Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

La Leyenda Negra en nuestros días 2

Hispanoamérica - El feudalismo español.jpg“No es posible desconectar la derrota de Villalar -que aplastó a la burguesía y retardó varios siglos la revolución democrático-burguesa en España- del carácter que tuvo la conquista…

El feudalismo español encontró en América millones de nativos sobre cuyas espaldas descargar el peso de todas las faenas. El feudalismo descansa en la servidumbre. Su expansión por el mundo se caracteriza históricamente por la transformación de los miembros de sociedades organizadas en un régimen social más atrasado, en siervos de un régimen social más avanzado, impuesto por los vencedores y dominadores de aquellos.

América hispana se incorporó a Europa cuando sus hijos pasaron a ser, por la fuerza, siervos de los conquistadores y vasallos del monarca español. Siervos de hecho y vasallos de derecho. Siervos en los latifundios, las minas y los obrajes; vasallos según la legislación conocida con el nombre de Leyes de Indias. La historia de las naciones iberoamericanas puede exhibir como exacto epígrafe en la primera página:

En el principio fue la violencia.

Los dogmas. teológicos y las ideas morales, los principios políticos y las normas jurídicas, se emplearon pura fortificar y consagrar una conquista que se fundaba en la fuerza”.


“En las doctrinas filosóficas y morales de los tiempos de la esclavitud o del feudalismo abundaban los argumentos en pro del sometimiento de los indígenas a la servidumbre. Nos referimos únicamente a las más inmediatas a la conquista, a aquellas que la Iglesia y los jesuitas elaboraron algunos siglos antes, con vistas a fijar el tipo de relaciones que el mundo cristiano debía mantener con los infieles. Muchos tratadistas caen en el error de buscar en los fueros y ordenanzas internos de España la explicación del régimen que los conquistadores impusieron a los indígenas del Nuevo Mundo, prescindiendo de las ideas inculcadas por los doctores de la Iglesia y los seglares fieles al Papado acerca de la actitud que el cristianismo debía asumir frente al infiel”.


“(Los conquistadores de Argentina) tropezaron con tribus salvajes, no vinculadas al trabajo agrícola, nómadas, y, por eso mismo, duras para ser sometidas. Ante ellas emplearon, cuando salvaron el pellejo, la política del exterminio. Debieron recordar a menudo la aguda sentencia corriente en España: “Sin indios, no hay Indias”, y los indios que hallaron a su paso eran como si no existieran, puesto que no podían ser encomendados y explotados”.

(Rodolfo Puiggrós: De la Colonia a la Revolución, Buenos Aires, 1957).