hitoIsabel

Consagración de la familia al Corazón Inmaculado de María

* Benditos sean tus ojos, Madre del Redentor, que ven bien nuestras necesidades, danos a toda la familia ojos de fe.

* Benditos sean tus oídos; Esclava del Señor, porque has oído y cumplido la voluntad de Dios, que nuestra familia se guíe por la voz del Espíritu Santo.

* Bendita sea tu boca, Virgen Prudente, que canta las maravillas del Señor; que nuestra familia tenga como cimiento el sacrificio y la oración.

* Benditas sean tus manos, Madre de la Iglesia; que cada uno de nosotros sea una piedra viva de la Casa de Dios.

* Bendito sea tu Corazón, Inmaculado, que seamos una copia tuya, como Tú lo eres de tu Hijo Jesús, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

He decidido ser santa

Su Primera Comunión la hizo en compañía de su primo carnal, Oscar, hoy jesuita en el Brasil, en Barrio-Palacio (Santander), el 29 de julio de 1938, santo de su abuela paterna. El gozo de la Primera Comunión de sus nietos quedó nublado. Tres hijos y un yerno no habían podido salir del Madrid rojo con el resto de la familia. De dos se sabía y de otros dos se ignoraba todavía que habían caído por Dios y por España.

Teresita seguiría a través de toda su vida comulgando diariamente o casi diariamente. Solía decir que el valor de una comunión sólo lo en tenderíamos en el cielo.

El primer día que fue al Colegio volvió encantada. Encontrarse con tantas niñas de su edad, para ella tan alegre, juguetona y sociable tuvo que ser gratísimo. Pero las rosas tienen sus espinas: ¡Qué pena que el Colegio tenga libros! Sí no fuera por ellos sería una verdadera maravilla, fue su comentario al volver a casa.

A los 9 años hizo en el Colegio sus primeros Ejercicios Espirituales. La huella indeleble que dejaron en su espíritu quedó reflejada en su libreta infantil con su particular ortografía: “E decidido ser santa”. Decisión que fue una de las constantes de su vida. (Jesús González Quevedo, S.J.)

La mujer

Edith Stein

Las primeras palabras de la Escritura que hablan del hombre, nos señalan una vocación común tanto para el hombre como para la mujer: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y a nuestra semejanza, para que domine sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados y sobre todas las bestias de la tierra y sobre cuantos animales se mueven sobre ella. Y creó Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó, y los creó macho y hembra; y los bendijo Dios, diciéndoles: Procread y multiplicaos, y henchid la tierra; sometedla y dominad sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre los ganados y sobre todo cuanto vive y se mueve sobre la tierra. (Génesis 1, 26-29)

Ya en la primera narración de la creación del hombre se habla de la diferencia entre macho y hembra. Después les viene confiada una triple misión: ser imagen de Dios, procrear una posteridad y dominar la tierra. Aquí no se habla directamente sobre el modo de llevar a cabo esta triple misión, si tiene que ser cumplido de un modo diverso, si bien se puede considerar de este modo por la misma distinción en sexos.

El hombre nuevo democrático

La democracia plantea un problema acaso irresoluble, que es el de la representación política. A la gente se le dice que, a través del voto, elige a sus gobernantes, que estarán obligados por un mandato representativo a atender las peticiones de sus volantes. Pero lo cierto es que tal representación política nunca ha sido plena; y, en las democracias de nuestra época, puede decirse sin temor a la hipérbole que tal representación es casi nula, pues los gobernantes están al servicio del Dinero, que es el que les da las órdenes. Si la gente cayese en la cuenta de que no existe representación política, se podría desencadenar una revolución que aniquilase este contubernio del poder político y el Dinero; y para que esto no ocurra, se arbitra entonces una – emplearemos la misma expresión que Platón utiliza en su República – “sublime mentira” que haga creer a la gente que su voluntad es soberana y los gobernantes se desviven por atenderla.  Así se crea el mito del hombre nuevo democrático, que, a diferencia del hombre nuevo de los totalitarismos, no surge tras un periodo de violencia revolucionaria, sino de manera pacífica, hasta alcanzar lo que Augusto Comte llamaba el “estado positivo de la Humanidad”, que a su juicio (¡y tenía razón, el muy bellaco!) se lograría a través de la propaganda y la educación. En esta misma idea abunda Marcuse, quien señala que “la democracia consolida la dominación de manera más eficiente que el absolutismo”, sin necesidad de recurrir al “terror explícito”. (Juan Manuel de Prada – VERBO)

 

 

 

 

 

 

