Papa Francisco

Sin Dios no somos nada.jpgComo acabamos de leer en la primera lectura (2ª Cor 4, 7-15), el apóstol habla del misterio de Cristo, diciendo que llevamos ese tesoro en vasos de barro. Por tanto, debemos ser conscientes de que somos precisamente eso: barro, débiles, pecadores. Sin el poder de Dios no podemos ir adelante. Ese tesoro de Cristo lo llevamos en nuestra fragilidad: ¡somos de barro! Porque es el poder de Dios, la fuerza de Dios la que salva, nos cura, nos pone de pie. Esa es, en el fondo, la realidad de nuestra vulnerabilidad. Todos somos vulnerables, frágiles, débiles, y necesitamos ser curados.

Cardenal John Olorumfemi Onaiyekan

“En un mundo donde existe una la laxitud moral generalizada, la Iglesia de Dios no puede abdicar de su responsabilidad de mantener los altos estándares del Evangelio del Señor Jesucristo”, dijo el cardenal Onaiyekan a los católicos reunidos para el congreso. En cuanto a la exhortación apostólica Amoris Laetitia, el prelado africano la interpreta conforme al Magisterio previo de la Iglesia y asegura que el Papa Francisco planteó la cuestión de los católicos que están en situaciones problemáticas, pero sin cambiar la norma. El Papa pretende animar a las personas que están en dificultades para que entiendan que la iglesia está al tanto de sus cargas y luchas y que nadie está excluido de la misericordia de Dios. Pero, recuerda el cardenal, la misericordia divina no reemplaza ni cancela las leyes de Dios ni las normas de la iglesia.

Cardenal Robert Sarah

La atención particular que hay que aportar a la liturgia, la urgencia de tener en alta estima y de trabajar en su belleza, su sacralidad y el mantenimiento del justo equilibrio entre fidelidad a la Tradición y legítima evolución y, por lo tanto, el rechazo absoluto y radical de toda hermenéutica de discontinuidad y ruptura: estos son el corazón y los elementos esenciales de toda liturgia cristiana auténtica. El cardenal Joseph Ratzinger ha repetido incansablemente que la crisis que sacude a la Iglesia, cincuenta años después, sobre todo después del Vaticano II, está vinculada a la crisis de la liturgia y, por consiguiente, a la falta de respeto, a la desacralización y la eliminación de los elementos esenciales del culto divino. “Estoy convencido que la crisis de la Iglesia que vivimos hoy en día está muy vinculada a la desintegración de la liturgia”, escribía en Mí vida. Recuerdos (1927-1977).

Cardenal Carlo Caffarra

En esta segunda sección quisiera responder a la siguiente pregunta: ¿en nuestra cultura occidental hay desarrollos que revelan con particular claridad la confrontación entre la atracción ejercida sobre el hombre por el Crucificado – Resucitado y la cultura de la Mentira construida por Satanás? Mi respuesta es afirmativa, y hay dos avances en particular: El primer desarrollo es la transformación de un crimen (llamado por el Concilio Vaticano II nefandum crimen), el aborto, en un derecho.

Cardenal Antonio Cañizares

Y está sentado a la derecha del Padre eternamente, con las llagas y el costado abierto, intercediendo por los hombres, a los que no desdeña llamar hermanos. Jesús de Nazaret, un hombre muerto hace casi dos mil años sobre la cruz, hoy está verdadera, real y corporalmente vivo no en su mensaje, ni en su ejemplo, ni en su influjo ideal sobre la historia humana; no en la mera continuación de su “causa “; no en los pobres, en los hermanos o en la comunidad; todas estas presencias son inmanencias de Cristo verdaderas, admirables y decisivas para la vida eclesial, pero posteriores a la verdad primordial y frontal del Cristo corporalmente vivo en su personal identidad.

Monseñor Demetrio Fernández

“El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar la vida en rescate por la multitud”. La petición interesada de los primeros puestos encuentra esta respuesta preciosa por parte de Jesús, que pone patas arriba toda pretensión de carrerismo en el seguimiento del Señor. Las pretensiones humanas ponen al propio sujeto en el centro. Jesús “descentra” esas pretensiones y sitúa el centro en el servicio, en dar la vida. El discípulo de Jesús es el que le sigue, el que se va pareciendo cada vez más a él, el que hace de su vida un servicio de amor a Dios y a los demás. Replanteamonos dónde está nuestro centro, dónde están nuestros intereses, si queremos seguir de verdad a Jesús. La vida cristiana consiste en servir al estilo de Cristo, en dar la vida como Él, en beber el cáliz que Dios ponga en nuestras manos.

San PÍO X

11  Pascendi Dominici Gregis

Ahora, de qué manera los modernistas pasan del agnosticismo, que no es sino ignorancia, al ateísmo científico e histórico, cuyo carácter total es, por lo contrario, la negación; y en consecuencia, por qué derecho de raciocinio, desde ignorar si Dios ha intervenido en la historia del género humano hacen el tránsito a explicar esa misma historia con independencia de Dios, de quien se juzga que no ha tenido, en efecto, parte en el proceso histórico de la humanidad, conózcalo quien pueda.