1. ¿VAN A DESAPARECER LOS CONFESONARIOS? Las recientes normas litúrgicas sobre la confesión dicen claramente que «el Sacramento de la Penitencia debe administrarse en el lugar y la sede que el Derecho establece». Y lo que establece el Derecho de la Iglesia, o sea, el Código de Derecho Canónico, es que «el lugar propio de la confesión sacramental es una iglesia u oratorio » (Canon 964). Manda también que «por los que se refiere a la sede para oír confesiones, la Conferencia Episcopal dé normas, asegurando en todo caso que existan siempre en lugar patente confesionarios previstos de rejillas entre el penitente y el confesor que pueden utilizar libremente los fieles que así lo deseen.confesión No se deben oír confesiones fuera del confesionario, si no es por justa causa.» Y el magisterio de la Iglesia ha recordado con insistencia que «nadie, aunque sea sacerdote, añada, quite o cambie cosa alguna por iniciativa propia en la liturgia». Naturalmente, si algún sacerdote, por su cuenta y riesgo, desobedeciera esta orden y se manifestara partidario de eliminar los confesonarios, estaría burlándose de la ley y de la autoridad de la Iglesia, lo cual sería grave. Ignorar lo que el Derecho establece o permitir prácticas contrarias a las disposiciones del magisterio de la Iglesia nunca sería precisar más. Se dice “la Conferencia Episcopal dé normas.” Determinar con mayor precisión sería, por ejemplo, indicar cómo hacer más funcionales los confesonarios, cómo deben situarse para que sean bien visibles, determinar cómo deben ser las rejillas con agujeros pequeños o concretar qué situaciones de «verdadera necesidad» permiten al sacerdote confesar a mujeres fuera del confesonario. No sería precisar más autorizar prácticas antijurídicas o cerrar los ojos a los casos en que algún sacerdote confesase a mujeres en el despacho parroquial, dando un paseo o en la mesa de un bar.
  2. ¿POR QUÉ TANTAS PRECAUCIONES PARA LAS CONFESIONES DE MUJERES? La experiencia de siglos y de casos lamentables, la sabiduría de la Iglesia y su veteranía en el conocimiento de las personas, aconseja que se tenga cuidado y no se sea ingenuo o imprudente en este tema. Por otra parte, la rejilla del confesonario es una delicadeza más de la Iglesia para con las mujeres. La natural vergüenza al confesar los pecados, ya es de por sí parte de la penitencia, y no sería nada «pastoral» aumentar el peso de la vergüenza y hacer así más gravoso el cumplimiento de este precepto divino. La penitente tiene, además, el derecho a no ser reconocida por el confesor.
  3. ¿AHORA TENDRÉ QUE DECIR LOS PECADOS DELANTE DE TODOS? En ningún caso. El ritual afirma con toda claridad: «La confesión y absolución individual o íntegra sigue siendo el único modo ordinario por el que los fieles se reconcilian con Dios y con la Iglesia». Es decir, la confesión oral y secreta es el único modo normal de recibir este sacramento. El ritual recoge, recopila lo que ya mandaba nuestra Santa Madre Iglesia sobre este sacramento. Nada sustancial ha cambiado.
  4. ¿HACE FALTA CONFESARSE CON FRECUENCIA? El ritual dice que «los que caen en pecados veniales, experimentando a diario su debilidad, por la repetida práctica de la confesión reciben fuerzas para llegar a la plena libertad de los hijos de Dios». Y a continuación aconseja «el uso frecuente y diligente de este sacramento» para recibir así la ayuda de la gracia sacramental al acusarse de las culpas veniales. La Iglesia nos enseña también que la confesión frecuente o «de devoción», por ser un encuentro personal con Cristo, nos perfecciona, nos comunica su gracia y robustece nuestra alma. Sería un grave desamor despreciar un encuentro con Cristo. Y asimismo nos enseña que la confesión frecuente, al llevar consigo un reiterado examen de conciencia, repetidos actos de contrición y de amor de Dios, y al escuchar con asiduidad los consejos del sacerdote, resulta un medio insustituible para formar rectamente la conciencia y para evitar la deformación de conciencia en la que caen los que no se confiesan o sólo lo hacen muy de tarde en tarde. Incluso para los niños pequeños es muy conveniente la confesión frecuente. Son encuentros con Ia bondad de Jesucristo y medio para ir formando en ellos una conciencia recta. Nadie tiene derecho a privarles de eso. La Iglesia pide a los sacerdotes que «se muestren siempre dispuestos a oír en confesión cuando lo pidan razonablemente los fieles» (Canon 986). Y añade: «Se ha de evitar absolutamente que la confesión individual quede limitada a los pecados graves solamente, lo cual privaría a los fieles del gran fruto de la confesión y perjudicaría la buena fama de los que se acercan individualmente al sacramento» (Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, 17 de junio de 1972).
