padre canoPadre Manuel Martínez Cano, mCR

Si no me equivoco, la verdad más repetida y revelada por Dios en el Antiguo y el Nuevo Testamento, es la infinita misericordia de Dios. Por muy pecadores que seamos, si pedimos perdón a Dios de nuestros pecados, si confesamos, Dios nos perdona siempre. Jesús le dice a la mujer adúltera: Yo tampoco te condeno, vete y no peques más.

Dios es, también, infinitamente justo, nos ha revelado la existencia del infierno eterno. Y Jesucristo, Dios hecho hombre, nos recuerda varias veces en el Evangelio la existencia de los tormentos eternos. Y para que nadie se condene, advierte a todos que pueden condenarse si desprecian la Ley de Dios.

En el capítulo 12 del Evangelio de San Mateo, Jesús dice clara y duramente a los escribas y fariseos: “Raza de víboras, ¿cómo podéis decir cosas buenas si sois malos? Porque de lo que rebosa el corazón habla la boca” (Mt 12,34). El les contestó: “Esta generación perversa y adúltera exige una señal, pues no se le dará más signo que el del profeta Jonás” (Mt. 12,39). “Cuando el espíritu inmundo sale del hombre anda vagando por lugares áridos en busca de reposo y no los encuentra. Entonces dice. “volveré a mi casa de donde salí”. Y al volver la encuentra deshabitada, barrida y arreglada. Entonces va y toma consigo otros siete espíritus peores que él y se mete a habitar allí; y al final de aquel hombre resulta peor que el comienzo. Así sucederá a esta generación malvada”.

Dios es infinitamente misericordioso pero el diablo nos odia con todo el odio del mundo. “Vigilad y orad”, dice el Señor. “El diablo ronda en torno nuestro mirando a quien devorar”, nos advierte San Pedro. Las tres veces que Jesús fue tentado por el demonio, lo rechazó instantáneamente. ¡Apártate de mi Satanás! ¡Apartarte de nosotros Satanás!

El demonio es un ser espiritual maligno, enemigo de Dios y de la persona humana, hecha a imagen y semejanza de Dios. Seremos tentados por el demonio. Él sabe que la vida humana es muy corta y tienta, tienta para que pequemos. En toda tentación, directa o indirectamente, siempre hay alguna acción diabólica. Santo Tomás de Aquino dice: “en toda tentación directa o indirectamente en su principio o en su medio o en su fin, directa o indirectamente está la acción de Satanás” Y tienta en lo pequeño y en lo grande.

La tentación es un proceso más o menos largo que lleva al pecado. La tentación no es pecado. Dios jamás permite que el diablo nos tiente por encima de nuestras fuerzas sobrenaturales. Con la gracia divina podemos y debemos rechazar todas las tentaciones. El P. Alba decía que para defenderse de las tentaciones tenemos que hacer oración y ayuno. Aquél que ora se salva y el que no ora se condena. El ayuno es penitencia y la penitencia es ir contra nuestra propia naturaleza. Es penitencia interior y exterior. Luchar contra nuestras inclinaciones y pasiones puramente naturales. Claro que hay que comer, pero no tengo que dejarme llevar del instinto que me empuja, sino que tengo que comer sobriamente. Lo que necesito. Suprimir la TV y tantos aparatos que nos hacen perder el tiempo y, no pocas veces, ponernos en ocasión de pecado. Lo único que importa es nuestra salvación eterna.