Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

La Leyenda Negra en nuestros días  (5)

Idea de la Hispanidad.pngEspaña, que durante tres siglos había dominado y tenido sujeta bajo sus pies a América, la había inoculado sus supersticiones y sus vicios. No se cura uno en dos días de tres centurias de opresión. Esta opresión no tiene semejante en la Historia; el acta de independencia de la provincia del Alto Perú, da fe de ello: “En estos lugares donde podía existir floreciente imperio -se dice en ella- no se ha visto bajo la mano afrentosa y desecante de la Iberia, más que la imagen de la ignorancia, del fanatismo, del servilismo y de la ignominia. Venid y ved por todas partes una educación bárbara, dirigida a destrozar todos los resortes del corazón y de la imaginación, una agricultura pobre, guiada únicamente por la rutina, el escandaloso monopolio del comercio, el aniquilamiento y la inutilidad de nuestras más fecundas minas, gracias al poder español; ved el cuidado con que en el siglo XIX, se ha resuelto no dejar florecer entre nosotros más que los conocimientos, las artes y las ciencias del XVIII; venid, en fin, y a la vista de nuestros hermanos los indígenas, hijos del gran Manco-Capac, vuestros ojos se inundarán de lágrimas, contemplando a estos hombres tan infortunados, esclavos los más humillados que darse pueda, que fueron entregados a tantos tormentos, ultrajes y miserias, y diréis que los ilotas ele Esparta, los negros o los chandalames del Indostán son más felices en su comparación, y convendréis, por último, con nosotros, que no hay nada más justo que romper las cadenas odiosas que nos unieron a la cruel España”.

Francia olvida demasiado que ella fue, para estos pueblos, una iniciadora, que la declaración de los derechos del Hombre fue el Evangelio de su resurrección, y que aquellas naciones volvían hacia ella sus miradas, cuando combatían por su libertad…

(Cita a J. Reynaud): “Habíamos quizá de acusar su constante preocupación (de Colón) por los medios de obtener oro, su nulidad política, su injusticia para con la inocente población de América, su falta de humanidad y de talento…

Distinguirnos al audaz explorador del Atlántico, del fundador de los primeros establecimientos de España en el Nuevo Mundo. Colón al hacer esclavos, con desprecio de los más sagrados principios del derecho de gentes, a estos infortunados insular es que le habían acogido con los brazos abiertos, que ha ensangrentado por tanto tiempo el suelo de América y deshonrado los anales de la Cristiandad.