Obra Cultural

Pablo VILa encíclica «Humanae vitae», de Pablo VI, de 25 de julio de 1968, expone la doctrina católica sobre el acto conyugal en el matrimonio. Resumimos aquí la parte central de la encíclica sobre la moral del matrimonio:

  1. Doctrina de la «Humanae vitae»

«En la misión de transmitir la vida, los esposos no quedan libres para proceder arbitrariamente, como si ellos pudiesen determinar de manera completamente autónoma los caminos lícitos a seguir, sino que deben conformar su conducta a la intención creadora de Dios, manifestada en la misma naturaleza del matrimonio y de sus actos y constantemente enseñada por la Iglesia» (n. 10).

«Estos actos, con los cuales los esposos se unen en casta intimidad, y a través de los cuales se transmite la vida humana, son honestos y dignos y no cesan de ser legítimos si, por causas independientes de la voluntad de los cónyuges, se prevén infecundos, porque continúan ordenados a expresar y consolidar su unión. De hecho, como atestigua la experiencia, no se sigue una nueva vida de cada uno de los actos conyugales. Dios ha dispuesto con sabiduría leyes y ritmos naturales de fecundidad que por sí mismos distancian los nacimientos. La Iglesia, sin embargo, al exigir que los hombres observen las normas de la ley natural interpretada por su constante doctrina, enseña que cualquier acto matrimonial debe quedar abierto a la transmisión de la vida» (n. 11).

«Esta doctrina, muchas veces expuesta por el magisterio, está fundada sobre la inseparable conexión que Dios ha querido, y que el hombre no puede romper por propia iniciativa, entre los dos significados del acto conyugal: el significado unitivo y el significado procreador. Efectivamente, el acto conyugal, por su íntima estructura, mientras une profundamente a los esposos, los hace aptos para la generación de nuevas vidas, según las leyes inscritas en el ser mismo del hombre y de la mujer. Salvaguardando ambos aspectos esenciales, unitivo y procreador, el acto conyugal conserva íntegro el sentido de amor mutuo y verdadero y su ordenación a la altísima vocación del hombre a la paternidad» (n. 12).

«Usar este don divino destruyendo su significado y su finalidad, aun sólo parcialmente, es contradecir la naturaleza del hombre y de la mujer y sus más íntimas relaciones, y por lo mismo es contradecir también el plan de Dios y su voluntad. Usufructuar, en cambio; el don del amor conyugal respetando las leyes del proceso generador significa reconocerse, no árbitros de las fuentes de la vida humana, sino más bien administradores del plan establecido por el Creador. En efecto, al igual que el hombre no tiene un dominio ilimitado sobre el cuerpo en general, del mismo modo tampoco lo tiene, con más razón, sobre las facultades generadoras en cuanto tales, en virtud de su ordenación intrínseca a originar la vida, de la que Dios es principio» (n. 13).

  1. Los métodos naturales.

Dice Juan Pablo II: «La enseñanza de los métodos naturales es sumamente vital para el bienestar humano y cristiano de tantas parejas… La Iglesia no asegura que la paternidad responsable sea fácil, pero la gracia del sacramento del matrimonio proporciona a los cónyuges una apertura a la vida que es verdaderamente un espléndido don de la bondad divina. También les ayuda a su profunda comunicación conyugal y les estrecha en su unión, con una proximidad que perdura a través de sus vidas.» (8-VI-84).

  1. Ilicitud de los medios anticonceptivos.

Estos medios son ilícitos gravemente. Hay que contar entre ellos el onanismo, el preservativo, el diafragma, la píldora… Dice Pablo VI: «Hay que excluir igualmente, como el magisterio de la Iglesia ha declarado muchas veces, la esterilización directa, perpetua o temporal, tanto del hombre como de la mujer; queda, además, excluida toda acción que, o en previsión de acto conyugal o en su realización o en el desarrollo de sus consecuencias naturales, se proponga como fin o como medio hacer imposible la procreación» (n. 14).

  1. Clarificación.

Para muchas personas, «paternidad responsable» viene a significar lo mismo que control o limitación de la natalidad, y no es así. Tampoco se trata de un natalismo a ultranza. La Iglesia nunca ha dicho que hay que traer al mundo todos los hijos biológicamente posibles. Ha hablado de generosidad, es decir, que la paternidad responsable es una paternidad que no puede prescindir, como toda tarea valiosa, del sacrificio. Por esto algunos atacan la familia numerosa, olvidan que la responsabilidad no es sinónimo de limitación de natalidad. Un matrimonio que conscientemente y con generosidad tiene seis hijos es responsable y, en cambio, quién por miedo a las dificultades ordinarias de la vida, comodidad o egoísmo, sólo tiene un hijo, es irresponsable al no asumir el compromiso que comporta el amor a la vida. Continúa siendo verdad que un hijo es una bendición y no una carga.

