pintura-religiosa-con-paisajes-marinosIsabel

María refleja las virtudes de la fe

La Iglesia, meditando piadosamente sobre ella y contemplándola a la luz del Verbo hecho hombre, llena de reverencia, entra más a fondo en el soberano misterio de la encarnación y se asemeja cada día más a su Esposo. Pues María, que por su íntima participación en la historia de la salvación reúne en sí y refleja en cierto modo las supremas verdades de la fe, cuando es anunciada y venerada, atrae a los creyentes a su hijo, a su sacrificio y al amor al Padre. (Lumen Gentium 65)

Estados del hombre y la mujer

La mujer: casada, soltera y consagrada a Dios. El hombre: casado y consagrado a Dios, porque el hombre no puede quedarse soltero. Lo dice el Génesis (2, 18): “No es bueno que el hombre esté solo, hagámosle una ayuda semejante a él”. Para eso creó Dios a la mujer para compañera y ayuda del hombre. Quiero decir que no hay solteronas, pero hay solterones. Y lo pruebo.

Por regla general, aunque hay excepciones que confirman la regla, el hombre soltero, mal en esta vida y peor en la otra. La mujer soltera en cambio bien en esta vida y mejor en la otra. En esta vida una mujer sola se bandea magníficamente. Lo vemos todos los días. Se queda una mujer viuda con cuatro o seis hijos, nadie sabe cómo, pero ella se arregla y los saca adelante. Se queda un hombre viudo con dos o tres hijos y tiene que casarse para sacarlos adelante. Y para la otra vida, como la pasión de la mujer es muy débil, pues es el elemento pasivo en la concepción, sin gran dificultad vive como un ángel y después se va al cielo con ellos. El hombre, por el contrario, mal en esta vida, como está dicho y peor en la otra: porque su pasión es muy fuerte, y si no la reprime con una pujante vida espiritual, peca y queda condenado al infierno. Por eso hay que decirle con San Pablo: “Más vale casarse que quemarse” (1 Cor. 7. 9). (P. Jesús González-Quevedo, s.j.)

El Belén

                Es una pequeña representación del nacimiento de Cristo. Tiene su origen en la Nochebuena de 1223 cuando San Francisco de Asís reunió a los vecinos de Greccio alrededor del primer Belén. Casi 2.000 años después, esta tradición se ha convertido en una de las más representativas de la Navidad. Para las familias cristianas, montar el Belén supone, cada año, un momento clave para enseñar a los más pequeños el verdadero sentido de la Navidad.

Pocas y fervorosas

En aquella época del 1500 las comunidades religiosas habían decaído de su antiguo fervor. Las comunidades eran demasiado numerosas lo cual ayudaba mucho a la relajación. Por ejemplo el convento de las carmelitas de Ávila tenía 140 religiosas. Santa Teresa exclamaba: “La experiencia me ha demostrado lo que es una casa llena de mujeres. Dios me libre de semejante calamidad”.

Un día una sobrina de la santa le dijo: “Lo mejor sería fundar una comunidad en que cada casa tuviera pocas hermanas”. Santa Teresa consideró esta idea como venida del cielo y se propuso fundar un nuevo convento, con pocas hermanas pero bien fervorosas. Ella llevaba ya 25 años en el convento. Una viuda rica le ofreció una pequeña casa para ello. San Pedro de Alcántara, San Luis Beltrán y el obispo de la ciudad apoyaron la idea. El Provincial de los Carmelitas concedió el permiso.

La divina institución del matrimonio

                «Quede asentado, en primer lugar, como fundamento firme e inviolable, que el matrimonio no fue instituido ni restaurado por obra de los hombres, sino por obra divina; que no fue protegido, confirmado ni elevado con leyes humanas, sino con leyes del mismo Dios, autor de la naturaleza, y de Cristo Señor, Redentor de la misma, y que, por lo tanto, sus leyes no pueden estar sujetas al arbitrio de ningún hombre, ni siquiera al acuerdo contrario de los mismos cónyuges. Esta es la doctrina de la Sagrada Escritura, ésta la constante tradición de la Iglesia universal, ésta la definición solemne del santo Concilio de Trento, el cual, con las mismas palabras del texto sagrado, expone y confirma que el perpetuo e indisoluble vínculo del matrimonio, su unidad y su estabilidad tienen por autor a Dios». (Pío XII: Casti connubii)

La mujer

Edith Stein

               La vocación a la vida religiosa es la entrega sin intermisión de toda la persona humana, de toda la vida al servicio de Dios; condiciona el compromiso de usar los medios que capacitan para la realización de la vocación; renuncia a toda posesión; renuncia a todo lazo y vinculación humana y vital; renuncia a la propia voluntad. Esta forma de vida permite un compromiso multiforme, es decir el servicio que el Señor requiere de los suyos puede ser de diferente manera: la meditación silenciosa de la verdad divina, la alabanza solemne de Dios, la propagación de la fe, las obras de misericordia, la intercesión y la expiación.

Situación de la Iglesia

La situación de la Iglesia sigue siendo un motivo de seria preocupación. Podría mencionar aquí algunas estadísticas negativas recientes, pero el principal problema consiste en la entrada del espíritu relativista en la Iglesia, como advirtió el Cardenal Ratzinger en su homilía de la Misa «Pro Eligendo Romano Pontífice» del 18 de abril de 2005. En su discurso del viernes 22 de marzo de 2013 el Papa Francisco mencionó esta importante posición de Benedicto XVI. Luego de denunciar los sufrimientos de los materialmente pobres, agregó: « ¡Pero existe otra forma de pobreza! Es la pobreza espiritual de nuestros tiempos, de la que padecen gravemente los llamados países ricos. Es lo que mi muy estimado predecesor, Benedicto XVI, llamó “la tiranía del relativismo, que hace de cada uno su propio juez y pone en peligro la existencia de los pueblos”. Y agregó entonces el Santo Padre con un fuerte énfasis: “Pero no puede haber verdadera paz sin la verdad!”.

La pequeña barca del pensamiento

El Cardenal Ratzinger declaró: « ¡Cuántos vientos de doctrinas hemos conocido en estos últimos decenios, cuántas corrientes ideológicas, cuántos modos de pensamiento! La pequeña barca del pensamiento de muchos cristianos se ha visto a menudo zarandeada por estas olas, llevada de un extremo a otro: del marxismo al liberalismo, e incluso hasta el libertinaje; del colectivismo al individualismo radical; del ateísmo a un vago misticismo religioso; del agnosticismo al sincretismo, etc. Cada día nacen nuevas sectas, y se vuelve verdad lo que dice San Pablo sobre el engaño de los hombres, y la astucia que tiende a inducir al error (Ef., 4, 14). A quien tiene una fe clara, basada en el Credo de la Iglesia, a menudo se le aplica la etiqueta del fundamentalismo. Mientras que el relativismo, es decir, “dejarse llevar a la deriva por cualquier viento de doctrina”, parece ser la única actitud adecuada en los tiempos modernos. Se va constituyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que deja como última medida el propio yo y sus antojos». (Joseph Ratzinger)