Obra Cultural

  1. Sol.jpgAntiguas civilizaciones rindieron culto al sol. El sol ciertamente no es Dios pero es una de sus imágenes más perfectas. Es además cauce natural por el qué nos envía una multitud de beneficios materiales.

El sol nos sostiene: El sol es el centro de nuestro sistema planetario; la tierra es pura dependencia suya y prisionera de su gravitación. Una atracción irresistible la mantiene colgada en el espacio; y, en virtud de esta unión dinámica con él, gira y gira sin cesar en órbitas elípticas anuales.

El sol nos alumbra: El sol es la fuente de la luz, emanación bellísima de claridad, antípoda de la oscuridad y de la noche. Ella ilumina todas las cosas y nos permite conocer a distancia todos los objetos que nos rodean. Ella crea los colores y viste con su policromía la creación entera. Ella fabrica las auroras y los ocasos, los días para el trabajo y las noches para el descanso. Ella proporciona energía fotosintética. Y la vegetación de la tierra y de los mares, para que elabore alimentos, para los animales y para el hombre; combustible, para los múltiples usos de la vida humana; productos vegetales variadísimos (caucho, resina, medicinas…); oxígeno para la respiración de los animales y de las plantas. Si el sol nos negase su luz, desaparecería la vida en la tierra. Ella empieza a proporcionarnos energía eléctrica (células fotovoltaicas).

El sol nos calienta: El sol es nuestro principal abastecedor de calor. Casi la mitad de la energía solar que recibimos se emplea en calentar la atmósfera, los mares y la tierra. El calentamiento es desigual y alternante, más crea las condiciones térmicas convenientes para las variadísimas formas de vida animal y vegetal, tanto en micro-fauna y microflora (paramecios y líquenes}, como en macro-flora y macro-fauna (sequoias y ballenas). Con el calor solar reflejado sobre calderas de vapor, se pretende obtener también energía eléctrica (termo-electricidad).

El sol riega nuestros campos: Casi la cuarta parte de la energía solar que recibe la tierra se invierte en el ciclo hidrológico. El agua de los mares, lagos y ríos, y el agua de la tierra humedecida, se evapora constantemente y pasa a la atmósfera, para formar las nubes. Estas se desplazan sobre toda la superficie de la tierra, y, al condensarse de nuevo, riegan periódicamente bosques, prados y campos de cultivo, provocando el desarrollo de las plantas, y preparando cosechas abundantes. El agua sobrante, que fluye por los ríos, emplea su energía en mover ruedas industriales (molinos, etc.) o en producir energía hidroeléctrica (saltos de agua).

El sol crea los vientos: El calentamiento desigual de las zonas terrestres provoca desplazamientos verticales y horizontales de grandes masas de aire; las direcciones horizontales son modificadas por la rotación de la tierra y por la topografía. Los vientos son los portadores de las nubes. También de los vientos se quiere obtener energía eléctrica (eólica).

El sol crea las estaciones: Al conducirnos por los cuatro cuadrantes de la órbita terrestre, y variar el ángulo de incidencia solar, se origina la alternancia anual de las temperaturas y la sucesión de las cuatro estaciones. Sin cambiar nosotros de puesto, cambia totalmente el escenario que nos rodea: los rocíos otoñales invitan a la sementera, las nieves y hielos del invierno nos recluyen en el hogar, las flores y los pájaros nos anuncian la primavera, y los calores estivales nos llaman a la recolección.

El sol formó los combustibles fósiles: A lo largo de seiscientos millones de años, fueron almacenándose en los estratos terrestres depósitos inmensos de restos orgánicos, derivados mediata o inmediatamente de la fotosíntesis solar. Son el carbón, el petróleo y los gases derivados: los combustibles fundamentales de la sociedad actual. No quememos abusivamente en pocos años este irrecuperable patrimonio milenario.

  1. Si Dios es tan generoso y esplendido en este orden material que se desmorona, ¿quién podrá narrar las maravillas de Dios en el orden sobrenatural, divino y eterno? En este mundo nuevo y trascendente, también Dios es nuestro Sol: Él nos sostiene, nos alumbra, nos calienta, nos vivifica… En Él tuvieron origen nuestras almas, y, desde entonces, tienen dependencia esencial de Él; Él las sostiene en su existencia y depende de Él en el obrar; Él las lanzó por sus órbitas vocacionales; y un día feliz volverán a Él, para sumergirse definitivamente en el Sol eterno de la esencia divina.

Que nuestra libertad no malogre los planes amorosos de Dios.

