mn-pere-tarresLa vida del Dr. Tarrés fue breve, pero ciertamente intensa. Nació en Manresa el día 30 de mayo de 1905 y murió en Barcelona el día 31 de agosto de 1950. Murió joven, pero sus 45 años de vida dejaron profunda huella.

Sin querer anticiparse al juicio de la Iglesia, es un hecho innegable que quienes le trataron íntimamente aseguran haber encontrado en su persona algo extraordinario. Su juventud -dicen sus compañeros de la Facultad de Medicina de Barcelona- era un ejemplo y un estímulo para los buenos, y una llamada exigente, pero suave a la vez, para aquellos estudiantes que andaban más descuidados. Quienes mantienen vivo el recuerdo de la “Federació de Joves Cristians de Catalunya” recuerdan que él era realmente el alma y la fuerza impulsora y alentadora de la misma. Los médicos que le conocieron son testigos fehacientes de su innegable competencia científica, unida a su sentido de responsabilidad profesional; los enfermos que él asistió, en su mayoría pobres, no olvidarán jamás aquella ardiente caridad, su delicadeza en el trato y su total dedicación.

Su amor y su entrega a los demás le llevaron hacia el sacerdocio. Constituye un recuerdo grato e inolvidable el tiempo de su preparación al ministerio sacerdotal en el Seminario de Barcelona; y, fue en su acción pastoral -múltiple y variada- donde quedó patente su gran corazón sacerdotal, dado generosamente y del todo a Dios y a los hombres. En él se consumó una vida sin regateos, y se santificó sirviendo a los demás y sufriendo, siempre con la sonrisa en los labios. Fue Coadjutor de Sant Esteve de Sesroviras, Viceconsiliario de los Jóvenes de Acción Católica, Consiliario de los centros de Acción Católica Femenina de Sarriá, Secretario de la Beneficencia diocesana, Consiliario del Organismo Benéfico Asistencial (O.B.A.), Confesor del Seminario, Director Espiritual de la Obra de la Visitación, Consiliario de la Escuela Católica de Enseñanza Social, Consiliario de “Antics Escolans de Montserrat”, Capellán del Colegio de Religiosas Franciscanas, Consiliario de la Protección de la Mujer y Director Espiritual del Hospital de la Magdalena.

El bien que sembró no puede calcularse. Sus jornadas, saturadas de actividad, eran abrumadoras, y su descanso breve y truncado por largos ratos de oración y contemplación. Resultó un verdadero artista en armonizar su intensa actividad con una vida interior que rezumaba por doquier.

En la plenitud de su vida cayó rendido por la enfermedad -se había ofrecido reiteradamente a Dios como víctima-. Desde su lecho, en el Sanatorio de Nuestra Señora de la Merced -que él mismo fundó para tuberculosos pobres- y durante cuatro meses, dio una maravillosa lección de fortaleza, de amor al dolor, de desprendimiento de las cosas caducas, de anhelo por las realidades eternas, de ansia encendida por la salvación de los hombres, especialmente por la santificación de los sacerdotes. Quien tuvo la suerte de tratar al Dr. Tarrés enfermo pudo leer en él, con signos evidentes, el secreto de su vida: amaba a Dios con locura.

Es de desear que el ejemplo luminoso del Dr. Tarrés no quede oculto. El día 6 de noviembre de 1975 el Cardenal Jubany, Arzobispo de Barcelona, con motivo del traslado de los restos mortales del Dr. Tarrés a la parroquia de Sarriá, hablando de su “innegable actualidad”, exhortó públicamente a imitar y a pedir la intercesión de aquel que es “un testimonio perenne de una fe y un amor vividos muy intensamente”. Pidamos a la Santísima Trinidad su glorificación.

Oración para pedir a Dios la glorificación del Dr. Tarrés

Dice Jesús en el Evangelio: “Os aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere da mucho fruto”. “El que se ama a sí mismo, se pierde; y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna”. (Jn. 12, 24s.)

A la luz de la Palabra de Dios, pidamos la glorificación del Dr. Tarrés, orando confiadamente:

Dios y Padre nuestro, fuente única de santidad, que das la vida eterna a quien sabe darse, negándose a sí mismo, concédenos que el ejemplo de caridad que nos dejó el Dr. Tarrés sea conocido e imitado. Escúchanos, Señor.

Jesucristo, Hijo de Dios y Salvador de los hombres, que nos has amado hasta el extremo de dar la vida por nosotros, haz que sea valorada e imitada la generosidad del Dr. Tarrés, quien al igual que el grano de trigo se consumió por amor a sus hermanos. Escúchanos, Señor.

Espíritu Santo, fuente de todo amor, que habitas en lo íntimo de los hombres, hijos de Dios, concédenos ser conscientes de esta inefable realidad, estimulados por el recuerdo del Dr. Tarrés que intensamente la vivió y predicó. Escúchanos, Señor.

Señor Jesús, que nos diste a María por madre nuestra y madre de la Iglesia, haz que así como el Dr. Tarrés la amó y la dio a conocer y amar, también nosotros la amemos y sea nuestra intercesora ante Ti. Escúchanos, Señor.

Dóciles a la voluntad de Dios, y como Jesús nos enseñó, oremos: Padre nuestro…

Pidamos la intercesión de la Virgen María, nuestra Madre: Dios te salve…

Que esta petición de la glorificación del Dr. Tarrés sea un día realidad para la gloria de Dios y de la Iglesia: Gloria al Padre…