Los católicos somos los más imbéciles de los hombres. Lo dice San Pablo: “Si nuestra esperanza en Cristo acaba con esta vida, somos los hombres más desgraciados. ¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos: “el primero de todos”. Y nuestro cuerpo morirá y resucitará. Somos salvados por Cristo y por Él viviremos eternamente felices en el cielo.
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El democratismo se fundó para combatir la verdad. “La verdad absoluta no existe” dicen ellos. Sólo existen las verdades –mentiras- que ellos afirman: El nasciturus no es un niño y quien diga que sí, es un facha, no es demócrata. Nada es malo, ni la homosexualidad, ni la eutanasia, ni llenarse los bolsillos de euros a costa de los demás.
Tiene razón no hay mal. El mal no existe. Existe el Maligno que los engaña a todos para que vivan en la mentira y la mundanidad.
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Una de las herejías de nuestro tiempo es el “amorismo”. En nombre del amor se asesina a los niños en las entrañas de sus madres, se abandona a los hijos, se emparejan mujeres con mujeres y hombres con hombres, se matan ancianos y enfermos…
Dios es amor. Sin Dios no hay amor. Llaman amor a lo que es vicio y pecado.
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Schillebeckc ha dicho: “No puede existir un infierno que sea el reverso de la alegría eterna del reino de Dios”.
Sabemos que existe el Reino eterno de Dios porque nos lo ha dicho Cristo. Sabemos que existe el infierno eterno porque nos la ha dicho Cristo.
Cristo es Dios, es la Verdad, no puede equivocarse ni mentir. Schillebeckc, sí puede engañarse y mentir.