Dios nos alumbra con la luz de la fe, luz divina que nos hace ver con óptica de Dios todas las realidades de este mundo, las creadas y las increadas. Ella nos descubre los misterios íntimos de la vida de Dios uno y trino, mientras que la razón solamente nos descubre su existencia y algunos de sus atributos; ella alumbra el misterio de nuestra existencia terrenal y de nuestro destino eterno; ella nos explica infaliblemente el sentido de todas las cosas que nos rodean. No hay luz tan clara, tan universal como la luz de Dios. Y esta luz de la fe es más fecunda que la luz del sol, que solamente produce cosechas de trigo, vino y aceite; la fe viva de Abrahán, de los santos y de los cristianos auténticos germina obras buenas, que son merecedoras de un abrazo eterno con Dios en el cielo.

Él nos calienta y vivifica, infundiendo en nuestras almas la virtud ardiente de la caridad y el germen divino de la gracia santificante. No es el calor del sol, material, que sostiene la vida pasajera de plantas y animales; es calor de querubines y serafines, en simbiosis con una semilla de vida, sacada del corazón de Dios.

Dios nos envía también cada día una lluvia abundantísima de gracias actuales, para producir obras buenas, para producir frutos de vida eterna (mediante ilustraciones en el entendimiento y mociones e impulsos en la voluntad). Unas veces vienen por acción directa de Dios en las almas; otras, vistiéndose de datos externos ocasionales (lectura, buen ejemplo, una desgracia, etc.).

Quedaríamos asombrados, si viéramos juntas todas las gracias actuales que Dios nos ha dispensado solamente en uno de los años de nuestra vida. No desaprovechemos una sola gracia, pues suelen venir encadenadas unas a otras; perderíamos las siguientes, al ser infieles a la primera.

  1. Cuando veamos en el cielo ese sol material que nos alumbra, agradezcamos a Dios todos los beneficios naturales que por su medio nos envía. Pero veamos también en él otro Sol divino, que irradia sobre nosotros torrentes de luz, de gracia y de misericordia, para sostener la vida divina en nuestras almas.

En el orden natural y en el orden sobrenatural… ¡Dios es nuestro SOL!

Julio Rodríguez Gracia

El cántico del hermano Sol

Altísimo, omnipotente, buen señor,
tuyas las alabanzas son, la gloria, el honor y toda bendición.
A Ti solo, Altísimo, te corresponden, y ningún hombre es digno
de pronunciar tu nombre.
Loado seas, mi Señor, con todas tus criaturas,
especialmente por el Hermano Sol,
el cual hace el día y por él nos alumbras, y es bello y radiante con gran esplendor; de Ti, oh Altísimo, lleva significación.
Loado seas, mi Señor,
por la hermana luna y las estrellas; en el cielo las formaste
claras y preciosas y bellas.
Loado seas, mi Señor, por el hermano viento, y por el aire y nublado y sereno y todo tiempo, por los cuales a tus criaturas das sustento.
Loado seas, mi Señor, por la hermana agua, la cual es muy útil y humilde
y preciosa y casta.
Loado seas, mi Señor por el hermano fuego, por el cual iluminas la noche;
y es fuerte y robusto y jocundo y bello.
Loado seas, mi Señor, por nuestra hermana la madre tierra, la cual nos sustenta y gobierna,
y produce diversos frutos con flores coloridas y hierba.
Loado seas, mi Señor,
por quienes perdonan por tu amor
y sufren enfermedad y tribulación. Bienaventurados los que las sufren en paz, pues de Ti, Altísimo, coronados serán.
Loado seas, mi Señor,
por nuestra hermana la muerte corporal,
de la cual ningún hombre viviente puede escapar.
¡Ay de aquellos que mueren en pecado mortal! Dichosos los que se hallaren en tu santa voluntad, pues la muerte segunda no les hará mal.
Load y bendecid a mi Señor,
dadle gracias y servidla con grande humildad.

Oración de la Paz
Señor, haz de mí instrumento de tu paz. Donde haya odio, ponga yo amor.
Donde haya ofensa, ponga perdón. Donde haya discordia, ponga unión. Donde haya error, ponga verdad.
Donde haya duda, ponga fe.
Donde haya desesperación, ponga esperanza. Donde haya tinieblas, ponga vuestra luz.
Donde haya tristeza, ponga yo alegría.
Oh Maestro, que no me empeñe tanto en ser consolado, como en consolar,
en ser comprendido, como en comprender,
en ser amado, como en amar. Porque dando, se recibe,
olvidando, se encuentra,
perdonando, se es perdonado, y muriendo,
se resucita a la vida eterna.
San Francisco de Asís

«TAN TIERNO ES CON NOSOTROS EL SAGRADO CORAZÓN DE MARÍA, QUE LOS DE TODAS LAS MADRES JUNTOS, COMPARADOS CON ÉL, SON COMO UN PEDAZO DE HIELO», dice el Santo Cura de Ars. Y merece la ayuda del Corazón de María aquel que con perseverancia cada mañana y cada noche reza las TRES AVEMARÍAS.