san-sebastian  Mª Lourdes Vila Morera

Hoy 20 de Enero, San Sebastián, fiesta grande en casa por ser el cumpleaños de mi esposo.

Esta mañana en el colegio “Corazón Inmaculado de María” (fundado por el padre Alba) donde estudian mis hijos, el padre Cano en la santa misa  les contaba a los más pequeños él porque era tan valiente san Sebastián, mis hijos pequeños, Nuria de 8 años y Rafael de7 años, escuchaban con los ojos muy abiertos y con la curiosidad y sencillez que caracteriza a los niños. Quisiera escribiros cuatro letras para resaltar la valentía de este Santo, anteponiendo su amor a Cristo a su propia vida.

Se dice de él que entró en la vida militar para poder ayudar a los cristianos que estaban prisioneros. Pero un día lo denunciaron ante el emperador por ser cristiano. Sebastián declaró que sería seguidor de Cristo hasta el último momento de su vida, y entonces por orden del emperador fue atravesado a flechazos.

¿Por qué san Sebastián no le tenía miedo a la muerte? Pues porque estaba lleno del amor de Dios, tenía su corazón lleno de amor y esperanza y esto le producía una valentía que sobrepasaba lo humano para saciarse de lo divino, “si Dios está con nosotros ¿quién contra nosotros?” (Rom, 8:31)  ¿Por qué hoy en día tantos jóvenes están dentro del mundo de la droga y el alcohol? ¿Por qué tantos jóvenes van de pareja en pareja, sacrificando sobre el altar de la perversión el precioso don de la sexualidad? Yo os diré el porqué, porque están vacíos por dentro, no tienen vida en su corazón y nadie les llena de esperanza  su alma.

¿Porque pegan sus orejas a esas músicas que llevan sus conciencias inciertas hacia mundos ficticios? La respuesta es clara, no soportan el vacío interior de sus almas y están dispuestos a entrar en cualquier medio que les haga olvidar, al menos por un rato, que están vacíos por dentro, vacíos de amor, vacíos de esperanza, vacíos de dirección para su futuro, acorralados en un materialismo sin aparente salida.

¿Cómo llenar nuestro corazón? El mundo nos da pequeñas satisfacciones, un placer efímero y pasajero, que cuando se agota, nos provoca una terrible angustia. La respuesta es, estar llenos por dentro del amor de Dios. Saciarnos de su bondad y alegría, y poner los ojos en el cielo que es nuestro destino.

Muchos de los creyentes tenemos muy claro lo que acabo de escribir, pero muchas veces no nos damos cuenta que también nosotros estamos vacíos por dentro, pues nos complacemos diciendo “yo soy un buen católico, voy a misa los domingos, no mato ni robo…” pero nos sentimos sin paz en el corazón y nos atormentamos por lo que puede sucederme en el día de hoy, me preocupa mi salud, me hago viejo y ¿si de repente me pongo enfermo? No quiero sufrir, la idea de quedarme en cama me repugna, no está en mi lista de deseos… Nos atormentamos en inútiles preguntas que solo pueden ser contestadas poniendo nuestra confianza en Dios.

Si no es así, estamos comportándonos como los paganos  que no conocen a Dios y padecen de vacío.  Muchas veces nos olvidamos que desde nuestro bautismo somos hijos de Dios y le pertenecemos, Dios en su Misericordia nos ha hecho herederos de su Reino, y formamos  parte de la familia de Dios, por tanto todo lo suyo es nuestro y lo nuestro es suyo… incluida nuestra vida, si mi cuerpo enferma, es porque  Dios lo quiere. Si no es así estamos inconscientemente, queriendo ser dueños de nuestra propia vida;  “Es mi cuerpo, mi salud y decido yo…“ Hemos colocado nuestro yo en nuestro corazón, antes que Dios. Se produce un enorme vacío dentro de nosotros y no tenemos paz, el único que se aprovecha de todo esto es el maligno que nos hace creer que somos dueños de nuestro cuerpo, y desterramos a Dios de nuestro corazón.

Tenemos un remedio seguro, abandonarnos a las manos de Dios, decirle “Señor yo soy tu hijo y me fio de Ti, mi cuerpo es tuyo y haz de él lo que quieras, pues mi vida es para glorificarte siempre, en la salud o en la enfermedad” poner este ejemplo en todas las circunstancias de nuestra vida, en el trabajo, con los hijos, en nuestro matrimonio… entonces tendremos paz en nuestras almas y podremos trasmitirla a todo aquel que esté vacío por dentro, ya que nosotros sabremos cómo llenar su corazón.

El ser humano tiene sed, sed de Dios; los verdaderos ateos no existen, solo existen las personas que se equivocan de dios, y ponen su corazón en otros dioses. Todos tenemos sed, sed de vivir, sed de amar y ser amado, sed de una vida sin fin, si nos dejamos tocar por la fuente del amor que es Dios, seremos dichosos incluso en cualquier circunstancia de nuestra vida y podremos trasmitir esta paz  a otros  corazones y saciar su sed y llenarlos de este amor.