Papa Francisco

Arcángeles - Miguel, Gabriel y Rafael.jpgLos ángeles son los grandes contemplativos. Contemplan al Señor; sirven y contemplan. Pero, también, el Señor los envía para acompañarnos por la senda de la vida. Y en particular, Miguel, Gabriel y Rafael tienen un papel importante en nuestro camino hacia la salvación.

Cardenal Carlo Caffarra

Al ennoblecer la muerte de los humanos, Satanás ha sentado los cimientos de su “creación”: sacar de la creación la imagen de Dios, ocultar su presencia en ella. San Ambrosio escribió: “La creación del mundo se completó con la formación de la obra maestra que es el hombre, que… es, de hecho, la culminación de la creación, la suprema belleza de todo ser creado” (Exam., Sixth day, Disc 9, 10.75; BA I, p. 417). En el momento en que se afirma el derecho del hombre a ordenar la vida y la muerte de otro hombre, Dios es expulsado de su creación, porque su presencia original es negada, y su lugar de residencia original dentro de la creación -la persona humana- es profanado.

Cardenal Antonio Cañizares

La humanidad de Jesucristo es una humanidad singular: la humanidad del Hijo de Dios muerto y resucitado. En virtud de esta singularidad de su humanidad resucitada, Jesús de Nazaret, su persona y su obra, ligada a un tiempo preciso, afecta sin embargo a todos los momentos de la historia, se trata de un acontecimiento universal y definitivo. Jesucristo es verdaderamente hombre: murió hace dos mil años y, sin embargo, hoy sigue vivo. Por esta razón se trata de alguien único y original, singular. Ha vencido a la muerte y, por tanto, es el Señor de la vida. Jesucristo es el fundamento absoluto y único de la salvación en todo tiempo y para todo hombre.

Cardenal Juan José Omella

Estas relaciones periódicas entre padres y escuela han de conseguir una armonía y continuidad entre la actividad educativa de los padres en casa y la actividad educativa de los maestros en la escuela. Por esto, es conveniente que los padres puedan escoger aquella escuela que tiene un ideario que coincide con el de la familia. Los padres no pueden traspasar a los maestros y a la escuela su propia y peculiar responsabilidad de educar a los hijos. Esto significa también que los maestros no pueden sustituir a los padres, sino que han de ayudarlos y complementarlos en la tarea educativa.

Cardenal Robert Sarah

La Santa Misa no es una diversión. Es el sacrificio vivo de Cristo muerto en la Cruz para liberarnos del pecado y de la muerte en vista de revelar el amor y la gloria de Dios Padre. Muchos ignoran que la finalidad de toda celebración es la gloria y la adoración de Dios, la salvación y la santificación de los hombres porque, en la liturgia, “Dios es perfectamente glorificado y los hombres santificados” (Sacrosanctum Concilium, n. 7). La mayoría de los fieles -incluidos sacerdotes y obispos- ignoran esta enseñanza del Concilio. Como ignoran también que los verdaderos adoradores de Dios no son aquellos que, según sus ideas y creatividad, reforman la liturgia con la intención de hacer de ella algo que guste al mundo, sino que son los que, con el Evangelio, reforman en profundidad el mundo para que éste acceda a una liturgia que sea el reflejo de la liturgia que se celebra desde toda la eternidad en la Jerusalén celestial.

Monseñor Francisco Javier Stegmeier

La admisión a la comunión, como lo establece el Código de Derecho Canónico: “No deben ser admitidos a la sagrada comunión (…) los que obstinadamente persistan en un manifiesto pecado grave” (canon 915). Podrá volver a comulgar una vez que cambie su modo de pensar, se arrepienta, tenga propósito de enmienda, rectifique públicamente su postura y recurra al sacramento de la Penitencia”. Aplicar una medida pública a actos públicos, no significa un juicio a la conciencia e intenciones de la persona. Ese juicio sólo le corresponde a cada uno en su fuero interno y a Dios, quien “discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Todo está desnudo y patente a los ojos de Aquel a quien hemos de dar cuenta”. (Heb 4, 12-13).

San PÍO X

Pascendi Dominici Gregis  (13)

Por tal procedimiento se llega a establecer el principio de la inmanencia religiosa. En efecto, todo fenómeno vital -y ya queda dicho que tal es la religión- reconoce por primer estimulante cierto impulso o indigencia, y por primera manifestación ese movimiento del corazón que llamamos sentimiento. Por esta razón, siendo Dios el objeto de la religión, síguese de lo expuesto que la fe, principio y fundamento de toda religión, reside en un sentimiento íntimo engendrado por la indigencia de lo divino. Por otra parte, como esa indigencia de lo divino no se siente sino en conjuntos determinados y favorables, no puede pertenecer de suyo a la esfera de la conciencia; al principio yace sepultada bajo la conciencia, o, para emplear un vocablo tomado de la filosofía moderna, en la subconsciencia, donde también su raíz permanece escondida e inaccesible.