  5. ¿QUÉ SON Y EN QUÉ CONSISTEN LAS CELEBRACIONES PENITENCIALES? En el «Ordo Poenitentiae» se explica que las «celebraciones penitenciales» no son la confesión. «Téngase cuidado -dice el ritual- de que los fieles no confundan estas celebraciones con el Sacramento de la Penitencia». Se trata de actos con mucha o poca gente, en los que el sacerdote o quien dirija la función lee los textos, predica; en los que se canta, se reza, para fomentar el espíritu de penitencia y el arrepentimiento en los asistentes. Sirve para inclinar a los fieles a una posterior confesión individual, auricular y secreta. Quien quiera se confesará después u otro día por su cuenta. Debe, pues, quedar muy claro que las llamadas «celebraciones penitenciales» son una cosa completamente distinta de la confesión sacramental. No sirven para perdonar los pecados mortales, no sirven para volver al estado de gracia, y, por tanto, si se está en pecado mortal, no se podrá comulgar sin antes confesarse de modo personal.
  6. ¿HABRÁ CONFESIONES COLECTIVAS? No. En todas partes y en todos los casos, la confesión es siempre privada, uno a uno, y secreta. El nuevo «Ordo» da reglas para un especial tipo de celebración del Sacramento de la Penitencia, en el que los reunidos oyen juntos la palabra de Dios, cantan, rezan, hacen todos juntos un examen de conciencia personal, expresan juntos actos de verdadera contrición y propósitos de enmienda, y luego, los sacerdotes se trasladan a sentarse en sus respectivos confesonarios para que los reunidos pasen a confesarse como siempre, uno a uno secretamente, con el confesor que prefieran.
  7. ¿Y LAS ABSOLUCIONES GENERALES? -El capítulo del ritual que trata de la confesión y absolución generales empieza determinando que la confesión y absolución individual o íntegra sigue siendo el único modo ordinario -normal- por el que los fieles se reconcilian con Dios y con la Iglesia. Entonces, ¿cuándo se puede recurrir al modo extraordinario -anormal- de la absolución colectiva? Además de los casos de peligro de muerte (naufragio, catástrofe, bombardeo, etc.), se podría recurrir a la absolución general si ocurriese «una grave necesidad», es decir, cuando no hubiese suficientes confesores para la cantidad de penitentes, y, por tanto, estos penitentes se verían forzados, sin culpa suya, a quedar privados por largo tiempo de la gracia sacramental o de la Sagrada Comunión. El «Ordo» dice, además, que no es lícito dar la absolución general con motivo de una gran festividad o peregrinación sólo porque haya mucha concurrencia, si puede haber confesores bastantes. Y en España, si se quiere, puede haberlos… Por otra parte, el «Ordo» recuerda que es imprescindible que quienes reciban una absolución general se hayan arrepentido de cada uno de sus pecados mortales, hagan propósito de no pecar más, decidan reparar los escándalos y daños causados y se hayan propuesto sinceramente confesar cuanto antes los pecados mortales en confesión privada y auricular. Añade: «Y deben, de una manera absoluta, acercarse a un confesor dentro del año, a no ser que obste imposibilidad moral, pues rige también para ellos el precepto por el que todo fiel cristiano debe confesar al sacerdote individualmente por lo menos una vez al año sus pecados mortales que aún no haya confesado particularmente.»

“DIOS TE SALVE MARÍA, LLENA DE GRACIA», se lee en el Evangelio de San Lucas, 1, 28, ponderando la santidad de nuestra Madre. Por esto son tan eficaces las TRES AVEMARÍAS, cada mañana y cada noche, suplicándole la salvación eterna.

Obra Cultural
Laura, 4 – Barcelona-10