NO A LOS PARTIDOS POLÍTICOS

Franco - GeneralSe equivocan los que creen que nuestro proceso de institucionalización política podría, más tarde o más temprano, conducir a una fragmentación de la unidad social en múltiples partidos políticos. Si en algunos pueblos funciona con eficacia el contraste de pareceres por esas vías, es porque éste se ha forjado y disciplinado en una norma unitaria que todos aceptan. Pero el ejemplo de los otros no nos sirve, cuando nuestra historia es en este terreno suficientemente elocuente. También nosotros creemos que la fecundidad de nuestras asambleas puede asegurar con la mayor precisión y relevancia los distintos pareceres, intereses y puntos de vista en una sociedad viva.

Pero sería un error confundir lo que hay de legítimo en las diferentes opiniones, con la posibilidad de encuadramientos dogmáticos preconcebidos en grupos ideológicos, que, de una u otra forma, no serían más que partidos políticos. (Grandes aplausos.) Esto está claro en nuestro Sistema institucional. Pero quisiera insistir en ello, para que nadie pueda albergar dudas, o para que con interesadas interpretaciones se quiera dar a nuestro Sistema caminos y cauces que no le corresponden. Nuestro Sistema ha hecho posible la unidad entre los hombres y las tierras de España. Ha demostrado su eficacia representativa, y el proceso de desarrollo y evolución sólo puede hacerse afirmando nuestra propia peculiaridad. Los españoles de hoy saben que hay una jerarquía de valores naturales en la que se funda la convivencia política y que ésta es imprescindible para lograr el progreso y alcanzar el bienestar. Nuestras Leyes son muy claras en esta materia y nuestros Principios Fundamentales; los Principios del Movimiento Nacional, que por su naturaleza son permanentes e inalterables, señalan perfectamente el cuadro exacto de nuestro Sistema institucional. Los cauces de representación están determinados con precisión, y nuestras Leyes Fundamentales los definen con toda claridad. Nuestro Sistema político acepta la opinión pública como cauce del contraste de pareceres, pero con el fin de llegar a la concurrencia de criterios. Es la unidad la que preside nuestro Sistema, que tiene como uno de sus fundamentos la formación de un orden social justo, en el que todo interés particular queda subordinado al bien común, como establece el artículo 3.° de la Ley Orgánica del Estado. En nuestro Sistema caben ciertamente las asociaciones, organizaciones y hermandades que intenten promover ese bien común, pero tan sólo en la medida en que estén integradas en el Movimiento Nacional («¡Muy bien!» Grandes aplausos), comunión de los españoles en los Principios Fundamentales, y al mismo tiempo, organización a la que corresponde informar el orden político, abierto a la totalidad de los españoles, y tiene por misión promover la vida política en régimen de ordenada concurrencia de criterios. Nuestro Sistema representativo, más sincero y fiel que el de los viejos tiempos políticos, que tanto contribuyeron a dividir a los españoles, es susceptible de continuo perfeccionamiento, pero en él lo único que no cabe son los partidos políticos ni nada que de un modo u otro conduzca a ellos. El pueblo se mueve en el área en que vive, la familia, el municipio, el Sindicato, las asociaciones orgánicamente constituidas en función de intereses culturales, profesionales o de otra índole. Su integración en las Cortes de la Nación se realiza a través de las normas establecidas en las Leyes Fundamentales. Todo movimiento asociacionista que, marginando a la organización del Movimiento Nacional, albergue la esperanza de volver, antes o después, a la formación de grupos ideológicos que nos conducirían a los partidos políticos, nunca será posible. (Grandes aplausos.)