Capítulo 35

 Que en esta vida no hay seguridad de carecer de tentaciones

  Jesucristo.- 1. Hijo, nunca estás seguro en esta vida, porque mientras vivieres tienes necesidad de armas espirituales.

Entre enemigos andas; a diestra y a siniestra te combaten.

Si, pues, no te vales del escudo de la paciencia, no estarás mucho tiempo sin herida.

jesusAdemás de esto, si no pones tu corazón fijo en mí, con pura voluntad de sufrirlo todo por mí, no podrás pasar esta recia batalla ni alcanzar la palma de los bienaventurados.

Conviénete, pues, romper varonilmente con todo y pelear con mucho esfuerzo contra lo que viniere.

Porque «al vencedor se da el maná» (Ap 2,17) y al perezoso le aguarda mucha miseria.

2. Si buscas descanso en esta vida, ¿cómo hallarás entonces la eterna bienaventuranza?

No hagas el ánimo a mucho descanso, sino a mucha paciencia.

Busca la verdadera paz, no en la tierra, sino en el cielo; no en los hombres ni en las demás criaturas, sino en Dios sólo.

Por amor de Dios debes padecerlo todo de buena gana: trabajos, dolores, tentaciones, vejaciones, congojas, necesidades, dolencias, injurias, murmuraciones, reprensiones, humillaciones, confusiones, correcciones y menosprecios.

Estas cosas aprovechan para la virtud; estas prueban al nuevo soldado de Cristo; estas fabrican la corona celestial.

Yo daré eterno galardón por breve trabajo, y gloria infinita por la confusión pasajera.

3. ¿Piensas tener siempre consolaciones espirituales al sabor de tu paladar?

Mis santos no siempre las tuvieron, sino muchas pesadumbres, diversas tentaciones y grandes desconsuelos.

Pero las sufrieron todas con paciencia, y confiaron más en Dios que en sí, porque sabían que «no son equivalentes todas las penas de esta vida para merecer la gloria venidera» (Rom 8,18).

¿Quieres hallar de pronto lo que muchos después de copiosas lágrimas y trabajos, con dificultad alcanzaron?

«Espera en el Señor, trabaja» y esfuérzate «varonilmente» (Sal 26,14); no desconfíes, no huyas; mas ofrece el cuerpo y el alma por la gloria de Dios con gran constancia.

Yo te lo pagaré muy cumplidamente; yo «seré contigo en toda tribulación» (Sal 90,15).