Madre Rafaela. 5Me llevaba muy bien con mis primos y mis hermanos. En el cortijo teníamos una burra que le llamábamos la “Camiona”, porque era muy grande.

Echábamos carreras para ver quién era el primero en montarse en ella, cuando estábamos todos encima, y dispuestos a darnos un buen paseo, “Camiona” bajaba la cabeza y nos tiraba a todos al suelo.

Ella rebuznaba sintiéndose feliz de ser nuestro juguete preferido y entre risas, alegrías y algún que otro chichón se pasaba el día.

Madre Rafaela. 6Y a la hora de comer papá nunca se olvidaba de bendecir la mesa con esta oración:

Damos gracias a Dios por los alimentos. Te pedimos Jesús por los que pasan hambre. Quiero ofrecerte algún sacrificio en cada comida.