PADRE ALBARvdo. P. José María Alba Cereceda, S.I.
Meridiano Católico Nº 162, mayo de 1992

El pasado mes os decía que la Tradición, con mayúsculas, para diferenciarla de las pequeñas tradiciones locales o familiares, es el alma y la ciencia de la propia identidad de un pueblo a lo largo de su histona. Como el bosque inmenso, el mar penetrando en las tierras, configuran un paisaje para siempre, así la Tradición, que es la vida y la memoria acumulada de un pueblo, configuran a ese pueblo, o a una sociedad humana, más que todos los accidentes externos, mudables y transitorios. La Tradición es alma, fiel a sí ‘misma, idéntica a sí misma, que sigue siendo la misma, aunque sea muy grande la diferencia en la vida de una persona, desde su infancia hasta su madurez. El acontecer humano ha ido enriqueciendo el acervo de conocimientos de aquella persona, pero no ha cambiado el ser de su alma. De la misma manera, las sucesivas generaciones y los siglos, han aumentado el legado histórico de la Tradición, han ido configurando con nueva riqueza el ser original de un pueblo, pero no han hecho que deje de ser el mismo que inició su caminar a lo largo de la historia, en el mar humano de todos los demás pueblos.

Hay aquí latente una verdad indudable. La Tradición de un pueblo tiene una analogía con la Santa Iglesia que es también Tradición, y tiene una voz pública para todos los hombres de todos los tiempos, que es su Magisterio Tradicional, siempre el mismo, siempre coherente consigo mismo, coherente con su enseñanza de siempre, y coherente con las nuevas luces .que iluminan las nuevas circunstancias de los hombres: “nova et vetera”. No hay diferencia en lo nuevo y en lo viejo, porque la Tradición es el ser vivo de la enseñanza de la Iglesia que ha de salvar con la misma enseñanza a todos los hombres de todas las épocas. Pero hay además otra verdad latente en la Tradición y en el amor a la Tradición: honramos a nuestros padres, ya los padres de nuestros padres. En la Tradición cumplimos de forma eminente el mandamiento de “Honrarás padre y madre”.

¿Cómo adscribirse a la gran comente de la Tradición, cómo vivir consciente-mente la vida de la Tradición, en la vida actual de nuestro pueblo? Por el estudio de las santas tradiciones nacionales, regionales, comarcales, familiares, profesionales. Queriendo vivir esa serie de tradiciones, cuyo conjunto forma el gran río de la Tradición nacional. Además, trabajar y militar y formar parte activa en todos los movimientos sociales y políticos que deseen servir mejor la Tradición nacional, reconstruirla y restaurarla en todos los aspectos en que ha sufrido deterioro por la acción de las fuerzas anti-tradicionales que son siempre antihumanas y anticristianas.

En el caso de España, que desde su nacimiento es cristiana, es de María y es de la Iglesia, deberé militar, apoyar y defender, aquel movimiento político, aquel partido político, aquella asociación política, que más de acuerdo esté con el ser cristiano, mariano y eclesial de España. Que mejor defienda los derechos de Dios en nuestra Patria, y la realización del Reinado social de Jesucristo en nuestra Patria. El gran moralista P. Arregui decía que se debe militar en el orden político en aquella organización política de la que no me avergonzare la hora de mi muerte, porque siempre a la faz del mundo defendió la gloría de Dios, los derechos plenos de la Iglesia sobre la sociedad y la Patria, y el heroísmo del martirio para defenderlos, como hicieron los mártires y los cruzados de todos los tiempos. Al buen entendedor, buenas y pocas palabras.