Homosexualidad y esperanza

Es muy importante que cada católico que sienta atracción por el mismo sexo, sepa que hay esperanza, y que puede encontrar ayuda. Desgraciadamente esta ayuda no es fácil de encontrar en todas partes. Grupos de apoyo, terapeutas y directores espirituales que apoyen sin vacilaciones la enseñanza de la Iglesia son componentes esenciales de la ayuda que es necesaria. Puesto que las nociones sobre sexualidad en nuestro país son tan variadas, los pacientes que soliciten ayuda tienen que tener mucho cuidado que el grupo, o el consejero apoye los imperativos morales de la Iglesia Católica. Uno de los grupos Católicos de apoyo mejor conocidos es una organización llamada Courage (Coraje, véase el apéndice) y la organización afiliada, Estímulo (Hay un juego de palabras, “Courage” y “Encourage”) Si bien cualquier intento de enseñar lo pecaminoso que es la conducta homosexual ilícita puede ser recibida con acusaciones de “homofobia”, la realidad es que Cristo llama a todos a la castidad, de acuerdo a la condición de vida de cada uno. El deseo de la Iglesia de ayudar a todo el mundo a vivir castamente no es una condenación de aquellos que encuentra la castidad difícil, sino más bien la respuesta llena de compasión de una Iglesia que trata de imitar a Cristo, el Buen Pastor. (Asociación Médica Católica – AMCA)

Castidad y fortaleza

La castidad hace al hombre más fuerte que el ángel, porque ¿qué maravilla hay en no cometer el pecado de la carne, cuando no se tiene carne? Dice san Juan Crisóstomo “Ellos, los ángeles, no están sujetos a las pasiones: ni el cántico lánguido, ni la música encantadora, ni la hermosura de las mujeres son capaces de solicitarlos”.

La Biblia atribuye estas aclamaciones del pueblo a una mujer, Judit: “Has mostrado un ánimo varonil… Porque has amado la castidad, la mano del Señor te ha revestido de fortaleza”. (Jud 15, 11)

“La castidad, escribe el Obispo Torras i Bages, es una victoria de la libertad interior del hombre. La lujuria es la derrota que esclaviza la carne. El lenguaje del sentido común dice que el hombre vicioso es esclavo del vicio. La gracia da la libertad. Es una ley que aligera al hombre, porque es una fuerza vital e interior dada a la persona. La armoniza con toda la creación y la aparta de los ídolos”. (Jaime Solá Grané – La castidad, ayer y hoy)

Solidez doctrinal

Y en otra ocasión, hablando a los obispos bolivianos el 9 de mayo de 1988, insistirá en que es preciso adquirir la solidez doctrinal necesaria para hacer frente a ideas, mentalidades y sistemas que no estén de acuerdo con la fe genuinamente profesada.

En la alocución a los Obispos de Uruguay, al referirse a la “nueva etapa de evangelización”, destacaba la importancia capital de la labor de formación, a fin de que pueda “repercutir en toda la vida social, impregnando todos los aspectos de la cultura”, pues “no basta mirar a que se conserve la fe de algunos: “hace falta – lo sabéis bien – que la vida misma del país en todas sus manifestaciones sea conforme con los principios evangélicos”. Se trata de un camino – el de la evangelización – “que conseguirá restaurar la civilización del amor y conducir a todos a la plenitud  de gozo del reino de los cielos”.

Su objetivo, pues, aunque consiste en la salvación de las almas, no cae en el error de creer, que para nuestra salvación resulta indiferente el ambiente, las instituciones, las legislaciones y los sistemas sociales y políticos. Por el contrario, la insistencia del Papa en la necesidad de instaurar y restaurar las sociedades en Cristo es constante. El resultado de la evangelización proporcionará esos cambios. (Estanislao Cantero – Verbo)

Ni robot ni muñeco

-Filosóficamente, ya lo hemos indicado. El individuo es un producto del protestantismo, de la doctrina de Rousseau. El subjetivismo protestante y la negación del hombre como ser social, que hizo elucubrar el sofisma del “pacto social”, de Rousseau, para explicar el porqué de la sociedad, han originado el individualismo en todos los terrenos. Esta es la raíz del liberalismo. El individuo es independiente para pensar, hacer, asociarse, propagar cuanto quiera. Entonces se han producido los sistemas que oponen el individuo a la sociedad – desde el liberalismo, el capitalismo liberal, hasta el anarquismo -. Y por reacción, igualmente errónea, hemos basculado hacia los sistemas estatales que ahogan y esclavizan al individuo, como el nazismo, el comunismo y los totalitarismos anticristianos. Y es que el hombre es persona. Y “la razón más alta de la dignidad humana consiste en la vocación del hombre a la unión con Dios” (“Gaudium et Spes”, 19). Cuando así se considera el hombre, ni el Estado es la suma arbitraria de las voluntades pasionales, ni tampoco puede desconocer los auténticos intereses y derechos de la persona por su condición racional y cristiana. Aquí se deslindan claramente los campos para no confundir la autoridad como despotismo, ni la persona como un robot o un muñeco. (Mn. José Ricart Torrens – Catecismo Social)