P. Manuel Martínez Cano mCR.

San José de los Pobres procesionó por las calles céntricas de Barcelona. El recorrido fue desde Santa María de Gracia hasta la Sagrada Familia. Un acto de piedad popular muy bien organizado y dirigido por los jóvenes de San José. Oraciones canciones banda de música y un esmerado servicio de la Guardia Municipal. Más de una hora para honra del glorioso Patriarca San José, rodeado de familias, jóvenes, mayores y de indigentes sin techo. Una hora estuvimos oyendo confesiones, siete sacerdotes.

Durante siglos, San José ha seguido oculto en Nazaret, en la Iglesia Católica. El Papa IX lo proclamó, en 1870, patrono de la Iglesia Universal. Por haber pasado toda su vida cuidando a Jesús y a la Virgen María, es Patrono de la vida interior, vida de fe esperanza y caridad. Trabajó de carpintero y en faenas del campo; por eso es Patrón de los obreros.

San José es Patrono de la buena muerte porque murió entre los brazos de Jesús y María. El miércoles de cada semana y el mes de marzo están consagrados a San José. En honor de San José se celebran dos festividades: el 19 de marzo, San José, esposo de la Bienaventurada Virgen María; y el 1 de mayo, San José, Patrono de los obreros. Por su admirable pureza, se invoca especialmente a José, para permanecer siempre, puros y castos.

Los pobres e indigentes, acuden siempre a San José para que les ayude. Los jóvenes de San José hacen cuándo pueden por los indigentes sin techo y las familias numerosas que pasan estrecheces. Por las redes sociales difunden la devoción al Santo Patriarca por todo el mundo.

Gracias a Santa Teresa de Jesús, San José ocupa un puesto relevante en la Iglesia. En el siglo XVI se sabía más de San José en los Palomarcicos de la Virgen que en las universidades de Salamanca y Alcalá. Santa Teresa sabía más de San José que el gran teólogo Bañez. Bañez dio la razón a Santa Teresa para que se reconociera el protagonismo de San José en la redención del género humano. Santa Teresa, decía: “A otros santos parece les dio el Señor gracia para socorrer en una necesidad; el glorioso San José tengo experiencia que  socorre en todas. Sólo pido por amor a Dios que lo pruebe quien no me creyere y verá, por experiencia, cuán gran bien es recomendarse a ese glorioso Patriarca y tenerle devoción”.

El padre Marcelino Llanera en el prólogo a la Teología de San José del padre Bonifacio Llanera o. p. recuerda esta anécdota: “Una vez pregunté a una viejecita, excepcionalmente devota del Santo Patriarca, porqué lo era tanto y me contestó: “¿No ve usted que lleva al Niño en sus brazos”. Miremos a San José, a Jesús y María. Y pidámosle de corazón lo que más necesitamos cada uno y, sobre todo, lo que más necesita la Iglesia en nuestros días, de tanta confusión y apostasías. A San José, Patrono de la vida interior, San Juan XXIII le rezaba esta oración:

¡José! Se siempre para nosotros un protector. Que tu espíritu interior de paz, de silencio, de trabajo honrado y de oración al servicio de la Iglesia nos vivifique y nos alegre en unión con tu Esposa bendita, nuestra Madre dulce e Inmaculada, en el amor fuerte y suave de Jesús, Rey glorioso e inmortal de los siglos y de los pueblos. Amén

El mismo día de la procesión de San José de los Pobres en Barcelona, el Santo Padre decía en Roma: “San José le obedece el ángel que se presenta en su sueño. Y toma consigo a María, embarazada por obra del Espíritu Santo, como narra el evangelio de San Mateo… José es custodio de las debilidades para que se vuelvan sólidas en la fe. Pero esta tarea la recibió de un sueño. Es un hombre capaz de soñar. Y por tanto también custodio del sueño de Dios. El sueño de Dios de salvarnos a todos, de la redención, le es confiado a él”.

Pide el Papa a San José que les dé a los jóvenes “la capacidad de soñar”. De soñar, claro está, a lo San José, sueños de realidad sobrenatural. Porque los sueños humanos, sueños son. Pidamos a San José la vocación real, el ideal, de seguir a su Hijo hasta el heroísmo, hasta la muerte.

Esta oración se reza varias veces al día:

“San José, padre adoptivo de nuestro Señor Jesucristo y verdadero esposo de la Santísima Virgen María, ruega por nosotros y por los agonizantes de este día”. Amén