Rvdo. P. José María Alba Cereceda, S.I.
Meridiano Católico Nº 269, febrero de 2002

Sursum corda

tibidabo ´74(1)Queridos hermanos:

Lo que empezó siendo una cosilla sencilla ha derivado en un tumor cerebral que humanamente no tiene cura. El diagnóstico médico es concluyente. La ciencia médica se siente impotente.

Es la hora de levantar el ‘corazón a Dios nuestro Señor. Si Él quiere y es bueno para mi alma y para el bien de Meridiano Católico, me dará salud a fin de continuar en la tierra la lucha contra los enemigos de la Inmaculada y el reinado del Corazón Inmaculado. Pido a Dios por la intercesión de su Madre Inmaculada y de tantos santos como nos han precedido, en la esperanza del triunfo en el mundo del Corazón Inmaculado de María, que me devuelva una salud proporcionada a los nuevos trabajos que nos esperan.

Yo sé que esta visitación de Jesús que me ha traído estos trabajos del tumor cerebral, es para unirme a la Pasión actual de la Iglesia y para sumar mi pequeña pasión a la hora misteriosa de la conversión de Rusia, del retorno de Israel a los brazos del Papa, del arrepentimiento de España, para que vuelva a ser fiel a los mártires de la última persecución religiosa que se desató en su seno.

Y, como resumen, lo que nos enseñó Nuestra Señora de Fátima: ¡Oh, buen Jesús! es por tu amor, es por la conversión de los pecadores.

Con estos sentimientos, con estas ideas en mi corazón, desde mi cama de hospital y de domicilio, os bendigo a todos y os suplico que formemos una comunidad de amor, lo mismo que cuando San Pedro estaba en la cárcel. Veremos las maravillas de Dios porque siempre hay un trabajo para cada amanecer.