gonzalo-fernandez-de-lamoraGonzalo Fernández de la Mora
Revista Razón Española, nº 200, Noviembre-Diciembre 2016, pp. 258-303

Incluso desde el área socialdemócrata, las cabezas pensantes han admitido, aunque tardíamente, los fallos del principio mayoritario. Ese es, por ejemplo, el caso N. Bobbio, quien, en su trabajo La regola di maggioranza, limiti e aporie (Bolonia, 1981), reconoce que el criterio mayoritario no se puede aplicar a ciertas materias, que muchas veces es ineficaz, y que plantea aporías técnicas insuperables. Otro politólogo socialista, Clauss Offe, además de reconocer que la partitocracia desradicaliza las ideologías, erosiona la identidad de los partidos (lo que he llamado convergencia), y desactiva a los ciudadanos (lo que he calificado de creciente apatía), ha admitido en su obra An den Grenzen der Mehrheitsdemokratie (1984), que el principio mayoritario es de validez muy limitada, porque la autenticidad del voto es dudosa, hay materias irrevocables y no discutibles, y los abstencionistas, que a veces son mayoritarios, comprometen la significación de los resultados. Desde áreas muy diferentes, hace años que algunos habíamos denunciado esas y otras muchas quiebras del procedimiento.

Pero aun suponiendo que no fuese problemático el radical criterio de la mayoría, se plantea inmediatamente la cuestión del modo de contabilizar los votos cuando se trata, no de un dilema -referéndum o plebiscito-, sino de elegir, por ejemplo, los miembros de una asamblea. Los tipos de escrutinio son innumerables y todos ellos son gratuitos; son pautas de procedimiento que no vienen exigidas por un inexorable imperativo racional. ¿Habrá un elegido por cada mil o por cada cien mil electores? ¿Qué municipios o- qué barrios se incluirán en una circunscripción electoral? ¿Se proclamará elegido en circunscripciones unipersonales al que obtenga la mayoría absoluta o la relativa, y en una vuelta o en dos? ¿Se preferirá el sistema de listas y su adjudicación proporcional? En el caso del escrutinio proporcional, ¿serán transferibles los restos a nivel nacional y con qué regla? La descripción de los procedimientos electorales principales ha requerido extensos tratados.

Entre el voto depositado en una urna y los resultados oficiales se interpone un mecanismo arbitrariamente decidido por el legislador. Ese mecanismo se aplicará por igual a todos los candidatos; pero en modo alguno es neutro. Con los mismos votos triunfarán unos partidos u otros, o se eliminará del parlamento a un partido, según la forma de escrutinio que se haya adoptado. Incluso cabe invertir el balance final, es decir, que los triunfadores sean perdedores.

La crítica interna de la democracia no sólo presenta el teorema de la imposibilidad, sino el teorema de la arbitrariedad de cualquier sistema de contabilizar los votos. Desde el principio hasta el fin, todo el proceso se encuentra condicionado por dec1s1ones que no responden a un principio de racionalidad. Los diferentes modelos de canalizar el arbitraje popular no son menos caprichosos que las reglas de un juego, y esas reglas siempre favorecen a unos y perjudican a otros. No existe el escrutinio lógico.