramos la Santa Misa a las 8’30 de la mañana y a las 5 de la tarde. Mientras uno decía la Misa, el otro atendía confesiones. Por la mañana, visita y bendición de las casas, entregando una gran estampa del Sagrado Corazón de Jesús; también imponíamos el escapulario. Por la tarde, rosario por las calles del barrio con la Virgen de la Medalla Milagrosa. Terminaba el acto con la predicación de los dos misioneros. El viernes rezamos el Via Crucis solemne con un gran crucifijo, escoltado por varios ciriales, incensado durante todo el trayecto. El sábado rezamos el rosio de la aurora con varios cantos.

Durante los días de la misión, se bautizaron cinco niños, siete hicieron su primera comunión y quince jóvenes y adultos se confirmaron. Todos ellos preparados por las misioneras durante el curso.

Termino con el principio. Al llegar al barrio tuve la impresión de estar en un país musulmán. Frente a mí había cuatro jóvenes musulmanes con sus llamativos vestidos de colores brillantes y. al fondo, una montaña blanquecina y reseca. Se veían bastantes niños por la calle en horario escolar. Un buen día le pregunté a una niña: ¿Cómo es que no estás en el colegio? Respuesta: Le he pegado a la maestra y me han expulsado.

Una gran misión: alfabetizar, educar, evangelizar. Lo hacen desde hace muchos años las Misioneras de las Doctrinas Rurales. ¡Apúntate! ¿A qué esperas?

 

P. Manuel Martínez Cano, mCR