Una Epopeya misionera

P. Juan Terradas Soler C. P. C. R.

La Iglesia -es cosa cierta- tiene promesas divinas de perennidad. No puede perecer. Acabará por triunfar de todos sus enemigos. Pero mientras tanto, a no dudarlo, le esperan combates descomunales contra las huestes de Satán.

En momento tan crítico y decisivo, ¿qué hacen los llamados católicos de izquierdas? Ya lo hemos visto: galantean con el infernal adversario. “Se esfuerzan -como advertía ya en su tiempo el gran Papa del antiliberalismo, Pío IX- en establecer una alianza entre la luz y las tinieblas, un acuerdo entre la justicia y la iniquidad…, como si no estuviera escrito: nadie puede servir a dos señores”.

Y no se dan cuenta, en su ingenuidad, que son las víctimas de un plan perfectamente calculado. Hace ya algunos años escribíamos una página que recobra aquí todo su valor:

“Ufana de la multitud que la aclama, la impiedad ha llegado al colmo de la audacia; ya no le importa mostrarse al descubierto, abiertamente, sin disimulo, segura como está del triunfo. Sin otro programa que el de halagar al orgullo, ha conseguido reunir bajo su estandarte a casi todos los gobiernos de la tierra. Sin otra divisa que arrasar lo sobrenatural, ha obtenido el aplauso de todos aquellos que van en busca del placer. Sin otro designio que excitar contra la Iglesia el odio de sus propios hijos, se esfuerza en desfigurar la doctrina sagrada, y la historia gloriosa de la Esposa de Cristo, para turbar a los fieles de espíritu indócil y ligero, y perderlos en un laberinto sin salida, de prejuicios, de dudas, de respetos humanos y de falsos temores; así la impiedad consigue, como insensiblemente, atraerse la adhesión y aun el entusiasmo de los católicos de espíritu liberal y fe acomodaticia”.

¿Cuáles son los resultados de tan villana traición? Pésimos en todos los sentidos.

En primer lugar, fracasará su intención de “ganar al adversario”. Ciertamente, no atraerán a ningún descarriado: la adulación y la mentira en ningún caso son un canal de la gracia. Además, Dios no puede ver con buenos ojos un “apostolado” realizado a base de pecados contra la piedad filial que deben estos católicos a su madre la Iglesia, cuya vida e historia dejan tan malparadas en su afán de adular al adversario.

Por ello, su culpabilidad es enorme. Pues no sólo no adelantan ellos mismos en la vía de la perfección, sino que impiden a los demás acercarse al camino salvador. No puede ser de otra manera, puesto que los halagos, no sólo no convierten, sino que endurecen en el mal al enemigo, asegurándole y confirmándole en sus desvíos. Doble traición, pues, la perpetrada por el catolicismo liberal: traición para con la Iglesia y traición para con la humanidad en tinieblas.

En segundo lugar, estos hombres recogerán el último día frutos amarguísimos. Jesucristo, a la verdad, lanzará en el día del juicio final horribles anatemas contra aquellos católicos que, amparados bajo la falaz bandera de “prudencia” o “caridad”, pero en realidad impulsados por cobardías y respetos humanos, habrán seguido ciegamente en historia, como en las demás ciencias, a los hijos de las tinieblas. Entonces los católicos “binomistas” conocerán por propia experiencia la terribilidad y verdad de aquella sentencia de Nuestro Señor: “A quien me negare delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre, que está en los cielos”.

Estos desgraciados se llaman a sí mismos “de izquierdas”, y como tales quieren ser contados. Pues bien: si no se arrepienten a tiempo de su deserción, la izquierda será también su puesto cuando Cristo Rey separará a sus fieles vasallos de sus enemigos jurados.

Y -para su mayor ignominia- se verán al lado de sus “maestros”, a quienes adularon y locamente aplaudieron y siguieron. Y comprenderán, en medio de su desesperación, cuán fatal les resultó apartase del Papa y de la Iglesia, y arriesgarse en peligrosas aventuras intelectuales, confabulándose con hombres impíos. Entonces, nuestros católicos “de izquierdas” caerán en la cuenta -aunque demasiado tarde, para su desgracia- de que “Dios no puede ser burlado”.