  1. Sí a la continencia periódica.

Dice Pablo VI en la «Humanae vitae»: «Si para espaciar los nacimientos existen serios motivos, derivados de las condiciones físicas o psicológicas de los cónyuges o de circunstancias exteriores, la Iglesia enseña que entonces es lícito tener en cuenta los ritmos naturales inmanentes a las funciones generadoras para usar del matrimonio sólo en los períodos infecundos y así regular la natalidad sin ofender los principios morales que acabamos de recordar.» (n. 16).

Digamos que los métodos naturales responden a la naturaleza del acto conyugal sin extorsiones. Y que son más seguros que cualquiera de los métodos anticonceptivos. Los métodos naturales, perfectamente lícitos, son varios.

Digamos que en Polonia todos los que se casan por la Iglesia, ellos y ellas, han de estar preparados sabiendo bien los métodos naturales. Ya en 1978 decía el episcopado polaco: «La Iglesia, como madre solícita, enseña con cuidado a todos sus hijos que se preparen para la vida conyugal en la que se ha de asumir la procreación de una manera responsable. Como lo sabéis, en varias parroquias, centros de consulta conyugal competentes están a vuestra disposición. Por tanto, nadie puede hoy invocar la ignorancia para justificar su mala conducta». Y así en varias naciones.

La M. Teresa de Calcuta, en su visita a Madrid en mayo de 1983, en el Ateneo dijo: «El aborto es en sí mismo un mal y va claramente contra el quinto mandamiento.

Cuando una mujer aborta, no solamente mata a su hijo, sino también su conciencia… Si Dios nos ha dado métodos naturales, ¿por qué no utilizarlos? … Estos métodos permiten tener unidas las familias y pueden tener un hijo cuando lo desean. No destruimos nada, no matamos.»

En julio de 1980 se celebró en Guatemala e l«Concurso para las familias de las Américas». Hubo delegados de todos los continentes. La M. Teresa de Calcuta, en su discurso inaugural dijo: «Hoy nos hemos reunido aquí y vamos a pasar los próximos días juntos. Aprenderemos acerca de un don que Dios da al hombre y a la mujer, de hacer que Dios entre en sus vidas, por así decirlo. Vamos a aprender cómo controlarnos los unos a los otros, cómo controlarnos por el amor que nos tenemos y vamos a aprender este método natural, con el que no pecaremos, para planificar nuestro hogar, nuestra familia. Estamos enseñando a los pordioseros la planificación natural de la familia. ¡Os sorprendería ver lo que pueden hacer esas buenas gentes! ¡Han venido a nuestra casa a darnos las gracias! Me dicen todos: -Hemos venido a darte las gracias por permitirnos planificar nuestra familia sin pecar -. Entre esta gente hay cristianos y no cristianos. Tan desfigurados como están, los leprosos, los lisiados y los enfermos me dicen todos: -Vosotras, que habéis hecho voto de castidad, sois las mejores maestras de la planificación de la familia-. Me sorprendió oírlos decir esto. Explicaron que la planificación natural de la familia con métodos sencillos no es más que autodominio, por el amor que se tienen el uno por el otro. Todos estos cientos de enfermos leprosos entienden que el amor los puede ayudar a planificar sus familias sin pecar. Recuerdo haberles oído decir: -Hemos venido a darte las gracias, porque desde que practicamos este método natural nuestra familia ha permanecido unida. Nuestra familia está sana y podemos tener un hijo cuando queramos.»

  1. Matrimonio y felicidad.

El verdadero camino para que el matrimonio, con su unión conyugal y paternidad responsable, alcance su objetivo, es su moralidad. Los métodos naturales, fáciles, seguros, equilibrados, relanzan continuamente el amor de los esposos, el autodominio de los mismos y la seguridad de la paz para sus conciencias. Propagar los métodos naturales para los matrimonios es proporcionar el camino de la paz familiar, bajo todos sus aspectos. Los métodos naturales reconocidos son los siguientes: método del calendario rítmico (Ogino-Knaus), el método de la temperatura (sinto-térmico) y el método de la ovulación (moco cervical), cuyo promotor es el Dr. Billings. Como se comprenderá, aquí no podemos especificar las características de cada uno de estos métodos, pero en los libros que hemos indicado están muy bien desarrollados y al alcance intelectual de todos. La práctica de los tres métodos es muy sencilla de realizar.

«SI HUBIERAS PODIDO HACER A TU MADRE, ¿COMO LA HUBIERAS HECHO? PUES IMAGINA COMO DIOS HARIA LA SUYA». Para corresponder y para merecer la ayuda de la Virgen María, no olvides de rezar cada mañana y cada noche las TRES AVEMARIAS.