Papa Francisco

Sagrada Familia - San José con el Nño en brazosEn este punto, el Maestro se dirige a todos aquellos que le siguen, presentándoles con claridad el camino a recorrer: “Si alguno quiere venir en pos de mí, que renuncie a sí mismo, tome su cruz, y me siga” (v. 24). Siempre, y aún hoy, la tentación es la de querer seguir a un Cristo sin cruz, o más bien, de enseñar a Dios el camino justo. Como Pedro: no, no, Señor, eso no… eso no pasará. Pero Jesús nos recuerda que su camino, es el camino del amor, y no hay verdadero amor sin el don de sí. Somos llamados a no dejamos absorber por la visión de este mundo, sino a ser siempre más conscientes de la necesidad y de los esfuerzos para nosotros cristianos de avanzar en contracorriente y cuesta arriba.

San Juan Pablo II

“Veo a la Iglesia del tercer milenio afligida por una plaga mortal, se llama islamismo. Invadirá Europa. He visto a las hordas venir, de Occidente a Oriente: desde Marruecos a Libia, desde Egipto a los países orientales”. (Visión de San Juan Pablo II)

Cardenal Ratzinger

El Papa no es en ningún caso un monarca absoluto, cuya voluntad tenga valor de ley. Él es la voz de la tradición; y sólo a partir de ella se funda su autoridad. (Cardenal Ratzinger, Prefecto para la Doctrina de la Fe)

Cardenal Müller

En cambio tengo la impresión de que en el “cerco mágico” del Papa haya quien se preocupa sobre todo de hacer de espía de presuntos adversarios, impidiendo así una discusión abierta y equilibrada. Clasificar a todos los católicos según las categorías de “amigo” o “enemigo” del Papa, es el daño más grave que causan a la Iglesia. Uno permanece perplejo si un periodista muy conocido, como ateo se jacta de ser amigo del Papa; y en paralelo un obispo católico y cardenal como yo resulta difamado como opositor del Santo Padre. No creo que estas personas puedan impartirme lecciones de teología sobre el primado del Romano Pontífice.

Cardenal Robert Sarah

¿Quién se levantará hoy por Dios? ¿Quién se enfrentará a los modernos perseguidores de la Iglesia? ¿Quién tendrá el coraje de levantarse sin otras armas que el rosario y el Sagrado Corazón, para enfrentarse a las columnas de la muerte de nuestro tiempo que son el relativismo, el indiferentismo y el desprecio de Dios? ¿Quién dirá a este mundo que la única libertad por la que merece la pena morir es la libertad de creer? Como nuestros hermanos vandeanos de otro tiempo, estamos llamados hoy a dar testimonio, es decir, ¡al martirio! Hoy en Oriente, en Pakistán, en África, nuestros hermanos cristianos mueren por su fe, aplastados por las columnas del islamismo perseguidor.

Cardenal Leo Burke

El cardenal Burke se lamentó de que “los fieles pueden ser engañados por las apariencias, el teatro atractivo y consignas llamativas, pero cuya sustancia es veneno para sus almas”. La batalla continúa hoy “San Pío X mostró entonces cómo un divorcio de fe y razón, inherente a un enfoque racionalista y sentimentalista, aleja al hombre de Dios”, dijo. “El Papa Pío X identificó valerosamente una forma venenosa de pensar, que había infestado la Iglesia durante algunos siglos, y que continúa infestando la Iglesia en nuestro tiempo”.

Cardenal Cañizares

Del mismo modo, añade que le “dolió” y le “dolerá siempre” la utilización que se hizo de algunas iglesias en Cataluña para esconder urnas del referéndum ilegal. Para el arzobispo de Valencia, la postura que debe tener la Iglesia frente a los que quieren romper España es “la reconciliación, la verdad, la defensa del bien común. Éste no es sólo Cataluña, es el resto de España que acompaña a Cataluña en el gran proyecto que es España”. ¿Se puede ser independentista y un buen católico? Ante esta pregunta el cardenal lo tiene claro. “En el caso de la secesión, no. Lo digo cuando se trata de países democráticos: no se puede ser católico en Italia y defender el secesionismo. San Juan Pablo II decía: “la unidad de Italia no se toca, es un bien moral”.

San PÍO X

  Pascendi Dominici Gregis  (23)

No será difícil descubrirlo, si se tiene en cuenta que el fin de tales fórmulas no es otro que proporcionar al creyente el modo de darse razón de su fe. Por lo tanto, son intermedias entre el creyente y su fe: con relación a la fe, son signos inadecuados de su objeto, vulgarmente llamados símbolos; con relación al creyente, son meros instrumentos. Mas no se sigue en modo alguno que pueda deducirse que encierren una verdad absoluta; pues, como símbolos, son imágenes de la verdad, y, por lo tanto, han de acomodarse al sentimiento religioso, en cuanto éste se refiere al hombre.