La vejez es una etapa de nuestra vida y tiene, como todas las demás, su carácter propio, una atmósfera y una temperatura propias, sus penas y sus alegrías. Quizá estamos más dados a ver lo desagradable que nos puede ocurrir en la ancianidad, que las ventajas de que podemos gozar en ella. Veamos, pues, ante todo:
Los privilegios de la ancianidad.
El anciano ha dejado empleos, se ha zafado prudentemente de los negocios, después de haber adiestrado, para que le suplan, a hijos y nietos. La anciana va declinando poco a poco sus responsabilidades de la casa, reservándose pequeñas prestaciones que Sigue leyendo




